Lazos amarillos: es la hora

25.12.2012 | 10:49
 

Jean Jacques Rousseau decía que “la única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna”. Comparto su opinión y defiendo el laicismo que debe acompañar, por definición, siempre al Estado.

Sin embargo, dejando claro lo anterior, no veo inconveniente alguno en celebrar, libremente, la tradición de la Navidad, como forma de recogimiento interior y encuentro familiar. Así, muchos ciudadanos nos preparamos para la Nochebuena. Con la noche de paz se inicia formalmente unas fiestas pensadas, fundamentalmente, para los niños; que tendrán su punto culminante para ellos, el día de reyes.

Comenté en una entrada anterior que una fiesta nacionalista no es una fiesta de todos los catalanes y así, en estas fiestas -que deben serlo de los ciudadanos de Cataluña- el nacionalismo catalán, también, pretende la diferencia por la diferencia imponiendo unas supuestas variaciones ancestrales con el resto de España. Por una hábil propaganda se nos sugiere no celebrar la noche del 24 de diciembre y sí San Esteban e, incluso, admitir Santa Claus y otras tradiciones nórdicas y/o montañeras, como la del Tió, por delante del árbol de Navidad o, incluso, de los Reyes Magos.

No deberíamos caer en la trampa y sí relativizarlo todo, no excluyendo a nada ni a nadie; sobre todo ahora que, al parecer, del Belén tendríamos que sacar al buey y a la mula y que los magos no eran reyes y venían de la antigua Tarsis-Tartesos, actual Andalucía.

No será fácil. Les ha faltado tiempo a los voceros del nacionalismo para hacer chanza a costa de lo anterior (‘Ni buey ni mula y con unos Reyes Magos que vienen de Lepe y no de Bagdad’, escribía, desafortunadamente, Joan Barril, recientemente). ¡Maldita la gracia que no sabe respetar!

El lenguaje nacionalista tan proclive a denigrar lo que considera ajeno y a aparentar que sabe reírse de sí mismo, sin embargo, no deja espacio para el disidente. También en estas fiestas pareciéramos condenados, sin remisión, a aguantar un único punto de vista, hecho oficial.

Lazo amarillo.

Pues miren, no; este año, por ejemplo, cuando vengan sus majestades los reyes de oriente a Barcelona, deberíamos exigir que nos hablen en las dos lenguas oficiales, catalán y español; por respeto a la pluralidad lingüística que el Estatuto de Autonomía de Cataluña y la Constitución reconocen, y que se celebre una cabalgata basada en el respeto a esa realidad barcelonesa. Como ello no será posible, propongo que actuemos ya; con una fácil forma de protesta -que ya se apuntó hace tiempo en círculos reducidos-, llevando ese día los padres catalanes castellanoparlantes -y los catalanoparlantes conscientes de la injusticia- un lazo amarillo que represente la esperanza, en nuestro caso, de que llegue un día en el que la igualdad de los ciudadanos ante la ley sea respetada en esta Comunidad Autónoma más allá de su procedencia étnicolingüística, en la que exista libertad de elección y respeto institucional escrupuloso por las dos lenguas oficiales.

Ese lazo amarillo deberíamos, más allá de las fiestas, llevarlo todos siempre que acudamos a un acto público organizado por el poder nacionalista; nuestros representantes, en el Parlamento autonómico y corporaciones locales; los empleados públicos conscientes, en las administraciones públicas; en nuestra participación en medios de comunicación, como contertulios o entrevistados; en nuestra vida social, defendiendo otra forma de hacer las cosas basada en la tolerancia y la convivencia; dentro de una estrategia global de desobediencia civil y como modesta pero contundente señal de protesta ante los hechos consumados que se no pretenden imponer.

Como apuntaban, hace unas fechas, en un excelente artículo, esos brillantes referentes de la izquierda no nacionalista en Cataluña que representan Félix Ovejero y Juan Antonio Cordero:

‘En este contexto, quizá sea cosa de comenzar a plantearse la posibilidad de la desobediencia pacífica y democrática ante un poder ilegítimo. No sólo como un imperativo moral en defensa de los derechos y las libertades individuales, violentadas con creciente impunidad por el nacionalismo institucional, sino como el único medio efectivo de defender los valores básicos de cualquier sociedad democrática avanzada: el imperio de la ley democrática; la seguridad jurídica de los ciudadanos; la garantía de los derechos individuales, tanto civiles como políticos y sociales; la separación de poderes; la ejemplaridad pública de los gobernantes; la neutralidad de las instituciones y la lealtad entre ellas; el reconocimiento y el respeto efectivo, en fin, de la pluralidad en el espacio público. Valores que el nacionalismo ha declarado oficialmente en suspenso en Cataluña después de erosionarlos silenciosamente durante su largo período de monopolio del poder autonómico; y que se degradan en todo el país ante la parálisis y la desidia -cuando no la abierta complicidad- de buena parte de los responsables de velar por ellos’.

1 comentario en “Lazos amarillos: es la hora”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.
  1. Daniel - Miércoles, 26 de diciembre de 2012 a las 09:09

    Jo mho poso. Contad conmigo y mi familia

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.