Cataluña

Personalidades instan a ‘encontrar una solución apropiada y respetuosa’ al desafío secesionista de Artur Mas

Tres centenares de escritores, cineastas, periodistas, ex políticos y catedráticos del ámbito de la izquierda critican con dureza el proyecto rupturista de Mas pero, en vez de exigirle el cumplimiento de la legalidad vigente, proponen ‘la búsqueda de un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su norma suprema la solidaridad interterritorial y los criterios de su aplicación compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad‘.

Redacción
Domingo, 4 de noviembre de 2012 | 06:05

Algunas de las personalidades que han firmado el manifiesto.

Alrededor de tres centenares de personalidades españolas de los más diversos ámbitos -y principalmente de la izquierda- han firmado un manifiesto de rechazo al proyecto secesionista de Artur Mas y al discurso nacionalista de un supuesto ‘expolio’ contra Cataluña; un desafío frente al que proponen ‘encontrar una solución apropiada y respetuosa‘ mediante ‘una federalización del deteriorado Estado de las autonomías’.

Entre los firmantes destacan nombres como los de los escritores Mario Vargas Llosa, Félix de Azúa, Juan Goytisolo, Almudena Grandes, Elvira Lindo, Eduardo Mendicuti, Rosa Montero y Antonio Muñoz Molina; los cineastas Pedro Almodóvar, José Luis García Sánchez, Carmelo Gómez, Charo López, Carmen Machi, Elías Querejeta, Mercedes Sampietro y Aitana Sánchez-Gijón; los periodistas Joaquín Estefanía, Miguel Ángel Aguilar, José Oneto y Carmen Rigalt; los ex políticos Joseba Arregi, Pío Cabanillas, Nicolás Sartorius y Carlos Solchaga; los catedráticos universitarios Javier Pérez Royo y Francisco Rubio Llorente; y el cantante Miguel Ríos.

El texto, adelantado por El País, atiende ‘la llamada’ de otro manifiesto suscrito por cerca de cien intelectuales catalanes de izquierdas que fue presentado el pasado 17 de octubre, que también apostaba por un Estado federal para frenar el independentismo, pero que no descartaba la celebración de un referendo secesionista en Cataluña.

Ni ‘expolio’ de Cataluña, ni ‘menosprecio’ desde el resto de España

El manifiesto conocido este sábado es muy crítico con ‘el creciente secesionismo estimulado por CiU’, al considerar que ‘los promotores de una independencia inmediata de Cataluña aducen beneficios obviando penosas consecuencias para todos‘. ‘Añadir una propuesta de secesión augura, bajo el pabellón de un nacionalismo exacerbado, el desbordamiento a corto plazo del malestar social al que nos viene arrastrando el súbito empobrecimiento y el vértigo de la desesperanza de un número creciente de ciudadanos’, añade.

Además, el documento denuncia que ‘los independentistas convierten su particular idea de España en el chivo expiatorio sobre el que cargar todos los malestares’. E insiste:

‘Abonan así el terreno a la exigua minoría que, desde el resto de España, se propone hacer otro tanto con su particular idea de Cataluña. La afirmación de que España perpetró agresiones contra Cataluña es una desgraciada manipulación del pasado, que olvida deliberadamente cómo en los conflictos y guerras civiles en los que todo el país se vio envuelto, los catalanes, al igual que el resto de los españoles, se dividieron entre los diferentes bandos’.

Y continúa: ‘Ni Cataluña está sometida a un expolio por parte de España, ni el común de los españoles alberga sentimiento alguno de menosprecio hacia ella. Bien al contrario: Cataluña suscita afecto, admiración y reconocimiento, entre otras razones porque sin ella, sin su lengua, sin su cultura y sin su aportación solidaria, no puede entenderse la España democrática. Las fuerzas políticas que han abrazado el independentismo calculan que, dada la drástica reducción de los recursos del Estado y los padecimientos de la crisis, sería llegada la hora de pugnar por sus aspiraciones maximalistas, sin atender al orden constitucional pactado por todos’.

‘Se proponen violentar la ley democrática’

El manifiesto advierte de que ‘el programa de construcción nacional incentiva a los independentistas a sentirse víctimas de una opresión por parte de España, a rechazar la toma en consideración de las propuestas de entendimiento y a silenciar o relegar a todos aquellos ciudadanos catalanes que no suscriban ese programa de secesión’.

