Opinión

La Europa todavía posible

‘Tenemos una Europa de mínimos. El voto a la unanimidad, que hasta hace poco ha prevalecido en muchos temas y que después del Tratado de Lisboa sigue aún vigente en algunos, nos lleva a una Europa de mínimos. Si todos o casi todos los países tienen que ponerse de acuerdo en sus decisiones, la marcha será siempre con el freno puesto. La decisión dependerá siempre del país menos pro europeo. Es como si tuviéramos un coche con un motor de dos marchas solamente, que serían la primera y la marcha atrás. El motor de la Unión Europea siempre que ha avanzado, lo ha tenido que hacer en primera, parando, naturalmente, de vez en cuando, porque el motor se calentaba’.

Félix de la Fuente
Miércoles, 9 de mayo de 2012 | 11:03

Hoy, día 9 de mayo, celebramos en todos los países de la Unión Europea el Día de Europa en recuerdo a Robert Schuman, este luxemburgués que pasó a ser alemán y terminó siendo ministro de Asuntos Exteriores francés –es decir un auténtico europeo- y que el 9 de mayo de 1950 pronunció en París aquella famosa declaración que constituiría el inicio de la unificación europea.

En España serán muchos los que ni siquiera llegarán a enterarse de la fiesta del día de hoy. La verdad es que actualmente no hay mucho que celebrar, pues aunque, últimamente, se hable casi todos los días del Banco Central Europeo o de la Comisión Europea, sin embargo la idea de Europa está, por desgracia, muy en baja.

No es mi intención referirme en este momento a las elecciones de Francia o de Grecia, pues no creo que estos hechos vayan a influir positiva o negativamente ni en la marcha de la integración europea, ni en la idea que tengamos de Europa. Las causas de la situación en que se encuentra hoy Europa son mucho más profundas y vienen de mucho más lejos. Tampoco voy a hablar de la corrupción en las instituciones europeas, aunque por lo que personalmente he vivido y sufrido podría llenar muchos volúmenes. Ni voy a detenerme tampoco en exponer los enormes logros, tanto económicos como políticos, que ha supuesto para todos los países europeos, y especialmente para España, la pertenencia a la Unión Europea, pues son evidentes.

Quiero, más bien, lanzar un mensaje de optimismo, un mensaje que en este caso es también de realismo. La Unión Europea no sólo es posible, sino que es absolutamente imprescindible. Ningún Estado europeo por sí solo, ni siquiera Alemania, puede enfrentarse con ciertas garantías de éxito frente a los retos que presentan China y los demás países emergentes. Queramos o no, no nos queda otro camino. Si Europa quiere sobrevivir, no nos queda otra alternativa. Ir contra la marcha de la historia suele resultar bastante caro.

Hace ya doce años se lanzaba a bombo y platillo un ambicioso plan europeo que debería colocar a Europa en la vanguardia de la investigación y del desarrollo, el plan llamado Estrategia de Lisboa. Este plan aspiraba a convertir a la Unión Europea antes del año 2010 en la economía más dinámica y más competitiva del mundo, una meta ideal que no se parece en nada a la realidad actual. Los fondos, tanto estatales como particulares, que se deberían haber dedicado a la investigación y a la formación se enterraron en ese muro de hormigón y ladrillo que rodea nuestras costas y ciudades, y que en gran parte permanece vacío once meses al año. En lugar del pleno empleo tenemos en la Unión Europea 25 millones de parados, cinco de ellos en España, y nuestros universitarios e investigadores tienen que coger las alforjas y tomar nuevamente el camino de la emigración, sin que nadie asuma la más mínima responsabilidad, ni los políticos nacionales, ni los políticos europeos.

Es lógico que los ciudadanos no sientan ninguna simpatía por la idea de la Unión Europea. Pero ¿quién es la Unión Europea? ¿Quién dirige la Unión Europea? ¿No son acaso los propios gobernantes de los países miembros? ¿No son los mismos grandes partidos nacionales, que no son capaces de ponerse de acuerdo para salvar a sus propios países, los que están gobernando Europa a través del Consejo, de la Comisión y del Parlamento Europeo? No, los enemigos no están muy lejos, los culpables los tenemos en casa. Eslóganes como ‘la Europa de los ciudadanos’ son eso, puros eslóganes. El ciudadano no pinta nada en la Unión Europea, ni directa ni indirectamente. Directamente, pues los candidatos los imponen los partidos, sin posibilidad de que haya listas abiertas; e indirectamente, pues los europarlamentarios están muchas veces más preocupados de defender los intereses de su propio partido, es decir de aplastar al adversario más que de defender los intereses del ciudadano. Tenemos ejemplos palpables de esto. Políticos españoles que son llamados al orden por políticos extranjeros, porque están haciendo declaraciones que perjudicaban a los españoles. Europarlamentarios españoles que votan en contra de que los niños españoles puedan ser educados en su idioma materno. Creo que los españoles estamos contaminando Europa, no sólo con nuestro paro, sino también nuestra política. Y luego queremos que el ciudadano sienta interés por Europa.

