¡Duran, vete ya!

10.01.2013 | 11:23
 

“Un viaje crucial [el que hice a Cataluña en 1953]. Fue fundamental para mi trayectoria como historiador. El contacto con una Cataluña sofocante, con esa presión del Gobierno [franquista] sobre el idioma, me hizo sentirme muy cercano a los catalanes. Al ver lo que estaba intentando hacer Vicens Vives, desmitificar la historia de Cataluña, enseguida me encontré del lado de este grupo. Me di cuenta del peligro de la mitología en la formación de identidades colectivas y nacionales. Me habría gustado que en la Cataluña actual Vicens Vives hubiera ganado esa batalla, pero después de una o dos generaciones parece que no la ganó. Para mí ha sido muy triste, porque creo que una sociedad necesita sus mitos, pero si los mitos dominan y entorpecen una auténtica investigación, llegamos a una situación en la que el pueblo queda ensimismado y adopta una postura de agravio pensando que todos los desastres han sido culpa de otros. En ese momento es cuando se llega a una situación de crispación por cualquier problema. Hay políticos que se aprovechan de esto para fortalecer los mitos, para poner un énfasis excesivo, otra vez, en el victimismo y no darse cuenta de los problemas internos de una sociedad. Eso es lo que me preocupa especialmente” (John H. Elliott, en una entrevista publicada en El País el 6 de enero de 2013).

Pensaba dedicar mi entrada de hoy al peligro de la mitología nacionalista que denunciaba John H. Elliott en la entrevista a la que hago referencia arriba. Sin embargo, el mejor analista jurídico-político independiente que existe en Cataluña, el catedrático de Derecho constitucional de la UAB, Francesc de Carreras, se me ha adelantado en un excelente artículo cuya lectura ya recomendaba Daniel Tercero en su blog.

Así que, aprovechando la misma entrevista, dedicaré la entrada a uno de esos “políticos que se aprovechan” de la crispación en la sociedad catalana fortaleciendo, una vez y otra, unos mitos que desembocan en el victimismo y en la ocultación de los problemas reales internos de la misma, en palabras de Elliott: Josep Antoni Duran i Lleida, el líder nacionalista democratacristiano catalán.

Sabíamos de su homofobia, como ya denuncié en otra entrada de este blog, y de la utilización demagógica de la acción política de la que es un auténtico maestro. Sin embargo, pensábamos que cumpliría su palabra dada en el año 2000 de dimisión si se demostraba la financiación irregular de Unió Democràtica de Catalunya. Se ha demostrado y sigue sin asumir responsabilidades y sin aparecer.

Las explicaciones oficiales que ha dado su partido, a través de Marta Llorens, en un ejercicio de cinismo al que ya nos tienen acostumbrados los políticos de este país en su relación con los ciudadanos, sólo merecen tomárselas a broma como hizo el Gran Wyoming en el programa de La Sexta que dirige, El Intermedio (ver la parte segunda del vídeo).

Así, como ya pedí para el impresentable Felip Puig con escaso éxito; por dignidad e higiene política y democrática, cumple tu palabra: ¡Duran, vete ya!

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