Y critica la propuesta de Mas de desobedecer la ley:

‘La transición de la dictadura a la democracia se hizo de la ley a la ley pasando por la ley. Ahora, paradójicamente, los independentistas para llevar adelante su denominada transición nacional se proponen violentar la ley democrática, hecha por todos y para todos, con el propósito de alumbrar una ley nueva, hecha solo por los que se sienten llamados a una misión sin contar con los demás. En la aritmética política sucede que el orden de los factores altera el producto’.

Además, recuerda que ‘ni España ni la Constitución de 1978 ni el Estatuto de 2006 niegan a los ciudadanos de Cataluña ejercer su derecho a decidir‘. ‘Son los partidos que apoyan la fulminante independencia de Cataluña quienes confunden las opciones al concurrir, una tras otra, a las citas electorales con programas edulcorados, indoloros y sin coste político, social o económico alguno, pensando ampliar así sus apoyos en las urnas’, añade.

En este sentido, considera que ‘es preciso que CiU y otras fuerzas de afinidad independentista asuman sus graves responsabilidades en la equivocada gestión de la presente crisis económica y en los abusos en que incurrieron y dejen de exculparse bajo el supuesto expolio perpetrado por España’.

Buscar ‘un mejor encaje institucional para Cataluña’

Sin embargo, la solución que los firmantes plantean no pasa por exigir a Mas el estricto cumplimiento de la legalidad vigente, sino que consideran que ‘en Cataluña existe un profundo sentimiento nacional, del que el resto de los españoles es plenamente consciente’, y apuntan que, ‘si ese sentimiento de forma mayoritaria se manifestara contrario de modo irreductible y permanente al mantenimiento de las instituciones que entre todos nos dimos, la convicción democrática nos obligaría al resto de los españoles a tomarlo en consideración para encontrar una solución apropiada y respetuosa: los ciudadanos de Cataluña tienen que saber que este es nuestro compromiso irrenunciable’.

De esta forma, concluyen que ‘todas las fuerzas democráticas deberían sumarse en la búsqueda de un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su norma suprema la solidaridad interterritorial y los criterios de su aplicación compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad‘.

En cualquier caso, el manifiesto conocido este sábado no plantea la celebración de un referendo secesionista, como sí hacía anterior, al que responde. Un texto, el del 17 de octubre, que iba más allá y aseguraba que ‘en Cataluña, en los últimos años se han ido acumulando muchos agravios e incomprensiones, desde la desgraciada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto hasta los reiterados incumplimientos de los sucesivos Gobiernos españoles en materia de inversión’.

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113 Comments en “Personalidades instan a ‘encontrar una solución apropiada y respetuosa’ al desafío secesionista de Artur Mas”

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  1. Vicente - Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 11:32

    Sigo sin entender nada, si España es el opresor porque los independentistas siguen utilizando el Castellano, que utilizen el Catala para todo, bueno es verdad solo les entederian en Catalunya y Andorra, y de paso que le den a Vall de Aran la independencia.

  2. CYM - Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 14:20

    El Llop de Can PIxa – Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 00:08

    Le relato hechos sobre los cuales se apoya el independentismo, y sobre los que levantan monumentos para justificar que Cataluña es una nación.

    En realción a lo de si Cataluña merece una mejor financiación, por supuesto que SÍ, no confunda Vd. una cosa con la otra, mejor financiación si, independencia NO. Y, está claro que si Cataluña se independiza España también pierde, pero Cataluña también.

    Finalmente, y con respecto al tema de tirar del carro, disculpeme, pero conoce muy mal a los Catalanes, especialmente a la burguesia, que sí, que tiene la pasta y es emprendedora, pero si tiene que poner un ladrillo o cavar una zanja, eso que lo haga otro. Cataluña salió adelante después de la guerra civil gracias a la mano de obra venida del resto de España y gracías al mercado Español, que es donde vendía sus productos. Es cierto que Cataluña tira del carro, pero sin España no habría tenido carro que tirar.

  3. LUIS - Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 14:21

    UTILIZAN EL ESPAÑOL PAR QUE RENEGAOS COMO EL JUSTO LO COMPRENDAN LAS EXPLICACIONES

  4. Cierzo - Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 14:58

    Alberto Fernández – Domingo, 4 de noviembre de 2012 a las 09:59

    Con Cataluña, con España’: manifiesto en respuesta al desafío secesionista de Artur Mas
    NICOLÁS REDONDO, FERNADO SAVATER O MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ENCABEZAN ESTE LLAMAMIENTO DE LA SOCIEDAD CIVIL

    http://www.lavozlibre.com/noticias/....-artur-mas

    Cierzo

  5. lex - Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 16:19

    LA INEXCUSABLE REFORMA DEL SISTEMA ELECTORAL

    Si no hay una reacción pronta y contundente, la desaparición de nuestra Nación está servida al tirar cada poder localista para sí mediante procedimientos endogámicos y xenófobos hacia los que no son de la parroquia, y con desprecio y rechazo absoluto a todo el patrimonio común y a cuanto sea bueno y provechoso para todos los españoles.