¿A qué se debe esta deriva de la Unión Europea? Aunque son muchas las causas, hoy, Día de Europa, quisiera limitarme a exponer en dos rasgos únicamente, íntimamente relacionadas: el concepto que muchos de los políticos europeos tienen de Europa, por un lado, y la irresponsabilidad de las instituciones europeas en el cumplimiento de su misión, por otro.

En cuanto a la idea de Europa, la mayoría de los políticos, que, no lo olvidemos, son políticos nacionales al mismo tiempo que políticos europeos, se han negado a seguir avanzando en la construcción europea, porque esto les significaba pérdida de poder a nivel nacional. En lugar de avanzar hacia una Europa federal, hacia una auténtica Unión Europea, han decidido quedarse a mitad del camino: crear un gran mercado, que favorecería, sobre todo, a los grandes países industrializados. La idea imperialista de una Unión Europea con quinientos millones de personas, es decir la idea de un mercado de enormes magnitudes, ha prevalecido por encima de la idea de una auténtica comunidad de ciudadanos.

Tenemos una Europa de mínimos. El voto a la unanimidad, que hasta hace poco ha prevalecido en muchos temas y que después del Tratado de Lisboa sigue aún vigente en algunos, nos lleva a una Europa de mínimos. Si todos o casi todos los países tienen que ponerse de acuerdo en sus decisiones, la marcha será siempre con el freno puesto. La decisión dependerá siempre del país menos pro europeo. Es como si tuviéramos un coche con un motor de dos marchas solamente, que serían la primera y la marcha atrás. El motor de la Unión Europea siempre que ha avanzado, lo ha tenido que hacer en primera, parando, naturalmente, de vez en cuando, porque el motor se calentaba.

No, no se ha avanzado más hacia la Unión Europea por la miopía de nuestros políticos, que, además, tienen la osadía de echar normalmente la culpa a las instituciones europeas de todos sus fracasos. Lo que ocurre en España a nivel nacional, es decir unas autonomías que echan la culpa al Estado de la nación de todos sus errores, sucede también a nivel europeo.

En este miedo a perder parte de su poder los políticos nacionales han fomentado muchas veces entre los ciudadanos los más bajos sentimientos nacionalistas. ¿Cómo vamos a entregar a Bruselas la soberanía nacional? Se olvidan de que el soberano es el pueblo, como dice la Constitución española, y que al ciudadano lo que le interesa es que le gobiernen bien, no si el que le gobierna es de Madrid, de Sevilla o de París. Política y económicamente estamos intervenidos desde hace tiempo. La soberanía de los pequeños países es muy limitada.

Una Europa que se ha quedado a medio camino no ha podido enfrentarse a lo retos de la globalización. Hemos creado un gran mercado, en el que lo que ha primado ha sido la libre circulación de mercancías y la libre competencia. Y aquí empieza la responsabilidad de las instituciones europeas y de nuestros gobernantes por no haberse percatado de que en un mercado global totalmente desregularizado la Unión Europea no podía competir, y ha sido víctima, tanto de la globalización como de la banca y de las grandes empresas de la Unión Europea, que han trasladado su producción a otros países mucho más relajados en cuanto a legislación laboral y medioambiental.

Se suponía que Europa, si no podía competir en precios con estos países emergentes, al menos debería de poder competir en calidad, pero actualmente en muchos casos ni siquiera en calidad puede competir, porque se ha descuidado la investigación, no se ha invertido en nuevas tecnologías, no se ha avanzado en productividad, sobre todo en España, y los fondos destinados a la inversión se han gastado en actividades inútiles y en autopropaganda de los partidos en el poder, y aquí estamos llorando el tren que se fue.

