Opinión

La medalla del cardenal

‘Existen precedentes de la concesión de la medalla a otros eclesiásticos. Incluso a uno de los antecesores del cardenal Martínez Sistach: a monseñor Jubany le fue concedida en 1991, si bien en tal caso esperaron a que el obispo estuviera jubilado. Sistach presentó la renuncia hace doce meses, pero todavía no ha sido admitida por la Santa Sede. Otros años fue concedida a la Abadía de Montserrat (1997) o al Monasterio de Poblet (2010). Este último, en tiempos del tripartito de Montilla, en su acreditado afán de no distinguirse de los tics ‘convergentes’.’.

Oriol Trillas
Viernes, 5 de abril de 2013 | 13:53

El Gobierno autonómico convergente acaba de otorgar la Medalla de Oro de la Generalidad al cardenal de Barcelona, monseñor Lluís Martínez Sistach. Este galardón es la máxima distinción honorífica que concede el Ejecutivo autonómico catalán, con el objetivo de distinguir a ‘personas o entidades que hayan destacado por su labor en los ámbitos político, social, económico o científico’, si bien -claro está- no se contenta con esas minucias y debe ir encaminada la labor a ‘incrementar y difundir el patrimonio cultural de Cataluña’.

Algunos se han sorprendido, en estos tiempos de laicidad, de la concesión de la medalla a un príncipe de la Iglesia. ¡Imagínense la que se armaría si el Gobierno central otorgase distinción similar al cardenal Rouco! Pero en Cataluña la simbiosis nacionalismo-iglesia viene de muy lejos. Ya dijo el obispo de Vic Torras i Bages aquello de “Cataluña será cristiana o no será”; apotegma que causaría la hilaridad allende el Ebro, pero que en el pais petit es asumido sin rechistar.

Existen precedentes de la concesión de la medalla a otros eclesiásticos. Incluso a uno de los antecesores del cardenal Martínez Sistach: a monseñor Jubany le fue concedida en 1991, si bien en tal caso esperaron a que el obispo estuviera jubilado. Sistach presentó la renuncia hace doce meses, pero todavía no ha sido admitida por la Santa Sede. Otros años fue concedida a la Abadía de Montserrat (1997) o al Monasterio de Poblet (2010). Este último, en tiempos del tripartito de Montilla, en su acreditado afán de no distinguirse de los tics convergentes.

Pero no se para en la Medalla de Oro el ardor encomiástico del poder público catalán. Con toda seguridad, no hay una condecoración más desprestigiada que la Cruz de San Jordi, de la que se guardan algunos solemnes resbalones como su otorgamiento al delincuente Fèlix Millet o al impostor Enric Marcó, que se había inventado su estancia en campos de concentración nazis. Ningún año falla el premio a alguna persona o institución relacionada con la Iglesia católica. Ya verán como en este San Jordi pasa lo mismo.

Desde el año 1982 se ha distinguido siempre a un eclesiástico, desde el jesuita Batllori al capuchino Llimona, del benedictino Cassià Maria Just al sacerdote-escritor Ballarín o a los obispos Masnou, Deig, Torrella o Ciuraneta y a Casaldàliga (¡como no!) e incluso al Pare Manel Pousa, aquel que reconoció -con gran escándalo- haber pagado abortos y luego se retractó públicamente de ello, sin que a este arrepentimiento se le diera publicidad alguna.

El diputado autonómico Jordi Cañas ha puesto el grito al cielo y ha acusado al cardenal Martínez Sistach de “palmero” del nacionalismo. Falso. Sistach jamás ha sido nacionalista. Al revés, en sus intervenciones pastorales siempre practica un exquisito bilingüismo, que ya quisieran otros estamentos catalanes. Mayor boutade es la de alegar que no permite las misas en castellano. Tampoco ha hecho gala de sumisión alguna al poder local (al contrario que el obispo-copríncipe Vives o el abad de Montserrat), hasta el punto de no ceder a las pretensiones de Artur Mas (CiU) de involucrarse en la deriva independentista. Ahí ha obrado Sistach con una inteligente prudencia.