    El sistema autonómico genera desprecio, cuando no odio hacia el bien común nacional de España. Y nadie hace nada para poner freno a tanto desatino.

    Hace falta una respuesta ciudadana para que los políticos dejen de explotar y manipular al pueblo llano, sufridor de tanto desbarajuste. Hay que exigir una reforma profunda que acabe con todos estos vicios. El pueblo español es en todas partes lo más homogéneo. Tratan de establecer diferencias entre las distintas partes los que en todas partes lo explotan.

    Uno de los grandes problemas que tenemos, del que se derivan muchos de los demás, es el sistema electoral proporcional, por el que los grandes partidos de ámbito nacional necesitan a pequeños y minoritarios partidos localistas, pilotados por minorías separatistas que imponen el chantaje de la obtención de privilegios para su terruño, socavando el poder del gobierno de la Nación, a cambio del apoyo que éste necesita para gobernar. Los mencionados partidos localistas, que tienen una representación ridícula en el conjunto nacional, son los que tienen la sartén por el mango. Algo surrealista. De este modo España está gobernada por los que la odian y desean verla hundida, por los anti-españoles.

    El sistema mayoritario (bien sea a una o a dos vueltas) es más justo, porque tiene la ventaja de que la opción más votada es la ganadora. No hay riesgos de que las minorías localistas, regionalistas o separatistas que trabajan contra la unidad nacional y chantajeen a la mayoría ganadora para que pueda gobernar. El sistema mayoritario es mucho más democrático y conduce a la estabilidad política.

    Se necesita, según la opinión de los expertos del derecho y de la economía que son honestos y que aman a nuestra España, implantar un sistema de base mayoritaria para evitar el referido chantaje separatista y la desmembración de la Nación, pero ningún partido tiene, hasta el presente, la intención de cambiar el sistema electoral proporcional, en el que más que la voluntad del pueblo español, mandan los intereses partidistas y las representaciones minúsculas.
    También se les podría exigir a los partidos que concurren a las elecciones del Congreso mínimo tanto por ciento del conjunto del voto nacional, un 10% no estaría mal.

    En todo caso es inexcusable, por parte de los ciudadanos sometidos a esta arbitrariedad, exigir a los poderes del Estado un cambio en el sistema electoral para lograr una representación verdaderamente democrática, homologable a la que tienen los países que fueron punteros en el establecimiento de la democracia, como Francia, Gran Bretaña o los Estados Unidos.

    Hay que acabar de una vez con la constante vuelta a los privilegios locales arcaicos y contrarios a la democracia e implantar de una vez por todas la igualdad, la libertad y la justicia para todos los españoles. No se puede tolerar que en cada región haya leyes y normas distintas, cuando sólo hay una soberanía, que es la que reside en el pueblo español, esto es un atentado contra la democracia( gobierno del pueblo) y contra el sentidos común.

    No se trata de que gobierne este partido o el otro. Gobierne quien gobierne, mientra no se reforme el sistema electoral estaremos siempre en las mismas. Y España irá siendo cada día menos España hasta acabar fagocitada completamente por los enanos que ella misma ha creado.

  6. Segadors Cat - Lunes, 5 de noviembre de 2012 a las 22:11

    Dais pena, esto no hay quien se lo lea con tanta propaganda fascista anti catalana, lo he intentao que conste jiji
    II*II

  7. El llanero solitario - Martes, 6 de noviembre de 2012 a las 02:25

    ¿ Apropiada y respetuosa a un desafío secesionista debe ser la respuesta ? Me cago en la democracia y en todos estos políticos incultos que se ponen entre medias de los secesionistas y españoles como yo.

  8. ANS. HISPANO. - Martes, 6 de noviembre de 2012 a las 05:40

    MENTIRAS DE LA HISTORIA DE USO COMÚN
    MENTIRA VII. Cataluña es una nación (pág. 89)
    Cesar Vidal
    Editorial: La Esfera de los Libros

    El aprobado estatuto de Cataluña contiene una afirmación que ha sido enarbolada durante décadas por los partidos nacionalistas, la de que Cataluña es una nación. La inclusión ha venido además refrendada por el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero y por el PSOE, en un comportamiento sin precedentes. Semejante pronunciamiento (que colisiona frontalmente con el articulado de la Constitución) se sustenta no sobre la realidad de la Historia, sino sobre una mentira histórica de notables dimensiones. Y es que Cataluña jamás se consideró una nación, sino una parte más de una nación llamada España.