Es posible que estemos tentados a echar la culpa de nuestra situación económica actual a los países emergentes. No, China no el chivo expiatorio de los males que aquejan a nuestra economía. No se trata sólo de la negligencia de nuestros gobernantes, tanto nacionales como europeos. Son en gran parte los recursos europeos, los que, invertidos en China y en otros países emergentes, están haciendo la competencia a las pequeñas empresas de Europa. Estos recursos son colocados en fondos de inversión de países con bajos niveles salariales, poniendo en peligro el puesto de trabajo del pequeño ahorrador europeo. Pensando en su futuro y en ampliar su pensión, el europeo coloca sus ahorros en unos fondos de inversión que están contribuyendo a destruir su presente.

En aras del dios del libre mercado se ha tolerado una falta de reglamentación absoluta que únicamente ha favorecido a la especulación, a la banca y a las grandes empresas multinacionales. Lo que no hemos hecho por convicción, quizás lo tengamos que hacer por necesidad. Cuando el agua nos llega al cuello, no nos queda otra opción que pedir auxilio. Ahora se empiezan a oír voces en este sentido, pidiendo auxilio. Hemos tenido que llegar hasta aquí para que nos convenciéramos de que no hay otro camino que una Unión Europea plena. Pero más vale tarde que nunca. El estado social europeo se nos está desmoronando. La competencia desleal ante un dumping social y ecológico está minando la producción europea que nos va a impedir poder devolver nuestras deudas.

Uno de los errores más graves que cometerían nuestros gobernantes europeos es querer parar la marcha de la historia, es querer poner barreras al viento, es traicionar el espíritu de los tratados de la Unión Europea, es decir basta al proceso de unificación de Europa, es decir hasta aquí hemos llegado y de aquí no pasamos, cuando el preámbulo del Tratado de la Unión Europea dice literalmente así: ‘Resueltos a continuar el proceso de creación de una Unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa’.

‘Una unión cada vez más estrecha’ significa que no podemos pararnos a mitad del camino, sino que se debe aspirar a la unión total, a la unión política de todos los Estados miembros de la Unión. Esta actitud de nuestros gobernantes tiene un calificativo bien definido, esta actitud se llama anticonstitucional, pues están traicionando el espíritu de los tratados de la Unión Europea, que son su constitución. Lo que en su día podría parecer una utopía de los que pusieron la primera piedra de la Unión Europea, ahora se nos presenta como una imperiosa necesidad. Se trata de algo más que de una frase preciosista y bien sonante, se trata de una cuestión de vida o muerte para Europa.

La Unión Europea, que fue la pionera en el proceso globalizador y que podría haber conducido la globalización de una forma más social y menos traumática, está en peligro de perder su modelo social, por haberse estancado en su proceso unificador. ¿Será la Unión Europea capaz de enfrentarse con unas mínimas garantías de éxito a los retos que presentan los países emergentes? ¿Está la Unión Europea en condición de competir con China, un mercado de 1.400 millones de habitantes que, además de tener unos precios más reducidos, cuenta con un único idioma comercial, una única legislación y un único sentimiento de pueblo?

La Unión Europea tiene que dar un salto cualitativo pasando de ser una simple sociedad con matices de comunidad, en lenguaje de Ferdinand Tönnies, a una auténtica unión, con una única política comercial común y una única política económica y fiscal, con un único idioma comercial común y una mayor solidaridad entre sus Estados miembros.

Estamos ante una economía que marcha guiada por un capitalismo especulativo y sin control, por el llamado turbocapitalismo, que se mueve a unas velocidades supersónicas por unas vías políticas que están todavía sin asfaltar. Mientras la economía está globalizada, la política tiene unas características y unas pautas tribales. Es competencia de las instituciones luchar contra este caos legislativo global contra la especulación. De la introducción de la tasa Tobin se viene hablando desde hace más de 15 años en la Unión Europea, sin que se haya tomada ninguna medida.

Frente a una globalización descontrolada es necesario, además de una regulación global de las relaciones económicas y financieras, que la Unión Europea se arme con una mejor formación de sus ciudadanos, una mayor investigación y unos controles más eficaces. La economía del conocimiento no debe quedar en una aspiración inalcanzable. Esta es la Europa que muchos ciudadanos europeos queremos, es decir otra Europa.

