De Pepe a Rina

10.04.2013 | 10:23
 

“Los cambios sociales se hacen a contrapelo de los fuertes. Nunca quieren dejar el poder pero el caso es que acaban dejándolo” (José Luís Sampedro, en una entrevista concedida a La Vanguardia en 1998)

Acudí ayer, casi por casualidad, a la presentación en la Casa del Libro del nuevo libro de Pepe Ribas, Encuentro en Berlín. Conocido escritor anarquista barcelonés perteneciente a la burguesía catalana que siempre será recordado, sin embargo, por haber sido el impulsor de la emblemática revista de la contracultura española, Ajoblanco.

No conocía a Ribas personalmente, pero sí algunos conocidos míos que me lo presentaron. Me pareció un tipo comprometido con el necesario cambio de una sociedad –la barcelonesa, la catalana y la española, en general- asfixiante desde hace años a causa de los nacionalismos.

Encontró en su exilio voluntario en Berlín -que ha durado cuatro años- aire fresco y un país que funciona. Allí, las élites descendieron para ofrecer ilustración al resto de la población; lo que nunca ha pasado en España, y lo lamenta profundamente. Reivindica una palabra desacreditada desde hace tiempo que, al igual que a él, siempre me ha parecido esencial en las relaciones humanas: lealtad.

Portada del libro de Pepe Ribas.

Portada del libro de Pepe Ribas.

Su libro es absolutamente recomendable porque pretende entretener y hacernos pensar sobre nuestra Europa, capaz de lo peor pero también de lo mejor. Debe haber esperanza. Sus compañías no lo son tanto –allí se juntó para arroparle parte del pijerío progre y corrupto de Barcelona (incluso estaba Pasqual Maragall) que reside en los barrios altos de la ciudad y presume de compromiso social- y me temo, por ello, que no tardará en salir huyendo a la menor oportunidad. La gente complaciente, rica y guapa, también acaba cansando. Los franceses lo resumen muy bien: “No es bueno ser desgraciado, pero sí haberlo sido”. Algunos pagan el precio de no haber estado nunca al borde del precipicio.

En las antípodas de la vida de Pepe y su entorno, recojo aquí la denuncia del caso de Rina, esa madre boliviana que asesinó a sus dos hijos menores. Su vida está alejada del glamour de la gauche divine barcelonesa: inmigrante en una región española que discrimina por razones etnolingüísticas a parte de sus ciudadanos autóctonos, imaginen la que debe sufrir día a día una sudamericana -seguramente de aspecto indígena, piel oscura y bajita-, condenada por su origen a los trabajos que nadie de aquí quiere realizar, sola en un entorno hostil y con responsabilidades familiares; problemas económicos que irremediablemente la llevan a sobrevivir en el umbral de la pobreza en un país, por ejemplo, que ofrece hoy por hoy a los sin papeles la peor sanidad de la Unión Europea; su precariedad era tal que estaba inmersa en un proceso de desahucio; echando más leña al fuego, su vida sentimental estaba hecha unos zorros, separada y víctima de malos tratos… No vio más salida que abandonar este mundo en el que no tenía cabida. La echamos.

Rápidamente, los responsables políticos de las administraciones competentes se han apresurado a subrayar los problemas psíquicos de la infortunada; no sea que alguno ose propagar que ha sido esta sociedad enferma la que la ha acabado convirtiéndola en una parricida. Hipócritas. Libertad, igualdad y fraternidad… Para Pepe y los suyos presumo que la libertad ocupa el primer lugar en sus preferencias; para Rina, la igualdad era el objetivo a anteponer. ¿Dónde queda la fraternidad? Me temo que la lucha de clases continúa.

Señalé la importancia personal que para mí tiene la palabra lealtad. Apunten otra: caridad.

3 Comments en “De Pepe a Rina”

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  1. spagnoletto - Miércoles, 10 de abril de 2013 a las 21:26

    Sí, pobre mujer, es una mártir de nuestro tiempo. Hay que hacerle un monumento donde se la vea ahogando a sus propios hijos en la bañera, para ejemplo de generaciones venideras.

    Pobrecilla, el Estado español, opresor y racista, la obligó a permanecer en España y a beneficiarse de nuestro sistema educativo, de la sanidad pública, y en general de todo el entramado social y político que, sin ser en absoluto perfecto, tanto trabajo nos ha costado construir. Ella intentó varias veces escapar a su país de origen, donde tal vez tuviera alguna familia, pero cada vez la policía española la atrapaba y la obligaba a vivir aquí, contra su voluntad.

