Opinión

Sobre las creencias falsas en el aula

‘En la plaza pública conviven tanto ideas verdaderas como falsas, y pienso que la tarea del profesor ha de consistir en proveer a los alumnos del instrumental conceptual y argumentativo para que sepan defenderse por sí mismos del desorden y caos de ideas al que están expuestos desde su nacimiento’.

Roger Corcho
Jueves, 17 de mayo de 2012 | 11:19

No se puede confundir tolerancia con ausencia de crítica. En un aula circulan innumerables ideas, algunas falsas y otras verdaderas. Sobre las creencias verdaderas no hay discusión: son buenas, beneficiosas, y constituyen el sendero para el progreso humano. ¿Pero qué hay que hacer con las creencias falsas? ¿Cómo hay que gestionarlas?

Si se define la escuela como un templo de la verdad -de la misma manera que se construyen templos dedicados a quimeras perjudiciales– , en ese caso los profesores deberían actuar como filtros que acorralaran y dejaran a la intemperie las creencias falsas. Esta solución no es, sin embargo, tan sencilla de aplicar.

Uno de los pilares de la democracia es la libertad de expresión. John Stuart Mill defendió este derecho en su libro Sobre la libertad, donde se puede encontrar este fragmento clásico:

‘Si toda la humanidad, menos una persona, fuera de una misma opinión y esta persona fuera de opinión contraria, la humanidad sería tan injusta impidiendo que hablase como ella misma lo sería si teniendo poder bastante impidiera que hablara la humanidad’.

El único límite al ejercicio de la libertad de expresión se encuentra según Mill en la difamación y en la agresión gratuita. Aunque este límite entraña problemas, la idea fundamental está clara: se puede afirmar lo que se quiera, pero sin perjudicar injustificadamente a los demás. La libertad de expresar cualquier idea, ya sea esta verdadera o falsa, es uno de los pilares de la democracia, y uno de los principios que debe regir en cualquier institución democrática.

Mill añadió una interesante continuación a su reflexión, explicando lo que ocurre cuando se prohíbe o censura una idea. Según afirma, las consecuencias son siempre negativas:

‘Si la opinión es verdadera se les priva de la oportunidad de cambiar el error por la verdad; y si es errónea, pierden lo que es un beneficio no menos importante: la más clara percepción y la impresión más viva de la verdad, producida por su colisión con el error’.

Prohibir creencias supone siempre una pérdida: si es verdadera por razones obvias, y si es falsa, porque su manifestación ayuda a que las creencias verdaderas brillen con más intensidad. Mill no identifica libertad de expresión con la tolerancia con las ideas falsas, sino con el conflicto y la ‘colisión’, es decir, con el ejercicio de la crítica.

¿De qué creencias estamos hablando al referirnos a creencias falsas? Sirva este ejemplo: es frecuente que se critique a las empresas farmacéuticas a la vez que se alaba los productos naturales u homeopáticos. Como ramificaciones que se extienden hasta el infinito, encontramos seguidamente a los que rechazan los pesticidas, las vacunas o los transgénicos, y por no faltar, hay incluso los que sienten pánico ante el wifi. Se trata de una oposición global y visceral hacia la ciencia y sus productos, basada en la opinión de que las industrias (sobre todo farmacéuticas) acumulan un gran poder y tienen unos intereses mercantiles incompatibles con el respeto a la vida en general y a la vida humana en particular. Sería absurdo negar que las empresas tienen intereses y que esperan obtener beneficios de sus inversiones. ¿Y quién no? El cinismo se encuentra en creer que los intereses son lo único que hay y que todo se mueve por el interés (tesis que además se puede adornar recurriendo a autoridades académicas como Michel Foucault). Según esta forma de relativismo, los intereses y las luchas de poder agotan la explicación de la realidad.

Sin embargo, los intereses acaban allí donde empiezan los hechos, y la ciencia tiene el método para ampliar el número de hechos y ponerlos a disposición del progreso humano. Se dirá que hay fraudes y errores también en la ciencia, pero las aduanas y controles que constituyen el método científico convierten esta actividad en la fiscalización más precisa de las creencias de que disponemos hasta la fecha, ya sea al contrastar las hipótesis con la realidad, o bien por el ejercicio de transparencia que obliga a que los experimentos sean reproducibles en otros laboratorios. La industria farmacéutica y de los transgénicos se asienta sobre esta maquinaria de la verdad construida por el ser humano y concebida para mitigar el dolor y el sufrimiento, y que tiene la pretensión de robarle tanto terreno a la muerte como sea posible.