Félix de la Fuente es autor del libro Glosario jurídico-político de la Unión Europea

Temas: ,

7 Comments en “La Europa todavía posible”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.
  1. Erasmus - Miércoles, 9 de mayo de 2012 a las 11:20

    LA PRIORIDAD DE RAJOY CON CATALUÑA ES IMPULSAR EL CRECIMIENTO DEL PP CATALÁN

    ¿Pacto fiscal? ¿Derecho a decidir? ¿Transición nacional? ¿Estado propio? Esos son temas de la agenda catalana con el actual mapa político, pero no lo serán si el mapa político cambia. Por eso la prioridad del Gobierno del PP hacia Cataluña es conseguir que el PP Catalán se convierta en la primera fuerza política catalana. Es más fácil que conseguir Mas la consulta, o el pacto fiscal.

    Rajoy tratará excelentemente a Cataluña (sin darle el concierto, eso no lo hará ningún Gobierno de España), pero a diferencia de Zapatero con el PSC, Rajoy tendrá como su prioridad catalana impulsar el crecimiento del PP Catalán. Rajoy (o Soraya) harán con Camacho un seguimiento al día del PPC. Ya no se trata solo de adelantar al PSC, sino a CiU. Soraya dijo en la clausura del congreso del PP Catalán que esa fuerza tiene “vocación de convertirse en la fuerza mayoritaria en Cataluña”. El Gobierno se volcará en alcanzar ese objetivo.

    El factor ‘poder estatal’ será el decisivo en el crecimiento del PP Catalán, que así se beneficiará de formar parte de la fuerza que gobierna España apoyada en 11 millones de votos, frente a 7 millones de la 2ª fuerza. Con esa distancia el PP espera gobernar 4 legislaturas con mayoría absoluta. Los conservadores franceses pueden remontar, quizá, su derrota por 4 puntos del pasado domingo en una legislatura, pero los socialdemócrata españoles no pueden hacer lo mismo con una derrota por 16 puntos. El PSC no supo beneficiarse de formar parte de una fuerza estatal gobernante en España, pues se incapacitó para ello avergonzándose de esa pertenencia. No será el caso del PP Catalán, que busca crecer apoyado por el PP y el Gobierno.

    El PPC de Camacho ya ha superado el listón de los 17 diputados autonómicos que logró Vidal Quadras en 1995, al lograr Camacho 18 en 2010. La lideresa lo considera una buena base de partida. El PP Catalán es la fuerza que más crece en Cataluña. Lo muestran los resultados de las tres últimas elecciones habidas aquí, autonómicas (2010), municipales (2011) y generales (2011). En las generales el electorado catalán se dividió ‘grosso modo’ en 3 tercios, 1/3 CiU, 1/3 PSC, 1/3 PPC. En las barcelonesas (municipales), donde se juega el control del ‘2º Ejecutivo de Cataluña’, el Ayuntamiento de Barcelona, los resultados en concejales en 2011 fueron (total 41): CiU 14, PSC 11, PPC 9, ICV 5, ERC 2.

    La radicalización soberanista de CiU ha dejado al PP Catalán como única fuerza moderada de centroderecha en Cataluña. El PPC ha perdido la imagen de partido ‘anti catalán’ que tuvo un tiempo creada por la propaganda nacionalista y aparece como la opción de centroderecha no nacionalista (constitucionalista) que necesita Cataluña para frenar al independentismo. Ante una eventual consulta independentista en Cataluña (si fuera posible) sería la fuerza que lideraría el ‘no’ y representaría primordialmente a la Cataluña que quiere seguir siendo española. El PP Catalán se ha propuesto como objetivo a corto plazo adelantar al PSC, pasando así de ser la 3ª fuerza catalana a la 2ª. Usa el recurso movilizador de citar con nombre y apellido al rival que se propone desbancar, que le ha descalificado pidiendo a CiU que ‘rompa con el PP’ por ser un socio indigno. Ahora el PP Catalán le desafía abiertamente. Adelantando al PSC, el PP Catalán estará más cerca de alcanzar a CiU. No se pone límites, se los pondrán los electores.

    “ERASMUS”

    (07/05/2012)

  2. Pablito - Miércoles, 9 de mayo de 2012 a las 14:17

    Que bonito seria Sr: de la Fuente tener el obtimismo y fe en Europa como Ud.