    Al final, no tuvo otro remedio que asesinar a sus hijos. La obligamos entre todos. Todos somos culpables (menos ella, claro).

    Modo irónico OFF:

    Esa señora, si como dices es de tipo indígena, vivía discriminada en su propio país, considerada indigna incluso por los de su propia raza, pero sobre todo por los mestizos o criollos. Vino aquí a hacer los trabajos que en su país nadie le daba, o si le daban no le pagaban, o si le pagaban era de manera miserable y dándole trato de animal.

    Cuando llegó a España, por primera vez en su vida fue tratada como una persona con derechos, con acceso igualitario a la salud, a la asistencia de la policía y de los tribunales, y de hecho a cualquier otra institución pública en igualdad de condiciones que los españoles.

    No te culpo por tus ideas buenistas y radicalmente erróneas. Yo en España era abogado de extranjería (por vocación, desde pequeño me llamaron en casa “abogado de los pobres” por mi sentimentalismo) y también sentía una pena infinita por los inmigrantes. Ayudé a muchísimos, les hice muchas cosas gratis, les presté mi casa, les llevé en mi coche, les alimenté y muchas otras cosas más. Siempre querían más. Nunca llegaba la hora de devolverme algo, de invitarme a comer, de traerme algo de su país, de ofrecerse a ayudarme en lo que fuera.

    Ahora hace cinco años que vivo en un país latinoamericano (mírate mi IP) y me las hacen pasar mil veces más putas que en España: obtener el permiso de residencia es sencillamente de locura, además de CARÍSIMO, y se ha de renovar CADA AÑO, presentando toda la documentación como el primer día. Para que te hagas una idea, cuántos más años lleves residiendo en el país, más CARO es sacarse el permiso, en vez de al revés.

    Con el añadido de que NADIE del pueblo ayuda aquí a los inmigrantes, al contrario de lo que hacíamos y seguimos haciendo los españoles.

    Yo soy español, mi mujer nacida aquí es apátrida porque el Estado de aquí no le quiere dar una acta de nacimiento, aunque hemos gastado mucho dinero y mucho tiempo y salud en perseguirlo (más de tres años ya en esto). Mi hija nació en noviembre y tampoco me la aceptaron en el Registro Civil de aquí, por no tener la madre documentación. Por suerte el Consulado de España la registró y ahora tiene acta de nacimiento, y he podido sacarle un seguro médico privado. Pero hay aquí cientos de miles de niños a los que no permiten el acceso al Registro Civil, y por tanto a una personalidad.

    Otra joya: por ley aquí los hijos de inmigrantes ilegales no pueden ir a la escuela, ni siquiera a primaria.

    Cuidado, no critico a los españoles por ser fundamental y mayoritariamente gente de buen corazón (como tú). Es mi orgullo y también mi esperanza, la de volver un día con mi hija de cinco meses a mi propio país y que crezca entre gente que cree en los demás y en la sociedad.

    Y si crees que exagero, o simplemente quieres tener información de primera mano, escríbeme al e-mail que he dado para poner el comentario y te invito a pasar un mes o el tiempo que quieras en mi casa. Ahora me toca precisamente renovar el permiso de residencia, si quieres puedes hacer un reportaje sobre ello. O te enseño cómo vive la gente aquí, como tratan los jefes a los empleados, los nacionales a los inmigrantes, los hombres a las mujeres, y la protección que les ofrece el Estado a ellas, o de hecho cualquier otra cosa que pienses que en España está mal, para que compares.

    A ver qué piensas cuando termine el mes. A ver si eres capaz de volver a escribir un artículo como el de hoy.

  2. spagnoletto - Miércoles, 10 de abril de 2013 a las 21:37

    Todo dicho con el mayor de los respetos. Ojalá todo el mundo fuera como tú. Pero desgraciadamente no es así. La gente somos responsables de lo que hacemos, no podemos echar la culpa de todo a los demás.

  3. Federico Llosa Marsé - Jueves, 11 de abril de 2013 a las 09:07

    Hola spagnoletto.

    Evidentemente no estamos de acuerdo, pero, es sus afirmaciones hay verdad. No dudo que las condiciones de los inmigrantes en sus propios países -incluso la de los españoles allí- sean mucho más duras que en España. Sin embargo, nuestro país se inserta en un espacio que pretende respetar los derechos humanos y sociales de sus trabajadores y ciudadanos.

    Por favor, páseme su correo al mío (fedllosmar@gmail.com), por favor, y lo comentamos más en profundidad, si le parece.

    De todas formas gracias por su participación. Agradezco siempre los comentarios constructivos como el suyo.

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