Daños colaterales (II): el hundimiento de Barcelona debido a los nacionalismos

14.01.2013 | 16:03
 

“El nacionalismo catalán no es otra cosa que el nacionalismo español aplicado a un lugar rústico, agrícola, con maneras poco educadas… Pero dicen lo mismo. Es una mafia que se ha hecho con el poder económico y que no hay manera de desbancarla, porque sabe que si la desbancan, va a la cárcel. Así que van a luchar a muerte para tener sus jueces comprados, su policía propia… Ahora bien, son rústicos pero no tontos y saben que en 30 años de nacionalismo han hundido Barcelona. Y hundir Olot, o Vic, no importa, pero hundir Barcelona, que era lo único de Cataluña que tenía algo que ver con Europa es muy serio” (El Cultural, 11 de enero de 2013).

Comencé la serie de los daños colaterales del nacionalismo catalán con una constatación económica objetiva: el boicot a los productos catalanes que ya se produce en el resto de España y que está contribuyendo al hundimiento económico de Barcelona y el resto de Cataluña.

Quizás más importante sea, todavía, el hundimiento cultural de la ciudad; al que ya dediqué una entrada y que tiene mucho que ver con la censura institucional -contra todo lo español- instalada por los gobiernos nacionalistas autonómico y municipal durante décadas. Es el reverso de la moneda de la censura vivida -contra todo lo catalán- durante décadas, fundamentalmente, las del franquismo.

“El catalanismo ha cometido varios pecados, y uno fue ignorar el papel de las clases populares”, decía el escritor Albert Sánchez Piñol, en una entrevista en la que, además de recordarnos que “quien murió defendiendo la capital de los catalanes [en 1714] fue un castellano” -en referencia a Antonio Villarroel-, coincide en cierta manera con Félix de Azúa, al señalar que “los dos bandos, el catalanismo y el españolismo, intentaron parasitar los hechos históricos para hacerlos a su medida”.

Recopilando: se hace necesario en Barcelona recuperar la memoria histórica sobre ese papel fundamental de la clase trabajadora en la conformación de la ciudad y su entorno como motor de construcción y desarrollo; una clase social internacionalista por definición, ajena a los intereses oligárquicos dirigentes y que ha quedado olvidada así por uno y otro nacionalismo.

En este sentido, se hace necesario, recuperar artículos que incluso sufrieron censura, como este que acompaño de Gregorio Morán, Las trampas del redentor, escrito en 1999 y dedicado a Jordi Pujol, que en su momento llegó al escándalo porque fue censurado por La Vanguardia y en el que se hablaba, nada más y nada menos, de que ‘la doblez pujoliana es uno de los hallazgos de la historia contemporánea de este país’:

‘Les guste o no les guste a muchos, la herencia de Cambó y la de Macià, al final se redujeron al espíritu de Jordi Pujol, porque toda evolución lleva en sí cierto deterioro; mejora quizá la especie pero se pierde algo en el género. Él ha conseguido redimir a esas clases sociales, desde los industriales a los tenderos, de su mala conciencia histórica. Mientras ellos ganaban o ahorraban, él luchaba por Cataluña. Él es el redentor de todos aquellos que colaboraron o se beneficiaron de una inicua dictadura, porque es verdad que ellos amaban Cataluña, pero primero estaba lo que estaba. Él es el único, el que pasó cárcel por todos ellos.

Esta es una sociedad que además del peso religioso tiene una coraza histórica que la hace fascinante. Los casi veinte años de olimpo pujoliano han conseguido tal nivel de confusión que algunos políticos no se han enterado que la denuncia no es beneficiosa para el denunciante y perjudicial para el denunciado, sino al contrario. Cuando algunos dirigentes se escudan en la falta de pruebas para no desenmascarar la corrupción de la galaxia pujoliana, se están engañando. El problema no es de pruebas ni de ilegalidades, es de otra cosa, esa cosa que conformó una cierta singularidad de la Cataluña de postguerra, la doblez […].

En casi veinte años se ha creado un sindicato de intereses de tal envergadura, que al final se impone como moral social la propia doblez pujoliana: no somos como somos sino como creemos que somos. Jordi Pujol no tiene otro enemigo que la sociedad nueva, la que está emergiendo, la que desconoce absolutamente la doblez sobre la que está construida la hegemonía política de este país. Y la desconoce por dos razones. Una, porque nosotros no se lo contamos y la otra porque para eso está el president Pujol”.

¿No les parece de plena actualidad? Han pasado ya otros catorce años y como en los viejos tiempos en los que se escribió el artículo, algunos pretenden que sigamos desconociendo la doblez de la clase dirigente catalana. La sociedad nueva, que es fundamentalmente trabajadora, no se lo permitirá; la partida se juega en Barcelona y nos va en ella el futuro.

3 Comments en “Daños colaterales (II): el hundimiento de Barcelona debido a los nacionalismos”

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  1. Joffeca - Lunes, 14 de enero de 2013 a las 23:01

    Si señor, un artículo lúcido y atrevido por venir de un señor barcelonés que se le llaman D. Federico Llosa Marsé. Le vaticino no pocos disgustos y escasos éxitos, para los que unos y otros se presta alguna aburguesada, comprada y cínica prensa barcelonesa a cuyo frente se halla La Vanguardia que subsiste a base de acaramelarle las corrupcciones a CIU y envenenar las noticias sobre los partidos de ámbito nacional.
    Reciba, Sr. Llosa, mi más sentido aplauso y moral apoyo, pues lo va a necesitar contra la lluvia lapidaria que recibirá de unos y otros.
    Un abrazo.

  2. Peter Griffin - Martes, 15 de enero de 2013 a las 16:45
  3. Federico Llosa Marsé - Martes, 15 de enero de 2013 a las 18:41

    Gracias a todos por la participación.

    A Peter Griffin le agradezco, especialmente, el video que nos acompaña. Sirve.

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