Las creencias falsas constituyen un océano en el que nadan algunos peces que constituyen los hechos. Y la ciencia proporciona los mejores instrumentos para su pesca. Richard Dawinks resume muy bien este espíritu cuando aconseja a su hija:

‘Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle: “¿Qué pruebas existen de ello?”. Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan’.

¿Supone ser intolerante defender las creencias verdaderas y atacar las creencias falsas y perjudiciales? ¿La renuncia a la reflexión es el sacrificio que hay que hacer en beneficio de la tolerancia y en definitiva de la democracia? Es más, ¿en el aula se puede exponer cualquier idea? ¿Toda idea es defendible? ¿Tienen que recibir las creencias verdaderas y las falsas el mismo tratamiento desde la imparcialidad?

No todas las creencias merecen el mismo trato. Hay que jerarquizarlas, sopesarlas y clasificarlas, y al señalar las falsas hay que aportar razones. Cuando la tolerancia consiste en abrazar el relativismo, estamos debilitando nuestra democracia, erosionamos la convivencia y dinamitamos el progreso. Someter a escrutinio las ideas, creencias e hipótesis que manejamos en nuestra vida cotidiana es una obligación moral, un imperativo como ciudadanos. Y por la posición que ocupan maestros y profesores, esta actitud tendría que constituir la esencia de su ejercicio laboral. “¿Y en qué me baso para creer esto?”, tendría que ser una máxima aplicada a todas las creencias (desde el pacifismo hasta el cambio climático, por citar algunas de las más comunes y aceptadas). Agarrarse a una ideología constituye en realidad el naufragio del pensamiento.

Hay que exigir la tolerancia respecto a la expresión de las ideas sin renunciar al combate de las ideas erróneas (renuncia que se expresa por ejemplo cuando un profesor respeta la opción de los padres que deciden no vacunar a sus hijos, sin tener en cuenta que se expone a estos niños y a sus compañeros a enfermedades que pueden ser mortales). Tengo la convicción de que las creencias falsas son un lastre para el progreso humano. Mientras que las creencias falsas jamás han permitido que vuelen aviones, las creencias verdaderas nos han llevado a la Luna. En las creencias verdaderas se encuentra el triunfo sobre la enfermedad y sobre los desmanes y limitaciones de la naturaleza; en las erróneas, solo encontramos pobreza y muerte. La historia humana ha sido un progresivo y constante arrinconamiento de las ideas erróneas.

En la plaza pública conviven tanto ideas verdaderas como falsas, y pienso que la tarea del profesor ha de consistir en proveer a los alumnos del instrumental conceptual y argumentativo para que sepan defenderse por sí mismos del desorden y caos de ideas al que están expuestos desde su nacimiento. Digo la tarea del profesor, pero pienso más concretamente en la tarea del profesor de filosofía, en donde con mayor claridad recae la responsabilidad de enseñar a pensar a los alumnos, y de proporcionarles las herramientas para que piensen de forma crítica y responsable (lo que implica, entre otras cosas, que no se les aplauda cuando deciden incendiar las calles para reclamar calefacción). En la tarea de dar las herramientas para combatir las creencias falsas se justifica la existencia de una asignatura como esta en el bachillerato.

¿La filosofía es la homeopatía del pensamiento? Así lo afirma el siempre estimulante periodista Cristian Campos en su blog El Pandemonium. Campos denuncia la irrelevancia, incluso el efecto placebo, de creer que se está pensando donde no hay más que malabarismos en el aire. Si renunciamos al pensamiento crítico, y si rechazamos proporcionar a los alumnos las herramientas para combatir creencias falsas en aras de una tolerancia mal entendida, estamos convirtiendo el aula en una farsa y un simulacro en el que en realidad abandonamos a los alumnos a su infantilismo (que se expresa a menudo odiando lo que les rodea y queriendo destruir y llevarse por delante todo lo que encuentren a su paso). Si queremos una sociedad formada por ciudadanos adultos que contribuyan a incrementar el bienestar de todos, el instrumento de la crítica es indispensable.

