Opinión

Comprar cadenas

‘La ecuación es evidente: el prototrabajador, o aspirante, paga una cuota, que no se retorna, a cambio de nada. Sólo de participar en una entrevista. No hay ni costes de producción, por medio, ni absolutamente nada que se erija una pérdida económica para el empresario: sólo ganancia por un lacónico intercambio de puntos de vista’.

Oriol Alonso Cano
Jueves, 3 de enero de 2013 | 09:54

Acaba de salir a la luz pública la noticia en la que se destaca la apertura, en un colegio privado de la ciudad de Granada, de un proceso de selección para poder incorporar, en su plantilla docente, a un nuevo miembro. Ahora bien, cual es la sorpresa para cualesquier aspirante a entrar en liza del proceso, cuando observa que uno de los requisitos básicos es la de pagar una cuota de 190 euros por participar en la selección. Expresado en otros términos, todos aquellos que deseen entrar en la fase de selección de este colegio privado, deberán abonar esa cantidad económica como conditio sine qua non.

No obstante, cual estafa se tratase, el aspirante que no sea escogido, habrá perdido irremediablemente esa porción de su capital puesto que no hay reembolso si no se es seleccionado para el lugar de trabajo.

Por sí misma, esta medida me parece altiva y repugnante, si me permiten esta última expresión. Un derecho amparado por la Constitución, como es el trabajo, no sólo se ha convertido en una funesta odisea para millones de españoles, sino que ahora se erige en un motivo de negocio más. Como si no fuese suficiente la explotación a la que se ve abocado el trabajador, por parte de los presuntos emprendedores que empapan todo nuestro espacio e imaginario colectivo, ahora, con esta medida de este colegio privado granadino, se busca generar más plusvalor, aún si cabe, y, por ende, mayor riqueza.

La ecuación es evidente: el prototrabajador, o aspirante, paga una cuota, que no se retorna, a cambio de nada. Sólo de participar en una entrevista. No hay ni costes de producción, por medio, ni absolutamente nada que se erija una pérdida económica para el empresario: sólo ganancia por un lacónico intercambio de puntos de vista.

Esta es una de las encrucijadas en las que se encuentra la maltrecha sociedad civil española. Debe pagar de su bolsillo, no ya el hecho de desarrollar su actividad laboral, sino de participar en un proceso en el que, tal vez, no será el elegido y, en consecuencia, perderá irreversiblemente esa cantidad. Ya no se trata de la ilusión, golpeada y trillada por los oscuros devenires de nuestro país, sino de algo mucho más perverso: el individuo es capaz de pagar dinero de su propio bolsillo no ya para que se le explote, sino para que se le pueda explotar. Se paga la posibilidad, el deseo de ser explotado.

No vamos a penetrar en esta vetusta temática de la explotación, ya que nos alejaría ingentemente del objetivo de este lacónico artículo. Lo que se pretende es exhumar las argucias con las que algunos empresarios pretenden acrecentar su plusvalía, a costa de la ilusión y el talento de sus (no) trabajadores. La finalidad es ver como el grado de perversión de nuestros queridos emprendedores alcanza una cota tan alta, que sólo son capaces de mirar por sus intereses, olvidándose por completo de la dignidad ajena.

Por suerte, esta nueva modalidad de explotación todavía se halla en ciernes, es muy minoritaria, y, por ende, no se ha inoculado en la masa del tejido empresarial español. Sin embargo, se corre el riesgo de contagio. Bueno sería que sindicatos, gobiernos, partidos o cualesquier instancia intentase poner marras a estas embestidas que proceden de ciertos empresarios avaros. Como no sea de esta forma, y las medidas no provengan de instancias públicas o electas, las marras las urdirá y colocará la ciudadanía, con lo que ello puede acarrear, puesto que ésta empieza a ver como se consume la (poca) paciencia que le resta.

