Enjabonando al señor alcalde

20.07.2012 | 17:37
 

‘1. Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para garantizar el derecho a la información y a recibir de los medios de comunicación una información veraz y unos contenidos que respeten la dignidad de las personas y el pluralismo político, social, cultural y religioso. En el caso de los medios de comunicación de titularidad pública la información también debe ser neutral.
2. Los poderes públicos deben promover las condiciones para garantizar el acceso sin discriminaciones a los servicios audiovisuales en el ámbito de Cataluña’ (artículo 52, sobre medios de comunicación social, del Estatuto de Autonomía de Cataluña).

Desde siempre, los vecinos de Barcelona hemos sabido que la línea editorial del diario La Vanguardia, el buque insignia del grupo Godó, propiedad del III Conde de Godó -nobles jóvenes, ya que el primero data de 1916, pero ya grandes de España ‘por su fidelidad a la Corona y por su defensa de las libertades democráticas’- han mantenido un equilibrio entre el apoyo a la monarquía por un lado y al Gobierno de turno –fuera del color que fuera- por otro.

Ahora, por primera vez desde el retorno de la democracia, coinciden en el poder de la Comunidad Autónoma de Cataluña y del Ayuntamiento de Barcelona el nacionalismo burgués de CiU. Así que, como manda la tradición, la línea editorial del diario se ha escorado hacia esa ideología reaccionaria de forma apenas disimulada.

Como contrapartida, el Gobierno de la Generalidad ha otorgado cuantiosas y repetidas subvenciones a un periódico que se encuentra en serias dificultades como la mayoría en un entorno cambiante propiciado por las nuevas tecnologías, donde digitales de prestigio por su objetividad e independencia, como por ejemplo LA VOZ DE BARCELONA, ganan terreno sin remisión a las ediciones impresas.

Por los servicios prestados, el 3 de mayo de 2011 se introdujo la versión en catalán de La Vanguardia, con los mismos contenidos que la versión en castellano. Para el lanzamiento de esta versión usó una campaña -de marcado carácter identitario- con el lema en catalán ‘Som com som‘ (‘Somos como somos’).

Ahora nos encontramos con otra campaña a favor del alcalde de Barcelona, Xavier Trias, lanzado desde el diario de mayor difusión de Cataluña. No importa que el barómetro municipal de junio -de periodicidad semestral- le otorgue una discreta nota de 5,3, similar a la que obtenía cuando estaba en la oposición -lo que reflejaría que los barceloneses no valoran su paso a la dirección en el gobierno de la ciudad-, desde La Vanguardia se ha lanzado una campaña de apoyo a su persona con motivo de cumplir su primer año en el máximo cargo municipal: ‘El estilo tranquilo y eficaz del alcalde Trias, basado en el trabajo diario, sin grandes estridencias ni promesas incumplibles, parece conectar muy bien con los intereses de la ciudadanía’, rezaba un editorial.

Incluso su director, José Antich, en un artículo, lo bautizaba como ‘el método Trias’, entronizando el trabajo del mismo por ser ‘una persona próxima, capaz de sintonizar la mayoría de las veces con la mayoría, un punto de independencia para no quedar sepultado debajo de la fuerza del partido, pocas ganas del conflicto por el conflicto, amante del pacto (más con la izquierda que con el PP), preservando una imagen que siempre ha cuidado de socialdemócrata y un lenguaje coloquial muy poco empleado por los políticos profesionales’.

Se olvidan de que Trias es corresponsable, al estar integrado en la dirección de la coalición nacionalista de los casos de corrupción que les han salpicado durante décadas -el último y más conocido: el caso Palacio de la Música de posible financiación ilegal de su propio partido-, de su injustificado apoyo financiero a fondo perdido a la Generalidad que está haciendo caer en picado la valoración de la deuda municipal barcelonesa, o de su falta de sensibilidad social y de apoyo a las justas reivindicaciones de los ciudadanos cuando chocan con los intereses del poderoso -quizás los ejemplos más significativos de esta política sean los apoyos de su coalición a las operaciones especulativas de reurbanización del Miniestadi del F.C. Barcelona o de reforma del Port Vell, en contra de los vecinos de la zona y amplios sectores sociales de la ciudad-.

La propaganda política tiene su referente histórico más conocido en la Alemania nazi -en la persona de Joseph Goebbels- cuyo uno de sus conocidos principios rezaba: “Para ser percibida, la propaganda debe suscitar el interés de la audiencia y debe ser transmitida a través de un medio de comunicación que llame poderosamente la atención”. Sin duda, los nacionalistas conservadores catalanes suscitan el interés de la audiencia y ya tiene ese medio que necesitaban.

2 Comments en “Enjabonando al señor alcalde”

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  1. emilio - Lunes, 23 de julio de 2012 a las 15:42

    el Ayto de BCN paga cada dia, 7 dias a la semana, una pagina de publicidad en la Vanguardilla. Está camuflada, no dice por ningun lado que sea publicidad y menos aun que quien paga en el Ayto. Se titula AREA BCN.

  2. Una opinión más - Sábado, 28 de julio de 2012 a las 04:04

    El pasado 11 de junio se tocaba este tema haciendo referencia al blog de Sostres y también en relación con el dinero dado por el gobierno catalán al artículo apoyando el estatuto de cataluña en el año 2009. En efecto, no es dinero catalán sino dinero de los contribuyentes, unos catalanes y otros no catalanes pero el dinero es un bien fungible por definición y se desconoce su origen cuando se tiene la moneda en la mano.
    En las bibliotecas de otros lugares, como Navarra, hay prensa generalista que no está disponible para el usuario y otra que sí lo está a diario, por ejemplo los diarios Gara y Berria, no así La Gaceta, por ejemplo.
    Es sólo un pequeño ejemplo de qué sucede cuando unos grupos, aunque sean minoritarios, utilizan el dinero ajeno para propalar sus ideas y amenazan incluso con tomar las calles, secuestrar o asesinar cuando no se da respuesta a sus peticiones.
    La España del Régimen II es un perfecto ejemplo del éxito alcanzado por minorías agresivas que han conseguido en apenas treinta años pasar de ser partidos y asociaciones minúsculas a ocupar los escaños del Parlamento español a pesar de que su programa político es acabar con España. Eso sí, todo sufragado con dinero de los españoles, sus enemigos políticos y sociales porque representan el objeto de su odio.

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