Opinión

Radicalidad democrática

‘No existe la tal llamada radicalidad democrática que pretende dar la voz a los ciudadanos. Es solo un lema, una fórmula para justificar saltarse el Estado de derecho de una manera que pueda sonar atractiva a los ciudadanos y aceptable a la UE. Solo existe el método democrático: el cambio/aprobación de las leyes a través de los mecanismos previstos. No hay decisiones democráticas en sí mismas, sino un método para tomarlas basado en el respeto del Estado de derecho y de los Derechos Humanos fundamentales’.

Víctor Andrés Maldonado
Lunes, 27 de mayo de 2013 | 10:48

Actualmente se está debatiendo en el Parlamento autonómico de Cataluña la futura ley de consultas. Como es bien sabido, dicho proyecto de ley ha sido impulsado por los partidos políticos catalanes promotores del proceso soberanista con el fin de servir de base legal para la convocatoria de un referendo de autodeterminación a través del cual los ciudadanos de Cataluña puedan pronunciarse sobre si desean su independencia del resto de España.

Si bien la futura ley no se circunscribe a la realización de dicho referendo, dejando la puerta abierta a todo tipo de consultas, es evidente que ese es el objetivo fundamental de la misma, entre otras cosas, porque así aparece reflejado en el acuerdo de legislatura firmado entre CiU y ERC que da sustento al actual Gobierno de la Generalidad.

El principal argumento de sus impulsores es el de la radicalidad democrática: ¿quién mejor para tomar las decisiones que los propios ciudadanos votando directamente? Demos la palabra a los ciudadanos y que ellos decidan su propio futuro.

Pero ante una cuestión de tamaña importancia (el establecimiento de un nuevo Estado reconocido internacionalmente y separado de España, el que ha sido el Estado común durante mucho tiempo), debería, cuando menos, verificarse la existencia de una premisa fundamental: que los ciudadanos tengan un conocimiento suficiente de los pros y los contras. Y que, además, tomen o quieran tomar una decisión racional basada en la ponderación de los mismos. A mi entender, difícil en el momento actual, no sólo por las consecuencias de la actual crisis económica que enmaraña cualquier análisis objetivo, sino también por la profusión de datos y manipulación en la presentación de los mismos.

Por ejemplo, en los días pasados la Generalidad ha publicado las balanzas fiscales para 2010. De los datos se deduce que las estimaciones del déficit fiscal de Cataluña con el Estado (la diferencia entre lo que aporta y recibe) varía ostensiblemente según el método de cálculo utilizado (cuatro tipos diferentes): desde los 16.543 millones de euros (equivalente al 8,5% del PIB autonómico) a los 774 millones (equivalente al 0,4%). A la vista de los datos, el tan manido “España nos roba” no estaría tan claro, al menos no para un observador neutral.

Asimismo, las consecuencias a corto plazo de la independencia, a la vista de los estudios y opiniones publicados (incluso por parte de economistas favorables a la secesión), parece evidente que producirían un recesión económica (tanto en Cataluña como en el resto de España) que podría incluso llegar a ser similar sino mayor a la actual crisis económica en cuanto a profundidad y duración. Además, a estas alturas parece a todas luces evidente que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea (UE), al menos por algunos años, hasta su previsible reintegración, con consecuencias negativas para sus ciudadanos en términos tanto económicos (por ejemplo, aumento del precio de los productos importados de la UE, desaparición de los subsidios de la UE a los agricultores catalanes, etc.), como de derechos individuales (por ejemplo, fin de la actual libre circulación de los ciudadanos por todo el territorio de la UE a menos que conserven su pasaporte español, fin de las becas Erasmus a los estudiantes catalanes, fin del reconocimiento de diplomas, etc.).