    En fecha tan tardía como 1893, Francesc Cambó inició la tarea de predicar el catalanismo por las tierras de Cataluña. Sería él mismo quien, en sus Memorias, describiría el ambiente con que se encontró.

    “En su conjunto, el catalanismo era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893, inicié en el mi actuación (…) Organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés, donde había algún catalanista aislado (…) no creo que hiciéramos grandes conquistas: los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio (…) Aquél era un tiempo en el que el catalanismo tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conocían entre sí”.

    Las palabras de Cambó serían confirmadas por Josep Pla, que añadiría:
    “Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista: era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado“.

    Desde luego, no dejaba de ser una situación peculiar la descrita por los dos ilustres catalanes si se tiene en cuenta que, de acuerdo con los postulados del nacionalismo, Cataluña es una nación oprimida por España. Por el contrario, lo que escribían sobre la situación de hace más de un siglo Cambó y Pla resulta lógico si se tiene en cuenta que, en términos reales y no míticos, fidedignos y no mentirosos, la historia de Cataluña y de los catalanes siempre ha sido la historia de España.

    Desde luego, los romanos –que crearon el término Hispania– siempre incluyeron en sus límites los territorios de la que, ya muy avanzada la Edad Media, sería Cataluña. No en vano Tarraco, la actual Tarragona, fue capital de una de esas Hispanias. Lo mismo sucedió cuando, deshecho el Imperio Romano, se estableció en la Península un dominio visigodo que cristalizaría en un reino de España.
    Significativo resulta, por ejemplo, que la primera capital de ese reino, con Ataúlfo, estuviera en Barcelona. Sabido es que muy pronto la capital, con lógica irrefutable, se trasladó al centro de la Península, y más concretamente a Toledo, pero a esas alturas los escritores visigóticos, con Isidoro de Sevilla a la cabeza, hablan de una nación llamada España cuyas raíces son romanas y cristianas y a la que han llegado recientemente los godos. Semejante visión no quebró –todo lo contrario– cuando la invasión islámica de 711 pulverizó el reino visigótico. El reino, no España, que se aprestó inmediatamente a la resistencia frente al invasor musulmán.

    En un intento de protegerse de un ataque islámico, los reyes francos se apoderaron de unos territorios situados al sur de los Pirineos, a los que denominaron Marca Hispánica (nombre, ciertamente revelador,) y a los que convirtieron en zona de salvaguarda. Sin embargo, de manera bien significativa, los monarcas francos fueron conscientes de que aquel territorio que siglos después sería Cataluña era ya entonces España.

    En abril de 815, poco después de la creación del condado de Barcelona como separación entre el reino de los francos y los musulmanes, Ludovico Pío, rey de Aquitania y soberano de Septimania, promulgó un precepto destinado a la protección de los habitantes del condado de Barcelona y otros condados subalternos. En el texto se habla, literalmente, de los “españoles” Juan, Chintila y un largo etcétera, y, sobre todo, se dice algo enormemente interesante sobre los habitantes de lo que ahora denominamos Cataluña:

    “Muchos españoles, no pudiendo soportar el yugo de los infieles y las crueldades que éstos ejercen sobre los cristianos, han abandonado todos sus bienes en aquel país y han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en aquella parte de España que nos obedece“.

    En el documento –como era de esperar– no aparece la palabra “Cataluña” ni la palabra “catalanes” porque eran ideas aún inexistentes, pero sí se hace referencia a cómo esa zona territorial formaba parte de España y a que sus habitantes eran españoles.

    Hasta el año 1096 la familia de los condes de Barcelona –que seguían siendo vasallos del reino franco– fue de origen extranjero, y, con la excepción de Berenguer III, que se casó con María, hija del Cid Campeador, los matrimonios siempre se contrajeron con mujeres procedentes de algún lugar situado al norte de los Pirineos.

    En el año 1137 un conde de Barcelona llamado Ramón Berenguer IV rompió con esa tradición, seguida durante siglos por sus antecesores, y contrajo matrimonio con la princesa Petronila de Aragón. De esta manera, el condado de Barcelona –que ni era Cataluña, ni era una nación catalana, ni tenía pretensión de serlo– volvía a reintegrarse en el proceso de reconstrucción, de reconquista, de una España que había estado a punto de desintegrarse por completo a causa de la invasión islámica. Y lo hacía como parte no de una confederación catalano-aragonesa, como dicen los nacionalistas, a pesar de que jamás aparece tal nombre en las fuentes históricas, sino como parte de la Corona de Aragón.