Oriol Alonso Cano es docente de Filosofía y Epistemología en la UOC e investigador de la Facultad de Filosofía de la UB

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11 Comments en “Comprar cadenas”

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  1. AFOR - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 10:21

    Completamente de acuerdo. Pongamos “marras a estas embetidas”.

  2. Pablito - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 11:11

    Sr. Oriol la convocatoria es libre. Quienes opten competir lo saben. Claro que perderan sus 190 euros si no son seleccionados. Quizá le sirva que en las loterías pasa eso mismo.
    Otra cosa sería y detestable que se obligara.
    ¿Censurable ?. No lo se. Quizá sea una forma de disuadir y evitarse entrevistar cientos de aspirantes que quizá no sepa Ud. la paliza es.

  3. juanjo - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 12:09

    pablito, para no tener una bolsa excesiva de preseleccionados ya esta la solución de pedir unos requisitos de nivel alto o muy alto. Lo otro es una manera de hacer negocio sin coste alguno o sea por la cara.

  4. Coque - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 16:16

    Seria interesante leer el anuncio de este empleo.
    Si los requisitos solicitados son muchos, no tendria razon de ser esta quota, pues solamente pidiendo un nivel alto se crivaria mucho el numero de aspirantes.

    Por otro lado, y es lo que me temo, si los requisitos son bajos y muy accesibles, creo que claramente nos estariamos enfrentando a un intento de hacer negocio por parte de colegio.

  5. Mariacruz - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 16:51

    Parece ” el timo de la estampita “.

    Otra cosa sería que si alguno recibe un puesto de trabajo.Los que le emplearon paguen ese dinero a medias a la “oficina de empleo” o colegio o lo que sea.
    Pero sin beneficiarse de nada pagar casi 200 Eu. = Tokomocho o el timo de la estampita.

  6. Romualdo - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 18:42

    Enhorabuena a Oriol Alonso. Efectivamente se trata del timo de la estampita que señala Mariacruz. Porque lo que viene ocurriendo desde hace ya más de diez o quince años es que el trabajo ha perdido la razón vital en que se sustentaba: Permitir a la persona sostenerse económicamente junto a su familia. Después venía la realización personal y profesional.

    Pero desde hace un par de décadas nos hemos enterado de que la experiencia “se come”. Porque a muchos jóvenes se les empezó a pagar en “experiencia”. Iban a los trabajos a “aprender”. y no cobraban. Una vergüenza cuya culminación es pagar por la “posibilidad” de trabajar.

    Nunca como en los momentos de crisis actuales hay que tener vigilado nuestro dinero. Porque los pícaros surgen entre esos emprendedores que denuncia Oriol. Y no se trata de la Agencia de Colocación que se lleva una comisión como sugiere Mariacruz. Se trata lisa y llanamente de un robo.

    Discrepo de Pablito. Si esta práctica no es ilegal que se haga una ley para perseguirla y sancionarla. Sólo falta que los “empleadores” ganen dinero con el hambre de trabajo.

    Reitero mi enhorabuena a Oriol por haber destapado el asunto. Es GRAVÍSIMO. Y que se empiecen a escribir artículos por parte de los expertos en Derecho Laboral sobre las prácticas fraudulentas y la pérdida de dignidad de los trabajadores. Sí, de esos que cobran en experiencia, o en el mejor de los casos reciben una “propina”. Harto escaso es el salario mínimo como para que encima se le escamotee al trabajador.

    Y que el nombre de ese Colegio y sus directivos dé la vuelta a España para vergüenza del mismo y como revulsivo para esta sociedad y los políticos que la dirigen. Si es ilegal sanción inmediata. Si no lo es decreto-ley inmediato ilegalizando dicha práctica.

  7. Sara - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 20:08

    Felicidades por el artículo. Es una situación muy grave la que se está destapando

  8. Angel - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 20:18

    Es increible que se cobre por presentarse para obtener un trabajo,tanto si es publico o privado,algunos ayuntamientos tambien cobran,no 190 euros,pero cobran por los papeles para obtener una plaza.Es un timo y espero que les multen por semejante barbaridad.

