Miedo

20.06.2012 | 12:16
 

Asistí ayer a la coferencia-coloquio organizada por la asociación de izquierda no nacionalista, Ágora Socialista, que dio la sabadellenca periodista y catedrática de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas de Barcelona, Mercè Vilarrubias, bajo el título Educación bilingüe en las comunidades bilingües, basada en su libro Sumar y no restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña (Editorial Montesinos) recientemente presentado.

La brillante ponente catalanoparlante, con un lenguaje claro, sencillo y bien documentado realizó una exposición que debería repetirse por toda la geografía catalana -animo a partidos políticos y asociaciones afines a que colaboren en esta tarea importantísima en mi opinión-. Sus razones pedagógicas nunca mejor dicho servirían para informar de aquello de lo que nuestras instituciones no nos dan cuenta:

– Que el modelo de inmersión establecido en Cataluña es único en Europa (en Finlandia, por ejemplo, considerado un país con una alta cohesión social y el modelo educativo más desarrollado, coexisten dos líneas diferenciadas en finés y en sueco).

– Que en Europa, allí donde se incorporó una nueva lengua a la educación se hizo sin sustituir las escuelas en la lengua previa (como por ejemplo en Gales, donde los colegios eran en inglés y al incorporarse el galés lo hizo con colegios propios diferenciados).

– Que la UNESCO admite el modelo de inmersión siempre que sea con carácter voluntario.

– Que el mejor modelo para los alumnos, probablemente, desde el punto de vista pedagógico es el bilingüe.

– Que no existe estudio alguno sobre la supuesta cohesión social que proclama la propaganda nacionalista al defender, a capa y espada, el modelo de inmersión.

– Que no se puede aprender una lengua de forma culta sin estudiar en ese idioma contrariamente a la propaganda nacionalista que señala que el español se aprende fuera de las aulas.

– Que contrariamente a lo que se hace entender a través de la propaganda institucional, los totalitarios e intolerantes son los que imponen el uso exclusivo de una de las lenguas oficiales.

Pero, dicho lo anterior, uno se pregunta ¿por qué se hace esto? ¿por qué se engaña a la población? Aquí, también, Vilarrubias nos da la clave: por miedo. Miedo a que se descubra que todo el sistema de inmersión lingüística obligatoria está al servicio de un proyecto político partidista; miedo a que se conozca que se anteponen e imponen sentimientos nacionalistas a nuestros hijos en vez de razones pedagógicas; miedo a consultar a los padres que modelo lingüístico prefieren, ya que muy probablemente supondría evidenciar la falta de legitimidad democrática de su proyecto; miedo, en fin, a las consecuencias que se derivarían para algunos cargos públicos si mantienen sus amenazas de no acatar las resoluciones judiciales.

Dando razones para el optimismo, Vilarrubias señala que “nunca es demasiado tarde” para rectificar. Critica a los sindicatos por no haber defendido los derechos del niño y de los docentes y se extraña del apoyo, incondicional, de los partidos políticos autodenominados de izquierda al sistema.

Quizás haya motivos para el optimismo: el problema está en el centro del huracán, el Tribunal Constitucional y los tribunales ordinarios ya han empezado a cercenar los abusos nacionalistas, los ciudadanos son cada vez más conscientes del problema pese a la mayoritaria pasividad que se observa en estos temas y, empiezan a expresarse públicamente en defensa de sus derechos.

Sólo los que no tengan razones deberían preocuparse del futuro. Adelante, todos con valentía y la mirada al frente; el miedo es cosa de otros.

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