La cueva de Alí Babá ocupa BCN

03.05.2012 | 10:56
 

Entorno del Hotel Arts de Barcelona donde se observa el dispositivo policial con motivo de la reunión del Banco Central Europeo (foto: Federico Llosa Marsé).

El Banco Central Europeo (BCE) es el banco central de la moneda única europea, el euro, y constituye el principal eje del eurosistema. El BCE es parte integrante del Sistema Europeo de Bancos Centrales y está sometido a las disposiciones del Tratado de Funcionamiento de la Unión y a sus propios estatutos. Esta entidad es uno de los órganos más importantes de la Unión Europea (UE) y tiene su central en Frankfurt, Alemania.

La función principal del BCE es mantener el poder adquisitivo de la moneda única y, de este modo, la estabilidad de precios en la zona euro que comprende los 17 países de la UE que han adoptado el euro desde 1999. El BCE controla la oferta monetaria y la evolución de los precios.

El Consejo de Gobierno es la máxima instancia decisoria del BCE. Está formado por los seis miembros del Comité Ejecutivo y los gobernadores de los 17 bancos centrales de la zona euro. Lo preside el presidente del BCE. Su misión primaria es definir la política monetaria de la zona euro y, en especial, fijar los tipos de interés al que los bancos comerciales pueden obtener dinero del banco central (fuente: Wikipedia).

Periódicamente -dos veces al año- éste órgano de gobierno del BCE celebra su reunión mensual fuera de su sede central, en alguno de los países miembros. Esta vez le ha tocado a España, concretamente a la ciudad de Barcelona, precisamente en unos momentos en que nuestro país está en el nuevo gran foco de ataque de los mercados de capitales: una tasa de paro del 24% y un 6% de interés que reclaman los inversores por los bonos españoles indican lo difícil de la situación que atravesamos.

Para la ocasión, se han tomado medidas excepcionales: suspensión del Tratado de Schengen –con expulsiones y detenciones en frontera-, 8.000 policías velan por la seguridad, e, incluso, muy discutidas prisiones preventivas con el objetivo de amedrentar a posibles alborotadores. Desde aquí me vuelvo a unir a la solicitud de libertad para Ismael, Daniel, Javier y Laura. Esta reunión de Barcelona ha sido replicada por los movimientos de indignados ó 15M con caceroladas y una suerte de sesiones informativas sobre el papel del órgano europeo en esta interminable crisis.

No ayuda el hecho de que el economista italiano Mario Draghi, actual presidente del BCE desde el 1 de noviembre de 2011, fuera entre enero de 2002 y enero de 2006, vicepresidente, por Europa, con cargo operativo, de Goldman Sachs, uno de los grupos de banca de inversión y valores más importantes del mundo al que muchos sitúan en el origen de la crisis mundial e, incluso, en considerarlo un verdadero gobierno mundial en la sombra.

Tampoco ayuda que uno de los anfitriones, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, lo sea desde 8 de marzo de 2006. Durante su mandato ha tenido lugar la mayor crisis financiera de las últimas décadas en España, que agravó los efectos de la crisis económica financiera internacional. Como sabemos, el sistema financiero español se vio afectado de forma especial debido a la concentración de riesgos de bancos, pero especialmente de las cajas, en el sector inmobiliario. Además, el hálito de misterio y opacidad que se atribuye a su gestión -por ejemplo, no desveló su sueldo sino después de muchísimas presiones políticas- no va en la línea de la necesaria confianza que exigen los ciudadanos a sus representantes y cargos públicos.

Otro elemento que ha puesto en cuestión la reunión de Barcelona del BCE es el coste de la misma. ¿Se sabrá exactamente, alguna vez, cuánto han supuesto a las arcas públicas tanta seguridad, reuniones protocolarias, estancias, transportes, etc.? Los vecinos debemos saber si este tipo de reuniones merecen la pena, teniendo en cuenta su costo para la ciudad y los perjuicios que ocasionan; sobre todo, sabiendo que se sufraga con fondos que proporcionamos entre todos (públicos) y el grave momento económico que atravesamos.

Un panorama nada alentador que hace crecer la desconfianza sobre las instituciones de gobierno y que algunos ya ven como auténticas cuevas de Alí Babá a las que sólo acceden oportunistas, privilegiados, miembros de la casta política o próximos a ella; en definitiva, una élite amparada desde el poder económico creada a costa de la inmensa mayoría de la población.

Legítimamente muchos llevamos haciéndonos estas preguntas desde hace tiempo: ¿pueden hacernos salir del problema aquellos que, por activa o por pasiva, son responsables del mismo? ¿Es ético que se socialicen las perdidas mientras los beneficios siempre han ido -y aún van- a unas cuantas manos? En definitiva, ¿tiene razones la población para estar indignada? Mientras no se den respuestas adecuadas a todas estas cuestiones; por favor, se lo pediría, no organicen más reuniones como éstas, al menos, en BCN. Los barceloneses no las queremos.

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