Por otro lado, cabe recordar cuáles podrían ser las consecuencias a largo plazo de la independencia. ¿Cuál sería el modelo de país en términos políticos? Por ejemplo, ¿establecimiento de una república parlamentaria, presidencialista o semi-presidencialista? ¿Relaciones con el resto de España, con la UE y con el resto de países? ¿Establecimiento de un ejército catalán? ¿Estatuto del español como lengua dentro del nuevo Estado? ¿Cuál sería el modelo de país en términos económicos? Por ejemplo, ¿se optaría por incentivar la atracción de inversiones a través del establecimiento de un paraíso fiscal? ¿Se incentivarían las exportaciones al resto del mundo en vista de la previsible reducción de las mismas al mercado español (derivado del efecto frontera)? ¿Se nacionalizarían determinados sectores económicos? ¿Se pondrían límites a la participación de inversores extranjeros en determinados sectores económicos? etc.

Sin embargo, la discusión actual a veces se parece más a la que se produciría entre aficionados al fútbol ante un F.C. Barcelona- Real Madrid que a lo que debería ser una discusión y un debate democrático: visceral con exageraciones y de lo que se trata es de que ganen los nuestros. Sin embargo, el número de ciudadanos que no son aficionados ni del Barça ni del Madrid es superior y, a pesar de ello, nos quieren meter a todos en un maniqueísmo simplista: el de las identidades. Si no estás a favor del derecho a decidir no eres un buen catalán y no respetas la voluntad del pueblo.

Además, y para ser coherentes, el concepto de radicalidad democrática debería también aplicarse a los territorios que votaran negativamente a la independencia (¿Barcelona, Tarragona, Valle de Arán…?). Aquí es donde aparece en toda su crudeza la inconsistencia del nacionalismo: dar la palabra al pueblo (como ente colectivo unívoco y sin posibilidad de separación en su interior) que queda definido por los nacionalistas como únicos intérpretes de la voluntad del mismo. Y el que no lo acepte, no es un buen catalán y corre el riesgo de ser expulsado de la comunidad.

Precisamente, y debido a los riesgos señalados anteriormente, en el mundo desarrollado el modelo de organización política es el de la democracia representativa: los ciudadanos eligen a sus representantes y son ellos los que debaten y toman decisiones a través de la aprobación de las leyes (en un principio representando tanto los intereses de los electores que les dieron su mandato como el interés general). En las sociedades desarrolladas, el instrumento del referendo solo se utiliza para ratificar los acuerdos alcanzados entre los representantes de los ciudadanos sobre cuestiones importantes que supongan un sustento amplio del arco parlamentario con el fin de darle una legitimidad final. En muy pocos países desarrollados existe la herramienta del referendo como base para la toma de decisiones: primero, con el objetivo de evitar la división dentro de la sociedad y, segundo, porque la suma de los intereses particulares de los ciudadanos no es necesariamente igual al interés general. Sólo en Suiza, con una gran tradición democrática y donde no existe el derecho a la secesión/autodeterminación y que se constituyó como federación (ya que de confederación sólo tiene el nombre) después de una guerra civil a mediados del siglo XIX (como ocurrió en los EEUU).

Porque si preguntas a los ciudadanos si quieren pagar (más) impuestos, con toda seguridad la respuesta será negativa. Si preguntas si quieres recibir (más) subsidios, la respuesta será positiva. Es por ello que en el mundo desarrollado las democracias son representativas, con el fin de que se produzca un debate sobre la base de argumentaciones y del interés general, dentro de un marco legal y reglas democráticas (es decir, el respeto del Estado de derecho y de los Derechos Humanos fundamentales).

