Mossos d’Esquadra: ¿la policía de todos, al servicio de la legalidad o de la identidad?

03.12.2012 | 11:33
 

‘Uno de los éxitos que la nación catalana ha conseguido los últimos veinticinco años ha sido la recuperación e implantación de la policía integral y nacional de Cataluña: la Policía de la Generalidad-Mossos d’Esquadra’ (extracto de un informe del Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya, think tank sobre seguridad y defensa presidido por Miquel Sellarès, publicado el 25 de noviembre de 2010, bajo el título ‘Documento de base del modelo policial catalán’).

Dos coches de los Mossos d’Esquadra estacionados en una acera de Barcelona (foto: Federico Llosa).

Pocos ciudadanos sabrán que, probablemente, el cuerpo policial de los Mossos d’Esquadra constituye una de las policías civiles más antiguas de Europa, ya que sus precedentes se remontan al siglo XVIII y que en 2008 completaron su despliegue por toda la geografía catalana, culminando un proceso que se había iniciado en 1994.

Su primer responsable fue el polémico Miquel Sellarès, primer director general de Seguridad Ciudadana de la Generalidad (1983-1984) -con Jordi Pujol-, que nunca ha ocultado su opinión sobre que la policía autonómica debía estar al servicio del régimen nacionalista como instrumento del mismo, debiéndose excluir del territorio catalán a cualquier otra policía e incluso propiciando, en el empeño, oscuras tramas de espionaje.

Desde su creación y como en todos los ámbitos de la sociedad controlados por CiU, la construcción nacional se ha antepuesto al servicio al ciudadano. Más allá de actuaciones más que discutibles que causan heridas irreparables a los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos y libertades fundamentales o de indultos inaceptables que benefician a lo peor del cuerpo dejando una imagen de impunidad ante la sociedad, aún espera el que suscribe, por ejemplo, respuesta de los servicios de comunicación de la policía autonómica sobre las denuncias públicas vertidas en este blog sobre simples infracciones de tráfico cometidas por miembros de la misma y que no sólo no se han corregido sino que se observa como aumentan, día a día, como demuestra la imagen recogida esta misma semana. En cualquier otro país de nuestro entorno, la denuncia pública obtiene una respuesta rápida desde las instituciones, utilizando el derecho de réplica que les acoge; sin embargo, aquí se calla y por lo tanto se otorga. Esta actitud no se corresponde con la imagen de servicio policial moderno que se nos vendía por sus creadores en sus inicios y es una muestra más de la escasa calidad de nuestra democracia.

Además, dentro del acoso y derribo al que se somete, en esta Comunidad Autónoma, a los ciudadanos que no se someten al ideario lingüístico políticamente correcto, siempre se ha exigido a los miembros de ese cuerpo que utilicen el español lo menos posible. Quizás por ello, cuando protestaron a finales de 2011 por los recortes del Gobierno autonómico de Artur Mas, lo hicieron de la forma que consideraban más dolía: utilizando la lengua materna de Cervantes y la de más de la mitad de catalanes. Todo un síntoma de las presiones internas que, sin duda, sufren a diario en su trabajo y que se evidenciaron cuando, por ejemplo, se sancionó a un mosso por redactar una diligencia en castellano.

Como señalaba acertadamente Juan Antonio Cordero, a propósito de lo anterior, ‘el integrismo nacionalista catalán no sólo existe, sino que lleva gobernando ininterrumpidamente desde el principio de la autonomía’. En el campo policial sus autores intelectuales fundamentales han sido, históricamente, Sellarès y Pujol. Obsérvese que este último siempre aparece al final del túnel nacionalista a modo de Gran Hermano ejerciendo un inconfesable, oscuro y totalitario control sobre los ciudadanos.

Uno, al final y después de visto lo anterior, se pregunta, tras la arenga de hace unas semanas del consejero de Interior, Felip Puig, a apoyar una hipotética secesión ilegal de qué bando se pondrían los miembros del cuerpo: ¿del de la ley integradora de todos o del de la identidad fundamentalista de unos pocos? No me cabe la menor duda sobre los policías de a pie -la gran mayoría simples trabajadores abnegados que realizan su labor lo mejor que pueden, ajenos al debate político en el que se les pretende implicar-; otra cosa sería sus mandos, verdaderos soldados de un ejército al servicio de un fin totalitario. Os vigilamos.

PD: Me llegan los datos que confirman mis previsiones sobre la consulta a los empleados del Ayuntamiento de Barcelona. Participación: 61,77%; sí: 89,68% y no: 9,9%. Me consuela conocer que la abstención ha sido, considerablemente, alta.

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