    Esa conciencia de que Cataluña era tan sólo una parte de España y no una nación independiente la encontramos también en los reyes que ejercieron sobre ella su soberanía. Citemos algunos ejemplos. Cuando, en 1271, Jaime I salió del Concilio de Lyon, tras haber ofrecido la cooperación de sus hombres y de su flota para emprender una cruzada, exclamó: “Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España”. De la misma manera, cuando socorrió a Alfonso X de Castilla en la lucha contra los moros de Murcia, Jaime I sostuvo que lo hacía “para salvar a España”. De manera semejante, el rey Pedro III afirmó que había salvado el honor de España al acudir a Burdeos para batirse con Carlos de Anjou, manteniendo su palabra.

    Y si esto pensaban los monarcas que reinaban –entre otros territorios– sobre Cataluña, no otra cosa pensaban sus historiadores. En el siglo XIV, el catalán Ribera de Perpejá escribió la Crónica de Espanya, en la que señalaba precisamente cómo Cataluña era una parte de esa España despedazada por la invasión musulmana pero ansiosa de reunificación. Y el gran historiador catalán Ramón Muntaner reclamó una política conjunta de los cuatro reyes de España, que son, escribió, “d’una carn e d’una sang”.

    Nada de esto puede extrañar, si se tiene en cuenta que guerreros tan catalanes como los almogávares se lanzaban al combate gritando no Cataluña, sino “¡Aragón! ¡Aragón!”. ¿Hubieran podido gritar otra cosa, cuando Cataluña no era sino una parte de la Corona de Aragón y no una nación independiente?

    Por su parte, Bernat Desclot, un autor cuya lectura sería más que sobrada para desmontar la mayoría de las mentiras históricas del nacionalismo catalán, nos ha dejado referencias bien significativas. Por ejemplo, al mencionar la batalla de las Navas de Tolosa (1212) señaló, en su Crónica, que en dicho combate habían intervenido “los tres reyes de España, de los cuales uno fue el rey de Aragón”.

    De la misma manera, al narrar un viaje del conde de Barcelona a Alemania para entrevistarse con el emperador, Desclot relató que aquél se había presentado ante su majestad imperial diciendo: “Señor, yo soy un caballero de España”. Acto seguido, ese mismo conde de Barcelona había dicho a la emperatriz alemana: “Yo soy un conde de España al que llaman el conde de Barcelona”. No resulta extraño que el emperador, según nos cuenta el mismo Bernat Desclot, dijera a su séquito: “(…) han venido dos caballeros de España, de la tierra de Cataluña”.

    No cabe duda de que los catalanes medievales –mal que les pese a los nacionalistas– tenían las ideas muy claras, y éstas no eran formar parte de una nación independiente.
    Con esos antecedentes repetidos vez tras vez no puede sorprender que, durante los siglos siguientes, Cataluña y los catalanes se sintieran hondamente españoles. Como el resto de los españoles, participaron en la guerra civil de inicios del siglo XVIII, que algunos pretenden presentar falsamente como un conflicto independentista catalán, cuando fue un enfrentamiento dinástico. Defendían –con personajes como Casanova, convertido en icono nacionalista– no la independencia de la nación catalana, sino al pretendiente austriaco frente al borbónico.

    Como el resto de los españoles, los catalanes también resistieron al invasor francés en el Bruch y en el asedio de Gerona, y no deja de ser significativo que una de las heroínas españolas más famosas de la guerra de la independencia fuera la catalana Agustina de Aragón.

    Como el resto de los españoles, también los catalanes combatieron en Marruecos en 1859, a las órdenes de un general catalán llamado Prim, y desfilaron por las calles al sonido de Los voluntarios, una marcha militar que se interpretó entonces por primera vez.

    Como el resto de los españoles, los catalanes sufrieron también el desastre de 1898. Cuatro de los 33 últimos soldados de Filipinas fueron catalanes.

    Como el resto de los españoles, en suma, sufrieron las alegrías y tristezas de la historia de España, sin excluir la guerra civil de 1936, en cuyos dos bandos participaron. Nadie puede olvidar, por ejemplo, al Tercio de Montserrat, que, encuadrado en el ejército nacional, dejó su sangre, por ejemplo, en la batalla del Ebro.

