El extraño caso del doctor Trias y el señor Mas

01.02.2013 | 10:26
 

El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (en inglés Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde), a veces titulado simplemente El doctor Jekyll y el señor Hyde, es una novela escrita por Robert Louis Stevenson y publicada por primera vez en inglés en 1886, que trata acerca de un abogado, Gabriel John Utterson, que investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el Dr. Henry Jekyll, y el misántropo Edward Hyde. El libro es conocido por ser una representación vívida de un trastorno psiquiátrico que hace que una misma persona tenga dos o más identidades o personalidades con características opuestas entre sí (fuente: Wikipedia).

Algo parecido a lo que refleja la ficción de aquel inolvidable libro acontece hoy en la realidad, en las relaciones cotidianas entre el doctor Trias y el señor Mas; de suerte que uno tiene la íntima sensación de que son la misma persona. El que se presenta de día como alcalde de Barcelona y defensor de los más desfavorecidos, por la noche se convierte en banquero del presidente de la Generalidad de Cataluña al servicio de la causa reaccionaria de la secesión. Esta personalidad bipolar que dura desde que aquel llegó al poder, ofreciéndole sin ton ni son ingentes fondos públicos del consistorio –es decir, de todos los barceloneses- sin garantía ni interés, hace que la deuda acumulada de la Administración autonómica con la ciudad alcance ya, oficialmente, los 235 millones de euros.

Destacan como anticipos más mediáticamente conocidos los siguientes: CEIP Mediterrània, Barcelona adelanta 4,6 millones de euros de la construcción del colegio que debería pagar la Consejería de Enseñanza. La Generalidad supedita la suma a “la existencia de crédito”; Spanair, en noviembre del 2011, la ciudad presta a la Generalidad 25 millones para la aerolínea. Se desconoce cómo serán devueltos; Dhub, la Generalidad adeuda, desde los tiempos del tripartito, dos tercios del coste del edificio de Glorias (unos 66 millones de euros); F1,  Barcelona da cuatro millones de euros al Circuito de Montmeló, que deja de aportar la Generalidad.

Mientras esto sucede, paralelamente, los servicios sociales se resienten, las plantillas de funcionarios no se renuevan congelándose la oferta pública de ocupación o la tan necesaria Línea 9 del metro permanece, prácticamente, paralizada, por poner ejemplos significativos, de necesarias inversiones municipales sin dotación presupuestaria.

La respuesta oficial del alcalde, al ser interpelado por el tema, fija como prioridades, entre otras más o menos vagas e indefinidas: el objetivo “de país” [por Cataluña]. Sin embargo, no corresponde a Trias realizar labores para las que no fue nombrado ni es competente. Otra cosa es que anteponga a sus obligaciones institucionales basadas en el principio de autonomía local, su deber de sometimiento a la jerarquía del partido al que pertenece y a su ideología nacionalista.

Esperemos que al bueno del doctor Trias no le suceda como al personaje de ficción y a fuerza de prestar ayuda a su jefe acabe convertido en su oscuro alter ego permanentemente. Si esto sucediera, ¿para qué querríamos alcalde? ¿Desaparecerá, entonces también, cuando lo haga el presidente de la Generalidad al que le auguro vive su último mandato? Al menos, así, habríamos matado dos pájaros de un tiro.

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