Opinión

La letra pequeña

‘Revisé los contratos de otras cuentas con otras entidades financieras y de distintos seguros (casa, coche, mutua de seguro médico) y, en todos, había un denominador común: todos estaban redactados en letra pequeña, ilegible y no-cooperadora. Ésta es la práctica habitual y generalizada de bancos y compañías de seguros: contratos en letra pequeña para que los clientes los firmen ciegamente, sin haberlos podido leer’.

Manuel I. Cabezas González
Jueves, 6 de diciembre de 2012 | 10:45

La esclavitud es la subordinación, la sumisión o la explotación totales de un ser humano por otro ser humano. El estatus de esclavo transforma al ser humano en un objeto o instrumento o máquina de producción y de enriquecimiento personal de otra persona. Esta explotación total del ser humano tiene orígenes distintos (vencidos en guerras, pueblos conquistados, deudas, etc.) y ha adoptado diferentes formas a lo largo de la historia. Sólo tres pinceladas.

Entre los romanos, y esto quedó recogido en el derecho romano, si un ciudadano no pagaba sus deudas, el acreedor podía cogerlo y llevarlo, manu militari, ante el pretor, que ostentaba el poder judicial. Y si éste emitía un veredicto condenatorio, el acreedor podía vender al deudor en pública subasta para recuperar la deuda o forzarle a trabajar para él, el resto de su vida.

En la Edad Media y durante varios siglos, los piratas y los berberiscos patrullaron todo el Mediterráneo secuestrando y convirtiendo en esclavos a los cristianos que surcaban el Mare Nostrum. Sin embargo, no los utilizaban para hacerles trabajar, sino para intercambiarlos por un suculento rescate crematístico. Este comercio humano fue tan importante y tan grave que, a finales del siglo XII y principios del XIII, surgieron dos órdenes religiosas (la Orden Trinitaria y la Orden de la Merced), con el objetivo de redimir, previo pago pecuniario, a los cristianos en manos de musulmanes y piratas, tanto monta, monta tanto. Un rescatado ilustre fue Miguel de Cervantes; por su libertad, los PP. Trinitarios pagaron, en 1580, 500 ducados de oro.

En la actualidad, la esclavitud sigue existiendo, tanto en sus formas tradicionales (27 millones de esclavos), como en forma de nuevas esclavitudes. Entre estas últimas, en países como España, está la modalidad de esclavitud propiciada y provocada por esos ladrones de cuello blanco, que tienen sus guaridas en esas modernas cuevas de Alí Babá, que son las entidades financieras y las compañías de seguros. ¿El medio utilizado? La letra pequeña de los contratos y documentos que presentan a sus clientes.

Hace unas semanas, en una sucursal bancaria de Cerdañola del Vallés (Barcelona), intenté abrir una cuenta corriente. Cuando el empleado me presentó el contrato de la misma, constaté que, en el clausulado del contrato, se había utilizado una tipografía tan pequeña, que lo hacía ilegible. Estaba escrito en lo que tradicionalmente se denomina letra pequeña. Reclamé un contrato más legible y cooperador (sin letra pequeña), pero la entidad financiera no pudo o no quiso entregarme un contrato ortodoxo y transparente (en tipografía tipo 12, que es el tipo estándar).

Ante la constatación de este hecho, revisé los contratos de otras cuentas con otras entidades financieras y de distintos seguros (casa, coche, mutua de seguro médico) y, en todos, había un denominador común: todos estaban redactados en letra pequeña, ilegible y no-cooperadora. Ésta es la práctica habitual y generalizada de bancos y compañías de seguros: contratos en letra pequeña para que los clientes los firmen ciegamente, sin haberlos podido leer. Y después pasa lo que ha pasado con la basura financiera (créditos hipotecarios-trampa, preferentes, deuda subordinada, etc.) y con los seguros de todo tipo, productos comercializados por esos tontos útiles y cooperadores necesarios (el personal de tropa) de las sucursales bancarias o de las corredurías de seguros.

En otra ocasión, analizaré el tipo de lenguaje utilizado en esta literatura opaca, farragosa y engañosa, que es un jeroglífico incomprensible, incluso para los propios comerciales de bancos y seguros. Hoy levantemos acta de lo que los lingüistas llamamos la mise en page (o edición o presentación material) de los contratos, en los que se utiliza sólo letra pequeña. Ésta, según la expresión tradicional, sirve para dar forma a las cláusulas secundarias de un contrato, que generalmente figuran en él en caracteres pequeños. Ahora bien, los contratos, que proponen a la firma las entidades financieras y las compañías de seguros, están redactados sólo en letra pequeña. ¿Por qué? La letra pequeña es el instrumento moderno para esclavizar, sine díe, a los confiados clientes de hipotecas y/o de basura financiera y/o de seguros. En efecto, cada vez son más los poseedores de hipotecas que se están quedando sin sus viviendas, pero con la deuda del crédito hipotecario; son casi dos millones las familias que han puesto en entredicho sus ahorros de toda la vida; y todo ello a causa, entre otras cosas, de la letra pequeña, que los ha convertido en esclavos del siglo XXI.