    No puede extrañar que, como señalaba Cambó, no hubiera apenas catalanistas antes de él, o que, como dejó escrito Pla, los pocos que existían tuvieran fama de chalados. ¿Cómo iba nadie a creer en el nacionalismo con ese pasado histórico? A día de hoy, una mentira histórica tan monstruosa como la del nacionalismo pretende cerrar los ojos de los catalanes a la verdad. Para ello ha seguido la consigna de Prat de la Riba:

    “Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes… Esta obra no la hizo el amor… sino el odio“.

    Tristes son las palabras de Prat de la Riba, pero no pueden ser tachadas de falsas. Durante décadas, los nacionalistas han inoculado en sucesivas generaciones de Cataluña ese odio a España, una España a la que se ha pintado no como la madre común, sino como una opresora; no como el tronco que sustenta las diferentes ramas nacionales, sino como un árbol odioso y extraño.

    Además, los que han sembrado el odio se han empeñado en usurpar el nombre de Cataluña, como si fuera de su propiedad exclusiva, y se han permitido tachar de catalanófobos a los que no comparten los delirios del nacionalismo y tan sólo aspiran a que Cataluña sea una tierra en la que ni se asalte ni se agreda a los que no son nacionalistas; en la que la lengua catalana no sea barrera de separación sino instrumento de unión; en la que los padres puedan educar a sus hijos en su lengua madre, en la que no se vea al resto de España como enemigos sino como hermanos y en la que la ley sea la misma para todos, independientemente de que sean o no nacionalistas.

    Para impedir tan nobles metas, para implantar el nacionalismo en centenares de miles de corazones, el nacionalismo catalán ha tenido que recurrir al uso sistemático e ininterrumpido de la mentira, una mentira que, entre otras cosas, afirma que Cataluña es una nación.

  9. escolano - Miércoles, 7 de noviembre de 2012 a las 13:18

    Cierzo ,le agradezco de todo corazon haber destapado por fin de donde le viene su locuacidad ideologica ,si es vd de teniente para arriba ,me cuadro ,si es sargento para abajo se cuadra .pero no intente llevar su fiel patriotismo español ,a nuestras aspiraciones logicas de no aguantarles a vdes mas .Tenemos asumidos todos los riesgos ( mucho menos de los que vdes dicen ) per vera… con españa (como es ahora por lo menos) no tenemos mejor futuro ni nososotros ,ni los de Alcañiz.España es un enfermo terminal para Europa y antes de tener que sufrir mas humillaciones ,adios,que tengan vdes suerte.Una apreciacion semantica,la pancarta`petionaria del 11 S decia ” NOU ESTAT D EUROPA” no entrar en la comunidad ,eso estara por ver .Finlandeses ,Noruegos Suizos y algunos mas nos repiten que pensemos bien nuestra decision Comercio ,moneda no es problema ,Euro o dolar .y freno a las deslocalizaciones pues que les parece un 5% en el IRPF o bjada de imposicion contributiva..Cuanto tiempo puede aguantar la CEE tener una ANDORRA productiva sin que les paguen a la troika el derecho de pernada ?.NO DESMEREZCAN NUESTRA LOGISTICA tenemos muy buenos asesores ,y no hace falta airearlos con vdes. El plan es recto y constante nosotros nos vamos ,quieren vdes tener un vecino colaborador o prefieren romper los Pirineos para salir de su aislamiento que por demas lleva siglos instalado en sus mentes .Señores haberlo pensado antes ,se les dio la oportunidad ,lucharon en contra ahora a lo hecho pecho.saludos mi………… lo que sea.