  9. Ramón Ibero - Jueves, 3 de enero de 2013 a las 20:33

    NORMAS

    1) Sólo hay derecho a cobrar algo por aquello que cuesta algo.
    2) No hay derecho a cobrar nada por aquello que no cuesta nada.
    3) Si en una cadena de trabajo hay alguien que no cobra, los demás no tienen derecho a cobrar.
    4) Si en una cadena de trabajo hay alguien que cobra, los demás también tienen derecho a cobrar.

    Evidentemente, estas normas son demasiado simplistas y por lo tanto imperfectas. Aun así, yo procuro tenerlas presente como referencias y, a falta de otras mejores, las aplico y las recomiendo siempre que lo considero adecuado.

    Considero que el sistema capitalista en cuanto explotación del ser humano por el ser humano también tiene sus límites.

  10. Volem la independència i rodes noves pel tractor - Viernes, 4 de enero de 2013 a las 03:34

    Dejando de lado lo de los 190 euros, hay varios conceptos que encuentro desafortunados y más propios del Pravda o del Gramma que de un medio de comunicación inmerso en una sociedad con economía de mercado donde se comprende (o debería haberse entendido ya) que son los empresarios quienes crean riqueza y empleo. No los crean los Gobiernos; no los crean los Estados; no los crean tampoco los sindicatos. Organismos, todos ellos, que lo único que generan es parasitismo en forma de burocracia, funcionariado y cargos públicos. Son las empresas privadas quienes crean puestos de trabajo productivos y riqueza para la nación.

    Por eso me parece totalmente caduca dialéctica comunistoide del artículo como la siguiente:

    Como si no fuese suficiente la explotación a la que se ve abocado el trabajador, por parte de los presuntos emprendedores que empapan todo nuestro espacio e imaginario colectivo, (…) el individuo es capaz de pagar dinero de su propio bolsillo no ya para que se le explote, sino para que se le pueda explotar. Se paga la posibilidad, el deseo de ser explotado“.

    Nadie explota a nadie en una empresa, don Oriol. Déjese de maniqueísmos del tipo: empresario, desalmado; obrero, víctima. Un señor trabaja y, si a cambio, recibe lo estipulado, no existe explotación de clase alguna. ¿Se siente usted explotado después de haber trabajado para La Voz de Barcelona escribiendo este artículo?

  11. Romualdo - Viernes, 4 de enero de 2013 a las 12:31

    Volem….:

    Sobre la explotación de los trabajadores hay mucho que hablar. Porque la distribución de la riqueza es el gran problema de la sociedad. El origen está mas bien claro: El trabajo. A partir de ahí ¿Cómo asignar la parte de beneficio a cada cual?

    No es fácil y conocemos casos de auténtica explotación. Unas veces porque la ley no se cumple, no olvides quién es el fuerte en estas relaciones incluso para ser denunciado, y otras porque es descaradamente favorable al propietario de los medios de producción.

    No digamos nada cuando los gobiernos favorecen descaradamente la reducción de derechos, o si prefieres de conquistas sociales en el reparto de beneficios, a los trabajadores. Unas veces porque estamos en crisis y otras porque se “crecerá más”. La solución, como dice la izquierda siempre es la misma: Recortar derechos, abaratar el despido, ampliar la jornada, alargar la vida laboral… Da igual si estamos en tiempo de bonanza o de crisis.

    Nos preparan para “competir” con países que no tienen ninguna cobertura social. No se trata de que lo que es legal sea justo. Únicamente es legal. Como lo era la jornada de dieciséis horas en el siglo XIX.

    Hoy el trabajador a pasado a un grado de explotación mayor que hace un año. Los que clamaban por empeorar las condiciones de trabajo de los empleados se han salido con la suya.

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