  3. Kim - Miércoles, 9 de mayo de 2012 a las 16:19

    Estamos en una crisis europea porque Europa aún no ha encontrado su lugar en este mundo globalizado ya.
    Hemos de hacer, a la vez que una devaluación interna, diferente para cada espacio socioeconómico, una devaluación del euro debidamente sintonizada, poco después de que se hayan marcado dichos espacios.
    La Unión Europea no tiene carácter nacional, por ello la solidaridad está limitada y la igualdad de sus ciudadanos no es un principio constituyente. El modelo de bienestar de Europa es de geometría y velocidad variable, aunque con unos mínimos.
    La cuestión, a nivel español, es si queremos y podemos tener un Estado de Bienestar español también de geometría y velocidad variable. Todo apunta a que vamos hacia ello.

  4. Olegario Ortega - Miércoles, 9 de mayo de 2012 a las 17:44

    Magnífico artículo. La solución está en más Europa, más deprisa y con más participación democrática. Dolorosamente estamos muy en precario, especialmente en líderes con generosidad intelectual y con amplitud de horizontes.

  5. Ciudadano Sinmitos - Jueves, 10 de mayo de 2012 a las 00:47

    Este artículo deberían leerlo y meditarlo todos nuestros políticos. O racionalizamos la organización política, comenzando por Europa, pasando por el Estado, las Autonomías y acabando por los Municipios, o no saldremos de la crisis. Con 23 lenguas oficiales, y unas cuantas más (entre ellas el catalán) que aspiran a serlo, y una parte importante del presupuesto dedicado a traducciones, esta Babel-Europa no es competitiva. Me apunto a la lista de ciudadanos que quieren esa otra Europa que propone el autor.

  6. Romualdo - Jueves, 10 de mayo de 2012 a las 10:45

    Todo lo que dice este señor es totalmente cierto y muy bien explicado. El problema es que el espíritu de los fundadores se ha reconvertido. Aquellos políticos tenían unos objetivos grandes y se veían obligados a dar pasos cortos pues sabían que sólo los podían conseguir a medio y largo plazo.

    Nuestros políticos de hoy, que lo tienen bien para cumplir los objetivos de los fundadores prefieren objetivos inmediatos. No creen en Europa más allá de un “mercado” y de un “fondo” de donde sacar para el país respectivo. Ellos lo llaman “defender los intereses de la nación respectiva en Europa.

    La prueba es que los políticos de primera fila están en la política nacional de cualquier país. A Europa se lleva a los “quemados en la política nacional”.

    Y la única Europa posible, y precisamente por necesidad como dice el señor de la Fuente,es la unida políticamente, con instituciones fuertes, mucho más fuertes que los estados y si es necesario centralista. Cediendo toda la soberanía que sea necesaria para que funcione, inculcando a los ciudadanos el sentido de pertenencia por encima del sentimiento nacional, estableciendo el DNI europeo, integrando ejércitos, policías, tribunales y Administración Pública. Combatiendo a muerte el cáncer que supone la corrupción. Poniéndose los políticos por encima de los hombres de negocios, financieros y multinacionales.

    En fin la única Europa posible, por necesidad, por supervivencia física, económica, y de un modelo de estado y derechos sociales a seguir en todo el mundo.

    Pero muchos van, como dice el autor, con el freno echado. Para muchos el progreso es el nacionalismo y no cederán nada a nadie. Ni a su propio Estado ni a la Europa de los Pueblos que es una baza para impedir que Europa avance. Es decir propongo una Europa imposible y así nos quedamos donde estamos.Y para otros, su nacionalismo de Estado consolidado al estilo Alemania, Polonia o cualquier otro, les impedirá igualmente ceder nada a Europa.

    La Europa de los Estados debe prevalecer pero para unirse políticamente, debe tener en cuenta los intereses de todos los ciudadanos por encima de los de los del propio país. Porque no hay elección: o nos salvamos juntos o nos hundimos también juntos. Llegados donde hemos llegado no podemos volver a los estados nacionales ni tampoco quedarnos en la Europa actual. Se impone la unión política: Vaya contra los intereses de quien vaya.

  7. Grave - Viernes, 11 de mayo de 2012 a las 19:59

    Fantástica redacción para explicar una realidad muy compleja. Las dos velocidades, primera y marcha atrás, es ciertamente intuitiva. Pero lo que más me ha gustado de este artículo es la frase que dice “Mientras la economía está globalizada, la política tiene unas características y unas pautas tribales.” Totalmente de acuerdo. La política que se ejerce, al menos en este país, tiene pautas tribales.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.