  10. Pedagogia - Miércoles, 7 de noviembre de 2012 a las 16:25

    ANS. HISPANO. y LA HISTORIA DE USO COMÚN

    De fet, a l’hora de parlar de nacions, hem de distingir entre la nació històrica i la moderna. La nació històrica, en aquest racó d’Europa, es configura a partir d’un grup ètnic el territori del qual coincideix més o menys exactament amb una demarcació sota autoritat senyorial (un reialme, un comtat…). La cohesió cultural, és clar, hi juga a favor. El “nacionalisme”, entès com a lleialtat i favoritisme intragrupals, apareix com una conseqüència del fet nacional. Per exemple, al segle XIV, en la famosa afirmació de Muntaner segons la qual no coneixia cap poble al món tan benestant com el català, ni que fos tan nombrós i, malgrat això, parlés una sola llengua: “d’un llenguatge solament, de negunes gents no són tantes com catalans”. En els parlaments a les corts catalanes de mitjan segle XV no és estranya l’expressió “nació catalana”, fins en boca de la reina Maria, muller d’Alfons IV i germana del rei de Castella, per designar una part del conjunt de súbdits de la Corona d’Aragó. Així, el cardenal Margarit, bisbe d’Elna, es refereix, l’octubre de 1454, en les corts de Barcelona, a “la benaventurada, gloriosa e fidelíssima nació de Catalunya.” Novament, hi trobem esments durant la Revolució de 1640, en especial quan el Principat s’alia amb França per finalitats defensives. Al capdavall, és aquella nació que, a l’estiu de 1713, prefereix acabar amb glòria i resignació -parafrasejant el discurs pronunciat en el braç militar per Emmanuel Ferrer- abans que sotmetre’s a les imposicions d’una corona invasora que la vol tiranitzar.
    Aquesta nació històrica va ser implícitament reconeguda per les noves autoritats d’ocupació, com veiem en les instruccions del fiscal del Consejo de Castilla (1716):
    “Pero como a cada nacion parece que señaló la naturaleça su idioma particular, tiene en esto mucho que vencer el arte y se necesita de algun tiempo para lograrlo, y mas quando el genio de la Nacion como el de los Catalanes es tenaz, altivo y amante de las cosas de su Pais, y por esto parece combeniente dar sobre esto instrucciones y providencias mui templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado.”
    La nació moderna es configura a l’àrea occidental del planeta d’ençà de la segona meitat del segle XVIII com una comunitat sobirana que opta per la llibertat. Suprimeix i suplanta l’autoritat senyorial de l’Antic Règim (en el cas més senzill, la del rei), que existia per gràcia de Déu. Per tant, en primer lloc, hi ha d’haver un moviment nacionalista, més o menys organitzat, que creï la nova nació -la construeixi- allà on abans existia un domini senyorial. La nació s’associa ara a la democràcia perquè és l’expressió de la voluntat popular.
    La primera nació moderna del món -tenia constitució i reconeixia el sufragi universal masculí- es funda quan Pasquale Paoli allibera Còrsega de l’ocupació genovesa, el 1755. La república corsa desapareix el 1769. Després, vénen la Revolució americana -els Estats Units d’Amèrica (1776), hereus de la república puritana de Cromwell, es constitueixen on hi havia unes colònies britàniques- i la Revolució francesa (1789) -una revolució traïda-, que també dóna naixement a una república, en ple continent europeu. El component nacionalista d’aquestes dues darreres revolucions esdevindrà un model que haurà d’ésser tingut en compte per l’allau de noves nacions que aniran fent eclosió, fins els nostres dies, als quatre cantons del planeta. I, és clar, també tindrà repercussió a casa nostra. Ara bé, per tal que el model sigui operatiu, caldrà destronar la dinastia dels Borbons la tardor de 1868 i que es proclami a Madrid una república l’11 de febrer de 1873. Sobresurt, entre el maig i el setembre d’aquest darrer any, una sèrie de nou articles que Josep Narcís Roca i Farreras, teoritzador pertanyent al Partit Federal, publica a la revista “La Renaixença” per obtenir suport per als intents de proclamació de l’Estat Català. En total, comptem més de cinc d’aquests intents entre els mesos de febrer i setembre de 1873. Josep Narcís Roca desenvolupa en els articles l’estratègia política bàsica del seu grup (que llavors fins i tot decideix el govern de Madrid): el propòsit que el Principat de Catalunya esdevingui un estat confederat en una federació espanyola, esperant el moment que la majoria de catalans vulgui la independència definitiva i hagi desaparegut, en aquesta avinentesa, el perill de guerra amb Espanya. Pocs anys més tard, Josep Narcís Roca parla per primer cop de “nacionalisme” català i empra per primera vegada en català la fórmula “països catalans”. A més, amb un gran encert, avisa contra els elements conservadors catalans que, per evitar que els més revolucionaris controlin el nou marc polític, “no volen un grau gaire alt d’autonomia catalana, solament la descentralització que sigui compatible amb la monarquia espanyola”. La proclamació de la República Catalana com un Estat integrant de la Federació ibèrica per Francesc Macià (14-4-1931) i, fins i tot, la de l’Estat Català de la República Federal Espanyola per Lluís Companys (6-10-1934) només s’acaben d’entendre si percebem la continuïtat amb el projecte d’assoliment gradual de la independència difós per Josep Narcís Roca uns seixanta anys enrere en “La Renaixença”, transmès per les successives formacions polítiques del republicanisme nacional català.

