Peaje en el centro, sí

21.05.2012 | 10:50
 

Se denomina peaje al pago que se efectúa como derecho para poder circular por un camino. En la antigüedad, se llamaba portazgo a la suma que debía pagarse para cruzar cierto límite (puerta) entre dos zonas territoriales. En términos más generales se asocia el concepto de peaje a la tasa o tarifa que se cobra a un medio de transporte terrestre, fluvial o marítimo como derecho de tránsito para utilizar la infraestructura de la respectiva vía de comunicación; por ejemplo a los automóviles para poder circular por una autopista, o a los barcos para poder atravesar por un canal de navegación o una hidrovía. En la mayoría de los casos la vía o ruta marítima sujeta a peaje permite a los usuarios ahorrar tiempo de viaje y reducir sus costos de operación, con respecto al tránsito por vías o rutas alternas libres de peaje. El dinero recaudado a través de un peaje se destina normalmente a financiar la construcción, operación y mantenimiento de infraestructuras viarias (carreteras, túneles, canales de navegación o puentes), (fuente: Wikipedia).

Autocar turístico, en el centro de Barcelona (foto: Federico Llosa Marsé).

Entre los diferentes tipos de peaje, encontramos el peaje urbano de congestión: tasa, cargo o impuesto que se cobra en algunas ciudades bajo la política de tarifas de congestión, como los implantados en Buenos Aires, Estocolmo, Londres, Milán y Singapur, con el propósito de disminuir la cantidad de vehículos que acceden a una determinada zona del centro para reducir la congestión de tránsito, y en los programas más recientes, también tienen el objetivo de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque no se trata de un peaje en el sentido tradicional, los medios de comunicación con frecuencia lo llaman peaje urbano.

¿Es necesario establecer un peaje de este tipo que limite el acceso de vehículos privados al centro de la ciudad de Barcelona? El RACC realizó unos estudios, según publicaba La Vanguardia de 4 de julio de 2009, en los que destacaba, entre sus conclusiones, que los accesos a las dos grandes ciudades españolas, Madrid y Barcelona, están dominados por el coche, que se impone con claridad al transporte público. Para entrar a estas dos ciudades españolas en coche se precisa, según los citados estudios, un promedio de 39 minutos mientras que hacerlo en transporte público consume 72. Advertía de la necesidad de mejorar el transporte público para que haya una alternativa potente al vehículo privado y destacaba de la comparación de los estudios de Barcelona y Madrid la disposición de los conductores a pagar más de tres euros para eludir los atascos: el 60% de los de la primera ciudad lo haría por el 41% de la segunda. En conclusión, existe congestión de tráfico en Barcelona y los afectados directos, los conductores, estarían dispuestos a pagar mayoritariamente un peaje si ello contribuyese a evitarla.

Por su parte, la Unión Europea realizo un informe en el que estudió el impacto del tráfico sobre la población en 10 ciudades europeas, entre ellas Barcelona -que obtuvo el peor resultado- (muy alejada de Granada -la ciudad más limpia de entre las analizadas-). Las calles barcelonesas son responsables de entre el 25% y el 30% de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias que padecen los ciudadanos, estima el estudio. El informe, que retrató la polución entre 2004 y 2006 para concluir que los niveles registrados durante esos tres años hurtaron 13,7 meses de vida a los barceloneses, ha destapado una incidencia del tráfico sobre la salud mayor a la asumida hasta ahora por la comunidad científica. Los expertos señalan que la orografía de la capital catalana complica las cosas: entre el mar, la montaña y la escasa precipitación, las partículas contaminantes y el dióxido de nitrógeno quedan estancadas sobre la ciudad. Así que en Barcelona hace falta más contundencia que en otras capitales y eso pasa por reducir el tráfico. En conclusión, Barcelona es una ciudad que sufre altas cotas de contaminación atmosférica, muy por encima de la media permitida desde el punto de vista de los estándares europeos.

Finalmente, cabría señalar que la ciudad condal es eminentemente terciaria, con un sector turístico muy potente y en expansión. ¿Quién no siente ya, hace tiempo, la presión ambiental que producen la ingente cantidad de autobuses turísticos que campan a sus anchas por el centro? Recientemente, los taxistas de Barcelona han propuesto establecer un peaje de acceso al centro de la ciudad que obligaría a pagar a los no residentes que quisieran entrar, con lo que se podría recaudar fondos para reducir el déficit del transporte público y mejorar el servicio. La iniciativa supondría crear un área con acceso de pago comprendida entre las calles Entenza, Travesera de Gracia, Marina, Avenida Diagonal, Paseo de Colón y Paralelo, con lo que calculan que disminuiría un 30% el número de vehículos privados que circulan por el centro y un 15% los niveles de contaminación acústica y atmosférica.

Me parece que esta propuesta va en el buen camino. Debemos exigir a los representantes políticos en el Consistorio barcelonés que no hagan dejación de sus funciones por motivos electorales y den una respuesta rápida y contundente a un problema que se agrava por momentos. Una demanda de menos contaminación (a niveles europeos) y más y mejor transporte público que redunde en una mayor movilidad, ya no son negociables, sino, una simple cuestión de supervivencia y calidad de vida que exigimos los vecinos de Barcelona.

En Estocolmo, el peaje urbano se implantó en 2006 sin debate político: se puso a prueba durante seis meses, una comisión de expertos evaluó los efectos de la medida sobre la contaminación y el proyecto se sometió a votación popular. Casi el 60% de los ciudadanos apoyó el peaje. Algunos piensan que Barcelona el resultado sería muy distinto; otros confiamos en la madurez de los ciudadanos de esta ciudad.

No hay comentarios en “Peaje en el centro, sí”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.

Aún no hay comentarios.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.