En esto ha patinado el diputado autonómico de Ciudadanos. Más le valdría haberse interesado por los ignotos méritos del cardenal para obtener el galardón, con una diócesis dividida y unos paupérrimos frutos vocacionales, que han llevado a que el seminario de su diócesis tenga menos seminaristas que los de la vecina Tarrasa (Barcelona), que cuenta sólo con siete años de antigüedad. El otorgamiento de la medalla no es más que otro guiño del nacionalismo catalán a la Iglesia católica. Una costumbre inveterada. Un hecho diferencial más. En España jamás ocurre. Aquello es un país laico.

Oriol Trillas es abogado

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7 Comments en “La medalla del cardenal”

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  1. Erasmus - Viernes, 5 de abril de 2013 a las 14:10

    QUIEREN COMPRAR TODO

    Los catalanistas quieren comprar todo (endeudándose, claro, para luego pedir dinero el Estado, así se formó la deuda aplastante que sigue creciendo hasta… ¡glup!): la prensa, la tv, los sindicatos, la Iglesia (no es solo la medalla de oro que pesa unas pocas onzas).

  2. Una opinión más - Viernes, 5 de abril de 2013 a las 15:10

    Tengo entendido que va a ser sustituido próximamente por el Papa.

  3. Una opinión más - Viernes, 5 de abril de 2013 a las 15:11

    Y también quita a Rouco en Madrid.

  4. Pablito - Viernes, 5 de abril de 2013 a las 15:49

    Es una falta de respeto. Es una provocación que gente como Martínez Sistach tenga una medalla o premio. Ninguno, nada. Solamente se merece desprecio de quienes intentamos seguir siendo buenos católicos. Ha dejado la iglesia en Barcelona desierta y la verdad es que premio, el único que se merece es el de hereje.

  5. unodice - Viernes, 5 de abril de 2013 a las 21:18

    amén

  6. José Ruiz - Domingo, 7 de abril de 2013 a las 23:26

    Los jerarcas de la iglesia catalana, hacen honor a lo que son: jerarcas y catalanistas.
    Con ello han logrado vaciar los templos y que Gerona p.e. siendo una de las provincias más ricas sea la que menos recaude de España para el sostenimiento de la propia Iglesia, antes Católica, esto es universal.
    No es de extrañar que sus acólitos, catalanistas sigan las instrucciones de su Guías, que no pastores.
    Sirva el ej. de “Mosén” Francesc Vergés i Tuset, que en carta que publicó en el diario “Avui”, pedía “ que no se apoye a la Iglesia marcando la casilla habilitada a tal fin en la declaración del IRPF”…” ’si consiguen [la Conferencia Episcopal] el apoyo de los catalanes lo tenemos negro por muchos años’.
    U otro más significativo y que quizá sea la causa real de la concesión de la medalla sin esperar a su retiro; la cesión de la parroquia de San Agustín para que en ella se celebrara unas exequias • civiles y laicas• en honor de un “gran patriota” y masón, como fue el presidente Company, que no destacó precisamente por su “catolicidad”.
    Será por este acto que fue presidido por un gigantesco retrato del político separatista en el Altar Mayor (Barcelona no debe contar con un lugar más adecuado para celebrar tal ceremonia) el que por diversos conductos se transmita que el Cardenal pertenece a la “Obra”?
    Explicaría, en el supuesto que fuera cierto, muchos comportamientos y actitudes de la iglesia catalana.

  7. Perico - Lunes, 8 de abril de 2013 a las 13:39

    Me temo que la igesia catalana esté en fase de extinción .Su extraño maridaje con el catalanismo independentista es un peso muerto que la iglesia no podrá soportar a medio plazo y si va aceptando honores de un poder temporal que a lo único que aspira es que sirvan de compañeros de viaje para su viaje a Itaca, peor lo tiene.

    Tampoco ayuda el llamado el show de los abanderados que en consiste en hacer ondear en la cúpula de los campanarios sea la bandera cuatribarrada simple o la estelada, sobre todo en la llamada Cataluña tercermundista y la broma ya dura desde el pasado 11-S incluida la Semana Santa en muchas parroquias. Con cual a mi modo de ver los curas priorizan lo profano sobre lo sagrado, dando una terrible sensación de decadencia.

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