Opinión

Corrupción sistémica

‘Cabe recordar que la democracia basada en los partidos políticos no es perfecta; pero como dijo Winston Churchill es el sistema menos malo de todos los conocidos. Mejorarlo es posible, depende de todos nosotros’.

Bernardo Fernández
Viernes, 1 de marzo de 2013 | 08:59

Fraude fiscal, fuga de capitales, economía sumergida o corrupción política son, entre otras, expresiones que desgraciadamente se han instalado en nuestro vocabulario como algo habitual. Debería quedar claro que la corrupción no es una exclusiva de la clase política; sucede en otros ámbitos, allí donde hay poder, allí donde hay dinero es posible que haya corrupción. Pero a lo público hay que exigirle un plus de rigor, ya que son recursos a los que todos contribuimos. Ciertamente, en todos los sistemas políticos hay corrupción, es lago intrínseco al ser humano y a la misma política. En consecuencia, el tema es: cómo se combate esa lacra.

De hecho, la corrupción, entrelazada a otras actividades, ha sido una constante en nuestro país, como mínimo desde los años 90. Entonces afloraron casos como los de Banesto, Roldán, Gil y Gil y un largo etcétera; sin olvidar que una decena larga de consejeros autonómicos de Jordi Pujol estuvieron imputados en presuntos casos de corrupción. También del entorno del ex presidente de la Generalidad salieron diversos personajes que es posible que pasen a la historia como auténticos tahúres y expertos del mercachifle. Quién no recuerda a Joan Piqué Vidal, Joan Antoni Carreté, Javier de la Rosa o al inefable Félix Millet.

Según una reciente encuesta de Metroscopia, el 96% de los españoles considera que en la vida política hay mucha o bastante corrupción. Por su parte, el barómetro de 2012 de la Oficina Antifraude de Cataluña dice que para el 93% de los catalanes la mencionada corrupción es algo grave o muy grave. Pues bien, por si fuera poco, ahora, de golpe, han salido a la luz diversos episodios de corrupción. Como es lógico, la ciudadanía está indignada. Además, sucede en un momento en que la crisis económica unida a otra institucional lo anegan todo: desde la monarquía a los partidos políticos, desde el Consejo General del Poder Judicial a miembros del Gobierno o responsables de cualquier ayuntamiento.

Para evitar desmanes los partidos políticos deberían estar sometidos a estrictos controles, ya que son entidades a las que se les concede el monopolio de la representación política y, a su vez, se financian con recursos públicos. Pues bien, nos encontramos con que la ley española de partidos políticos permite, en la práctica, que éstos se autorregulen, cosa nada habitual en otros países de larga tradición democrática. En Alemania, por ejemplo, los partidos están obligados por ley a celebrar congresos bienales y los delegados que asisten a los mismos han de ser escogidos por votación secreta entre los militantes. También es de obligado cumplimiento que los aspirantes a cargos públicos sean elegidos en elecciones primarias. Así como que las organizaciones se sometan periódicamente a auditorías externas. Se trata, en definitiva, de establecer los controles pertinentes para que la corrupción no se convierta en un mal endémico.

De igual modo, sería oportuno establecer una normativa legal según la cual los órganos ejecutivos de los partidos fueran responsables, a todos los efectos, de las cuentas de sus organizaciones, como lo son los consejos de administración de las empresas. En ese supuesto, serían los integrantes de las comisiones ejecutivas los que en primera instancia exigirían claridad y transparencia en las cuentas.
También hay que elaborar una ley de transparencia de verdad, que sea eficaz en la lucha contra la corrupción. El texto que ha propuesto el PP para elaborar una ley tan necesaria además de insuficiente es incompleto; no estaría de más buscar equivalentes que sirvieran de referencia en la Unión Europea.

No cabe esperar que el sistema se regenere por si solo. Eso no sucederá nunca. Tal vez sea necesaria una amplia movilización ciudadana, al estilo de las realizadas por los afectados por las hipotecas que exija una nueva ley de partidos políticos. Sería positivo buscar algún prototipo allende fronteras: Alemania podría ser un buen ejemplo. Allí, la transparencia y la democracia interna vienen impuestas por ley. Entre otras cuestiones en esa iniciativa legislativa deberían figurar asuntos como imponer congresos en períodos de tiempo predeterminados. O exigir las elecciones primarias con sufragio universal y secreto como un sistema habitual de elección de los candidatos a cargo público. También sería conveniente exigir auditorías externas e independientes como herramienta habitual. Estas medidas y otras muchas que se deberían adoptar, harían que nuestro sistema político fuera más cercano y, a la vez, más creíble.

