Muerte de un ciclista

06.06.2012 | 12:29
 

Muerte de un ciclista es una película hispano-italiana dirigida por Juan Antonio Bardem en 1955. En ella, una mujer casada mantiene un romance secreto con un profesor universitario. Un día en uno de sus encuentros iban juntos en un coche cuando atropellan a un ciclista, para que no les reconocieran deciden salir huyendo (fuente: Wikipedia).

Como vemos, los accidentes de ciclistas vienen de antiguo. En una entrada anterior ya advertí de la existencia de puntos negros para los mismos en la ciudad de Barcelona y la escasa respuesta institucional a este problema; todo ello a propósito de la muerte reciente de dos de ellos.

No es de extrañar, ya que España encabeza el ranking europeo de ciclistas fallecidos en carretera. Las asociaciones ciclistas promueven una mayor educación en seguridad vial para reducir la siniestralidad y sitúan a los coches como los principales causantes de los accidentes. Sin embargo, unas mínimas precauciones podrían minimizar el riesgo: el uso de la luz delantera y trasera, timbre, bomba y un kit antipinchazos. Además, se aconseja a los ciclistas usar casco, rodilleras y gafas, así como revisar la presión de los neumáticos o adaptar la altura del sillín.

También ayudaría el que las señales de tráfico fueran conocidas por estos –de ahí la propuesta que ya hice de exigirles acreditar unas mínimas nociones teóricas y prácticas– y estuviesen, al menos, en los dos idiomas oficiales en la ciudad (en español tal y como exige la Ley de tráfico y el Reglamento general de circulación; y en catalán, tal y como recoge el Reglamento de Uso de la Lengua catalana en el Ayuntamiento de Barcelona que recientemente ha interpretado ajustándolo a derecho una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña).

“Nosotros continuaremos haciendo lo que hacemos, y no tenemos problemas”, ha manifestado el alcalde de Barcelona en respuesta al toque de atención judicial referido, en una actitud que, como mínimo, cabe definir como imprudente. Ya hace tiempo que se solicitó en vía parlamentaria el que la señalización de las carreteras fuera bilingüe sin resultado; ahora es ya una exigencia y su incumplimiento pudiera derivar en responsabilidad, incluso, penal. Una vez más repito, en relación a los nacionalistas, que nadie está por encima de la ley; ni siquiera las mayorías parlamentarias y los que las representan.

Resumiendo: con unas cuantas medidas preventivas, con la utilización de material adecuado, con el conocimiento del espacio viario y con una señalización sin discriminación por razones lingüísticas, el riesgo de padecer accidentes se minimizaría. Estamos hablando de lesiones graves que se pagan, en ocasiones, con la vida y ello debería llevarnos a reflexionar. Desde una sala de hospital, anclado a una máquina que le mantiene en vida en estado de coma, los familiares nos preguntamos si al coger la bicicleta aquel día fatídico tuvo todo esto en cuenta. ¡Qué sirva de experiencia! Nosotros no huiremos.

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