    “Catalunya és un país ric en territoris i gents, una diversitat que la defineix i l’enriqueix des de fa segles i l’enforteix per als temps venidors. (…) El Parlament de Catalunya, recollint el sentiment i la voluntat de la ciutadania de Catalunya, ha definit Catalunya com a nació d’una manera àmpliament majoritària.”
    Estatut d’Autonomia (2006)

    Tu pots dir que no t’agraden certes paraules o que no s’assemblen gens a les actuals (o que avui dia signifiquen altres coses que ningú no sap entendre) o que no som a l’ONU, o que només volies fer broma o que no et dóna la gana acceptar-ho i que prefereixes una altra mena de música o que els meus avantpassats, jornalers andalusos, no procedien d’un àmbit rural i fugien d’uns espanyolistes tan exaltats com molts d’aquí si tot plegat et fa sentir millor…

  11. ANS. HISPANO. - Jueves, 8 de noviembre de 2012 a las 03:30

    JA SOC AQUÍ
    http://www.libertaddigital.com/chic....lon-65927/

    LA CORRUPCIÓN ACORRALA A CiU
    Y PONE A ARTUR MAS ENTRE LAS CUERDAS
    http://www.libertaddigital.com/chic....das-66285/

    LA FORTUNA EN AMÉRICA DE LA FAMILIA PUJOL
    DISPARA TODAS LAS ALARMAS
    http://www.libertaddigital.com/chic....mas-65932/

    EL “PELOTAZO DE LOS PUJOL EN MEXICO
    http://www.libertaddigital.com/chic....276468367/

  12. ANS. HISPANO. - Jueves, 8 de noviembre de 2012 a las 04:09

    EL HONORABLE MAS, A VECES, HABLA DE
    ESTADO PLURINACIONAL Y DE FEDERALISMO.

    Cuándo han habido naciones en España a lo largo de la historia?
    He puesto sumo interés en buscar a las pretendidas naciones
    y no las encuentro por ningún lado. !Que fastidio!

    Como ya he comentado en alguna otra ocasión,
    en la Edad Media se hablaba, a veces, “de nacionalidad
    castellana”, “de nacionalidad andaluza”, de “nacionalidad vasca”,
    de “nacionalidad catalana”, etc. pero se referian única y exclusivamente
    al LUGAR DE NACIMIENTO, no a que los habitantes de dichos territorios
    conformaran una nación, porque EN LA EDAD MEDIA NO HABIAN NACIONES,
    sino reinos, principados, condados, etc.

    El concepto moderno de NACIÓN surge con la Revolución Francesa
    y se lo atribuyen los tres paises más antiguos de occidente que
    no son otros que ESPAÑA, FRANCIA y GRAN BRETAÑA, los demás
    estaban en fase de unificación como ALEMANIA, ITALIA, etc.
    de ahí su FEDERALISMO que tiende hacia la unidad.

    El FEDERALISMO sirve para estos últimos paises pero NO SIRVE
    PARA LOS PAISES YA UNIDOS Y MÁS ANTIGUOS DE OCCIDENTE
    que he citado anteriormente, porque seria ir hacia la regresión.
    Es lógico, una cosa unida no la puedes desunir con el Federalismo,
    aunque a los secesionistas el Federalismo tampoco les hace mucha gracia,
    porque es una especie del “café para todos” actual, pero más estricto
    y controlado

    El maestro José Ortega y Gasset lo dejó muy claro en varios
    discursos efectuados en las Cortes Constituyentes allá por 1931.
    Sugiero su lectura y muchas otras en la compilación del libro
    DISCURSOS POLÍTICOS,
    editado por Alianza Editorial,
    núm. 500.

    Saludos.

  13. ANS. HISPANO. - Jueves, 8 de noviembre de 2012 a las 12:47

    CATALUÑA NUNCA HA SIDO NI REINO NI NACIÓN

    Insisto de nuevo, en la Edad Media no existian naciones en Europa,
    sino reinos, condados, principados, etc.

    El concepto moderno de Nación surge con la Revolución Francesa
    y España en aquella época era el REINO más antiguo de occidente,
    junto a Gran Bretaña y Francia.

    Lo siento por algunos pero la antigua HISPANIA es una
    unidad física, sensitiva, emotiva e histórica desde los romanos,
    Leovigildo y San Isidoro de Sevilla (siglo VI) donde la denominación
    Cataluña todavia no habia nacido ya que se conocia como la MARCA HISPÁNICA.

    Existen documentos de esa época donde se dice “de nación castellana,
    de nación andaluza, de nación catalana, de nación vasca” etc. pero
    se refieren única y exclusivamente AL LUGAR DE NACIMIENTO y no a que
    los habitantes de aquellos territorios conformaran una Nación porque, repito,
    en la Edad Media no existian naciones sino reinos condados, principados, etc.

    Esa es la cuestión y la paella es paella y no arroz con leche.

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