El ‘lobby’ hotelero de BCN

09.07.2012 | 11:25
 

Un lobby (del inglés “entrada”, “salón de espera”) es un colectivo con intereses comunes que realiza acciones dirigidas a influir ante la Administración pública para promover decisiones favorables a los intereses de ese sector concreto de la sociedad. En principio, la actividad del lobby es legítima, ya que lleva ante el poder político las opiniones e intereses de los implicados en las decisiones de los poderes públicos y, en los últimos años se han hecho avances en su regulación, lo que para muchos autores implica contribuir a su transparencia y normalización […]. En la Unión Europea los lobbies están regulados a través de un registro público que fue inaugurado en junio de 2008 en pro de asegurar la transparencia (fuente: Wikipedia).

El Gremi d’Hotels de Barcelona (GHB) es una asociación empresarial formada por los establecimientos hoteleros: hoteles, apartoteles, y hostales/pensiones, así como por los apartamentos turísticos, de la ciudad y su entorno, con ámbito provincial […]. Cuenta con participación en el capital social del Centre de Convencions Internacional de Barcelona (CCIB) y está fuertemente vinculado a la fundación que regenta la Escola Superior d’Hosteleria de Barcelona (fuente: Viquipèdia).

Publicidad del Gremi d’Hotels de Barcelona acompañado del logo del Ayuntamiento de Barcelona (foto: Federico Llosa Marsé).

El conjunto de todos los asociados -agrupa a 398 establecimientos hoteleros y representa más del 90% de la oferta hotelera de Barcelona- le otorga una importante capacidad de representación y diálogo ante la Administración municipal y otros organismos públicos y privados para tratar temas diversos, como promoción, asignación de habitaciones para grandes acontecimientos, seguridad ciudadana, normativas, ordenanzas y los que puntualmente convengan, a menudo mediante el establecimiento de comisiones de trabajo.

Jordi Clos –de la cadena Derby Hotels- es su presidente por tercera vez consecutiva, reelegido en 2012 previa modificación de los estatutos de la asociación que preveían una limitación de mandatos, hasta el 2016¿Deben los turistas compensar con una pequeña aportación el desgaste que ocasionan en la ciudad? El eterno debate de la tasa turística flotaba en Barcelona desde hace años. Sólo hay que darse una vuelta por el entorno de la Catedral, del Puerto Olímpico, o de la Sagrada Familia; para observar el trajín de autobuses, bicicletas y otros artefactos que genera el turismo; agobiante para los vecinos y generador de serios problemas de convivencia.

En ciudades como París, Tokio o Nueva York los visitantes pagaban desde hace tiempo un pequeño impuesto turístico. Sin embargo, ningún rincón de España lo aplicaba. Baleares creó su ecotasa en 2001, pero se convirtió en casus belli de hoteleros y PP contra el Gobierno del socialista Francesc Antich y fue eliminada en 2003. En Barcelona, hacía años que se venía planteando, pero, Jordi Clos, en representación de GHB, era uno de sus más serios oponentes: “El turismo debe animarse antes de plantear algo así”, manifestaba a finales 2010. Habían conseguido retrasar su implantación indefinidamente.

También, Jordi Clos saltó a la palestra como uno de los que más influyeron a la hora de cambiar el criterio sobre la permisividad del nudismo en la ciudad, exigiendo poner orden: “Estamos absolutamente a favor. Barcelona necesita un turismo de calidad y la imagen del biquini por las calles o el traje de baño, no digamos ya del nudismo, no es buena. Lo que ocurre en Barcelona en verano no pasa en ninguna ciudad de Europa. No vemos dónde hay problema en regular una cuestión del espacio público“.

Son estos dos ejemplos concretos de la capacidad de influencia de un lobby como el GHB que acaba por determinar, en definitiva, el modelo de ciudad del que, al final, disfrutan sus vecinos y que no siempre casa bien con sus intereses. Patrícia Gabancho advertía del problema:

‘Si Barcelona reúne seis o siete millones de turistas al año, en un día cualquiera hay en la calle más turistas que aborígenes. Es imposible que el comercio, la actividad y hasta los equipamientos culturales no se inclinen por el turista como cliente preferente. Y eso distorsiona la ciudad. Distorsiona especialmente la capacidad productiva de los barrios […]. Es más barato seducir a un turista. O robarle la cartera, sea metafórica o literalmente.

No solo el gremio implicado se niega a imponer la tasa turística -no sea que se pierda algún ejemplar por el camino-, sino que siempre se ha dicho que la recaudación iría a Turismo de Barcelona para fomentar más turismo, de calidad, ¿eh? Lo normal sería aplicar la tasa para controlar su peso y dedicar los dineros a promocionar la economía productiva. Es decir, para invertir en equilibrio. Pero Barcelona invierte en turismo como si fuera una isla de la Polinesia, y el resultado es que la ciudad tiene más calidad de visita que calidad de vida para los sufridos vecinos‘.

Finalmente, la tasa turística se aprobó por la Generalidad para toda Cataluña –Barcelona espera recaudar unos 24 millones de euros al año-; era de sentido común, no sin manifestar Jordi Clos que su asociación no está “ni de acuerdo ni contenta” con la nueva tasa turística pero que finalmente ha decidido aceptarla “por solidaridad y por sentido de la responsabilidad” teniendo en cuenta la situación de las finanzas de la Generalidad.

Por cierto, en 2003, el presidente del GHB recibió la Cruz de San Jordi.

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