Roger Corcho es colaborador de Tercera Cultura

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11 Comments en “Sobre las creencias falsas en el aula”

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  1. Erasmus - Jueves, 17 de mayo de 2012 a las 11:44

    CIUDADANOS Y UPD DEBEN REPARTIRSE LAS CONVOCATORIAS, NO LOS VOTOS, EN CATALUÑA

    UPyD y Ciudadanos representan en España la misma idea, aunque sean dos organizaciones diferentes. Hoy UPyD está presente en toda España, mientras que Ciudadanos se ha consolidado como fuerza parlamentaria en Cataluña, donde comparte espacio político con una UPyD de presencia bastante desvaída. UPyD y Ciudadanos ocupan el mismo espacio político, esto es, el espacio del liberalismo progresista. Son liberal-progresistas frente los liberal-conservadores del PP. Son progresistas no socialistas, frente a los socialdemócratas del PSOE.

    El liberalismo progresista se remonta a Stuart Mill, que expresó su posición política diciendo que era, “liberal de cabeza y socialista de corazón”.

    No vale la distinción que hace Rosa de que UPyD es nacional y Ciudadanos regional. Ciudadanos también se plantea como fuerza nacional, no tiene espíritu de fuerza regional. Su dimensión regional actual no es buscada. Es porque no ha logrado expandirse fuera de Cataluña. A Ciudadanos le cuesta expandirse fuera de Cataluña porque existe UPyD. Pero también a UPyD le resulta difícil implantarse en Cataluña porque existe Ciudadanos. Hay que respetar la postura de Rosa de no querer la fusión, ni tampoco una alianza electoral de ambas fuerzas porque perdería el control de su imagen. Pero los que se identifican en Cataluña con la idea que representan ambas fuerzas deben lograr que no haya una guerra entre ellas.

    Si esas dos fuerzas no quieren comparecer juntas, ni hacerse la guerra, en Cataluña, solo les queda un camino, o solución, que es repartirse las convocatorias. Que en Cataluña UPyD no se presente en las elecciones autonómicas y que Ciudadanos no se presente en las elecciones generales. Creo que esa solución aseguraría una presencia liberal-progresista catalana tanto en el Parlamento autonómico como en el Congreso.

    “ERASMUS”

    (17/05/2012)

  2. Alejandro - Jueves, 17 de mayo de 2012 a las 11:55

    Lo que debiera hacer Richard Dawkins es aplicarse él mismo lo que tan pomposamente le aconseja a su hija. ¿Qué pruebas auténticas existen de la evolución de una especie a otra? NInguna. ¿Cuántas formas transitorias se han encontrado? Ninguna. Debido a eso yo no me creo una sola palabra de lo que usted me dice.

  3. Sedanolloc - Jueves, 17 de mayo de 2012 a las 13:10

    Alejandro, infórmate un poco sobre el método científico, y sobre la diferencia entre una teoría científica y un dogma de fe. Gracias a la ciencia, hoy puedes expresar tu escepticismo por Internet, por ejemplo. Los dogmas de fe, en cambio, no han ofrecido nunca un solo resultado tangible.

  4. Alejandro - Jueves, 17 de mayo de 2012 a las 13:38

    A Sedanolloc:

    Conozco muy bien el método científico. Soy ingeniero y profesor titula de una universidad. Por lo tanto, no me venga con “collonades”. Además, ¿quien ha hablado de fe o de religión? Yo no, ha sido usted. Los problemas de la teoría de la evolución son científicos, no religiosos. Le podría citar algunos: desde el 2º principio de la termodinámica hasta cuestiones probabilísticas.
    Lo vuelvo a decir: NO HAY una sola prueba concluyente de que la teoría de la evolución sea cierta. No la hay.
    Usted, sin conocerme, se ha atrevido a aconsejarme que me informara. Hace muchos años que empecé a hacerlo y hoy a mis 60 años, puedo decir que sé algo al respecto. Le agradeceré

  5. Alejandro - Jueves, 17 de mayo de 2012 a las 13:38

    que haga usted lo mismo.
    Saludos.