La justicia también debe hacer su aportación para solventar el problema y para ello es necesario que acompase su ritmo a los ritmos de los tiempos. No es de recibo que una causa se eternice y se tarden años y años en tener una sentencia. Ahí, la referencia podría ser Estados Unidos. De todos modos, cabe recordar que la democracia basada en los partidos políticos no es perfecta; pero como dijo Winston Churchill es el sistema menos malo de todos los conocidos. Mejorarlo es posible, depende de todos nosotros.

Bernardo Fernández Martínez es ex diputado autonómico del PSC y consejero nacional de la Federación de Barcelona del PSC

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4 Comments en “Corrupción sistémica”

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  1. Pablito - Viernes, 1 de marzo de 2013 a las 09:28

    Sr. Fernández, estoy de acuerdo y comparto cuanto dice.
    Pero no cree que en España lo que sobran son leyes y normas y, lo que hace falta es exigir que se cumplan.

  2. Manuel I. Cabezas - Viernes, 1 de marzo de 2013 a las 12:04

    Don Bernardo,

    • No sé si este lacónico comentario llegará a sus ojos. La semana pasada, le dediqué dos reflexiones, desde la óptica de la HONESTIDAD RADICAL y respetando escrupulosamente la cortesía lingüística, pero fueron eliminadas “illico” por una mano censuradora e irracional. Espero tener más suerte hoy. Y si se me censura nuevamente, me gustaría que se me indicaran los límites que he sobrepasado para no volver a tropezar en la misma piedra.

    • Don Bernardo, hoy diserta Ud. sobre la “CORRUPCIÓN SISTÉMICA” y, ya desde el título (cf. “sistémica”), Ud. pone el ventilador y pontifica, ahora que no tenemos pontífice, afirmando que la corrupción es un mal endémico (habitual y permanente), que concierne a todo el mundo. Creo sinceramente que Ud. nos quiere hacer comulgar con esta ruda de molino y nos podemos atragantar.

    • Don Bernardo, la madre de todas las corruptelas tiene un único origen y un único responsable máximo: LA CASTA POLÍTITICA, que monopoliza los tres poderes (el legislativo, el ejecutivo y el judicial) y que no piensa en servir a la ciudadanía sino en servirse del poder en beneficio propio. Las hemerotecas están ahí para verificar lo que digo.

    • Le recomiendo que lea Ud., en la hemeroteca de LVdB o en el blog HONESTIDAD RADICAL, una reflexión, sosegada y preñada de sentido común, que titulé, hace unos meses, “LA BURBUJA POLÍTICA”.

    • Si Ud. recoge mi guante y se presta a eso tan humano y democrático que es el comercio lingüístico entre iguales, volveré a coger mi pluma para continuar este intercambio de puntos de vista sobre otros aspectos relativos a su nueva deposición lingüística. ¡Salte a la arena, como le pide Pablito en su comentario! ¡Abandone, de una vez, el burladero y fájese con sus discrepantes lectores! De la confrontación sólo puede saltar la chispa y con la chispa la luz.

    Manuel I. Cabezas
    (1.03.2013)

  3. Romualdo - Viernes, 1 de marzo de 2013 a las 12:16

    Desde el momento en que se convoca una cumbre contra la corrupción tratando de proteger políticamente a los imputados sabemos perfectamente de qué va el asunto.

    Y en este aspecto los distintos partidos políticos se entienden a las mil maravillas. Es en lo que más fácilmente se ponen de acuerdo y en el que más coinciden. Coinciden en sus corruptelas y en sus propuestas para solucionarlas. Porque no se quiere solucionarlas sino hablar de ello para que parezca que quieren acabar con el problema.

    Como dice Pablito sobran leyes. Pero si tiene que ser con leyes mejor. El modelo son los países nórdicos. También hay corrupción pero es mínima. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo son allí las personas en lo personal, en lo privado y en lo público? ¿Cómo se persigue la corrupción?

    Ahí está la clave.

  4. rosa - Lunes, 4 de marzo de 2013 a las 12:29

    Otra vez un buen artículo de Sr. Fernández que dice las cosas por su nombre y de forma justa y equilibrada. Lástima que algunos comentaristas no tengan capacidad para entender.

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