Ante todo esto, me he preguntado si los bancos y los seguros utilizan la letra pequeña en los contratos porque tienen inquietudes y conciencia ecológicas, porque piensan en el futuro de nuestro planeta y porque ponen en práctica el principio de la sostenibilidad: consumir menos papel e indultar, en consecuencia, miles o millones de árboles. No lo creo. Basta con tener en cuenta los resultados producidos con el uso de la letra pequeña: engaño, estafa y robo a los pequeños ahorradores. Más bien, creo que la letra pequeña es pequeña para que no se lea; más bien creo que si la letra pequeña fuera más grande, leeríamos más y nos engañarían menos. Ante el contrato que me presentó el comercial de la entidad financiera de Cerdañola, yo me dije: “No sé si la letra es muy pequeña o yo necesito gafas”. Lentes ya tengo; ergo, la letra era pequeña.

Manuel I. Cabezas González es profesor titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona

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8 Comments en “La letra pequeña”

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  1. Jose Orgulloso - Jueves, 6 de diciembre de 2012 a las 12:34

    Si no me falla la memoria, el Código de Consumo de Cataluña estableció allá por el año 2002 que la medida mínima de la letra era el equivalente a 10 puntos, un poco menos que los 12 que Ud menciona pero en cualquier caso muy legible. Si le interesa supongo que podría buscarle el decreto en el que se aprobaba.

  2. ercachondo - Jueves, 6 de diciembre de 2012 a las 14:05

    Permitir no hacer bien las cosas, no sólo es tolerar que se hagan mal, es colaborar a
    que se hagan peor.

    Usos y Abusos en la Banca Española.
    Jose Junyent.

  3. Manuel I. Cabezas - Viernes, 7 de diciembre de 2012 a las 01:38

    Jose Orgulloso,

    · Le confieso que desconocía el detalle de la medida mínima de la letra (10 puntos) en los contratos, según el Código de Consumo de Cataluña. Si me envía el decreto donde se regula este aspecto del código de consumo, le doy las gracias de antemano.

    · De todas formas, Sr. José Orgulloso, diga lo que diga el precitado código, el tamaño de letra estándar, según los lingüistas que han analizado la “legibilidad” y la “cooperación” textuales, es el tipo 12.

    · No respetar este condicionante, como lo precisa muy certeramente el Sr. Ercachondo (José Junyent), es “permitir no hacer bien las cosas, (…) es tolerar que se hagan mal, es colaborar a
    que se hagan peor”.

    Un cordial saludo,

    Manuel I. Cabezas

  4. Romualdo - Viernes, 7 de diciembre de 2012 a las 08:57

    Los poderosos tienen cincuenta mil maneras de ponernos a su servicio y quedarse con nuestro dinero. Una de ellas ha sido tradicionalmente la letra pequeña.

    El decreto que dice D. José Orgulloso existirá pues legislación del organismo correspondiente respecto a los Derechos del Consumidor no faltará. Pero, ¿Se cumple? ¿Cuántas normas de obligado cumplimiento son incumplidas por falta de información del consumidor y dejación de la Inspección correspondiente?

  5. Jose Orgulloso - Viernes, 7 de diciembre de 2012 a las 17:58

    Don Manuel, lo buscaré de inmediato.

    Lo del tamaño 10 es el mínimo exigible. Evidentemente, cuanto mayor, mejor (y no me interprete mal, permítame la broma).

  6. JIX - Lunes, 10 de diciembre de 2012 a las 00:58

    El otro día publiqué en mi blog un comentario sobre una sentencia de la AP de Barcelona que entraba de lleno en este asunto. Les paso el link (no tiene hipervínculo, con lo que toca copiar – pegar).
    Atentamente.

    http://juanignacioxiberta.wordpress....sentencia/

  7. Manuel I. Cabezas - Lunes, 10 de diciembre de 2012 a las 10:01

    JIX,

    · Muy ilustrativo y complementario el artículo (“La letra pequeña de los contratos.Interesante sentencia”), publicado en vuestro blog XIBERTA ABOGADOS.

    · A pesar de que la síntesis que habéis hecho de la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona es muy cooperadora, me gustaría que nos dieseis la referencia de la precitada sentencia, para poder ir a la fuente.

    · Ya que estamos, me gustaría tener información precisa, si la hay, sobre el tamaño de la tipografía en los contratados

    Gracias y un cordial saludo,

    Manuel I. Cabezas

  8. AFOR - Lunes, 10 de diciembre de 2012 a las 16:48

    Muy bien Manuel I. Cabezas al tratar el tema de “la letra pequeña” de los denominados contratos de adhesión (banca, seguros, etc.(.

    Acabo de estar en Londres y allí, a diferencia de aquí, la picaresca no está al orden del día y, además, todo el mundo, al parecer, paga sus impuestos. Decididamente, en España, nos queda un largo trecho por recorrer para llegar a disfrutar de una democracia de alta calidad.

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