  6. jam, bcn - Jueves, 17 de mayo de 2012 a las 18:28

    También hay quien asegura que Cristo y el Che son lo mismo… en la categoría de dislates es difícil establecer un ranking.

    Estando básicamente de acuerdo con el articulista, recojo la afirmación “Agarrarse a una ideología constituye en realidad el naufragio del pensamiento.”. Razonando, pues, “los profesores suelen tener una ideología muy concreta”, consecuencia “los profesores suelen tener pensamiento náufrago”. Mi afirmación “los profesores suelen tener una ideología muy concreta” puede verse en el slogan principal de toda manifestación de profesores desde hace 30 años: “por una escuela publica y de calidad”. Jamás he oído a un solo profesor manifestante quejarse de la pérdida de autoridad de los maestros, ni de ninguna otra cosa distinta de la falta de recursos. ¿Falta de recursos? ¿Después de habernos gastado un pastón en, por ejemplo, pizarras electrónicas? ¡Hay que ser cínico!

  7. scolanus - Viernes, 18 de mayo de 2012 a las 00:05

    caray ,avui esteu filosofics,esteu buscan les vostres arrels ? aixo es bo a lo millor teniu sospresas i us surt el sentiment Catala i us torneu INDEPES seria una bona alegria ,salutacions i continueu amb el soc o no soc .

  8. Romualdo - Viernes, 18 de mayo de 2012 a las 10:20

    De todos modos yo creo que hay debates cerrados que a los alumnos se les deben dejar claros. Naturalmente que se les deben dar instrumentos para que lo comprueben pero hoy no es de recibo que cada generación plantee de nuevo el racismo, el fundamentalismo religioso, el machismo, el fascismo o cualquier otro planteamiento superado por un debáte de décadas o siglos.

    Se pierde mucha energía y talento y lo peor de todo un líder o un profesor maquiavélico puede presentar como “nuevos” debates ya superados y conducir, como de hecho se hace a los pueblos y las sociedades al desastre.

    Los debates a tratar son cómo superar la guerra, el hambre, hacer el plaenta sostenible, que se respeten los derechos humanos y sociales en el mundo… Ahí es dónde el alumno tiene que debatir con herramientas y encontrar las soluciones.

    Lo otro, aparte de una pérdida de tiempo es un peligro, el peligro de malformar mentes y pseudocientíficos ideológicos. Pruebas sobran.

  9. Lola - Viernes, 18 de mayo de 2012 a las 15:14

    “Enseñar a pensar”, esa es la auténtica tarea del profesor. Cualquier idea puede ser debatida para buscar la verdad desde la honestidad intelectual. Eso es precisamente lo que ha de transmitir el profesor la honestidad intelectual y las formas de buscar “la verdad”. En una sociedad tan manipulada desde los medios de comunicacion y tan carente de valores éticos, la escuela ha de ser un “oasis” de rigor intelectual y moral. ¿Estan los profesores preparados para ello ? Mucho me temo que no. La responsabilidad del Profesor ante la situación actual de crísis de valores es enorme porque necesariamente ha de ir contra corriente.

  10. Un pardillo - Viernes, 18 de mayo de 2012 a las 18:53

    ¿Cuántas personas en la sociedad actual son capaces de razonar y pensar sobre temas sociales, políticos, religiosos………e, incluso científicos, aislándolos de la contaminación sentimental que implícita o explícitamente acompaña a tales pensamientos?

  11. jumocre - Jueves, 24 de mayo de 2012 a las 21:12

    La critica a la ciencia es antigua y ahora creciente. Historicamente la izquierda habia sido siempre el baluarte del racionalismo y depositaria de la filosofia de la Ilustracion. La derecha mientras tanto defendia tradiciones,misterios y milagrerias. Ahora han cambiado las tornas. La izquierda se nutre basicamente de intelectuales que nnunca incluyen a cientificos. Para muchos un cientifico no es un intelectual y en cambio cualquier pintamonas, artista bueno o malo, novelista de tres al cuarto se considera un intelectual y no lo es en cambio ni un fisico ni un matematico.
    Cuando se prefiene la medicina natural y se condena a las farmaceuticas el profesor deberia que tolera tal cosa debe admitir que ante una emfermedad no se tomen antibioticos que seguro que proceden de una empresa farmaceutica.

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