Aparte de los bien conocidos ejemplos del pasado donde el referendo fue utilizado por diversos regímenes autoritarios para aprobar todo tipo de imposiciones y represión de derechos fundamentales de sus ciudadanos bajo una pátina democrática, existen ejemplos recientes de los peligros del mismo como herramienta para la toma de decisiones. Solo citaré uno, el referendo celebrado en Francia en 2005 para la ratificación de la frustrada Constitución Europea donde, a pesar del apoyo explícito de los dos grandes partidos, se produjo una conjunción curiosa en su contra (por razones distintas) tanto por parte de la extrema derecha (Frente Nacional) e izquierda (comunistas, trotskistas,…), como de grupos antisistema y como forma de protesta contra la acción de gobierno del presidente Jacques Chirac. En cierto modo, ese mismo fue el caso de la manifestación del 11 de septiembre de 2012, en la que participó gente que no estaba a favor de la independencia (Josep Antoni Duran i Lleida) por razones de oportunidad política del momento o que lo hacía para protestar contra la política de recortes y reducción del Estado del bienestar practicada tanto por el Gobierno de España como por la Generalidad.

No existe la tal llamada radicalidad democrática que pretende dar la voz a los ciudadanos. Es solo un lema, una fórmula para justificar saltarse el Estado de derecho de una manera que pueda sonar atractiva a los ciudadanos y aceptable a la UE. Solo existe el método democrático: el cambio/aprobación de las leyes a través de los mecanismos previstos. No hay decisiones democráticas en sí mismas, sino un método para tomarlas basado en el respeto del Estado de derecho y de los Derechos Humanos fundamentales. La radicalidad democrática es sólo una fórmula de venta del sí o sí, por encima de las leyes y de las sentencias de los tribunales. Lemas como “España nos roba”, “no nos aceptan como somos”, “quieren imponer el castellano a nuestros hijos”, “no nos entienden”, además de simplistas, rehuyen la cuestión fundamental: la sociedad catalana es plural y el proceso soberanista ha producido una división dentro de la misma que podría derivar en una situación inmanejable y de alto riesgo de ruptura en su seno, de lo cual no tiene ninguna responsabilidad, se mire como se mire, España o el resto de ciudadanos españoles. Es un hecho que está dentro de la misma sociedad catalana: no hay que buscar enemigos exteriores.

La pregunta fácil por parte del nacionalismo a la preocupación por la utilización de la herramienta del referendo podría ser ¿por qué entonces no se acepta la decisión del Parlamento autonómico de Cataluña para declarar unilateralmente la independencia? La respuesta es también sencilla: primero, porque no está dentro de sus competencias según el ordenamiento jurídico amparado por la Constitución (lo que supondría saltarse el Estado de derecho) y, segundo, porque los partidos partidarios de la misma, al menos en teoría, (CiU, ERC y la CUP) no representan a una mayoría clara de los ciudadanos según los resultados de las últimas elecciones autonómicas, bueno, ni siquiera a una mayoría a secas (en realidad, alrededor del 49% de los votos válidamente emitidos).

Víctor Andrés Maldonado es economista y experto en relaciones internacionales

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13 Comments en “Radicalidad democrática”

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  1. Erasmus - Lunes, 27 de mayo de 2013 a las 11:18

    MODERACIÓN CONTRA RADICALISMO

    Excelente artículo que acertadamente comienza por denunciar la impostura de los que pretenden hermosear el con razón desprestigiado ‘radicalismo’ en política uniendo los conceptos que se rechazan mutuamente de radicalismo y democracia. Desde los griegos democracia es reglas y moderación. A lo otro lo llamaron demagogia.

    Más en mi blog http://erasmus1989.blogspot.com.es/

  2. TOPO - Lunes, 27 de mayo de 2013 a las 11:24

    Menos independencia, menos estados-nación, menos defensa de un Estado (España) que se olvida de sus ciudadanos, y más autogestión, más municipalimos y más cooperativismo.

    Si dejamos que nos soluciones el problema del capitalismo actual con sus fórmulas, lo único que conseguiremos es perder derechos y tener una nueva crisis en 10-15 años (si ya hemos salido de esta, claro)!

    Al final pasará como siempre, cuando el capitalismo está en crisis, surje su cara más dura que es el fascismo, un ejemplo claro puede verse ya en Grecia, donde Amanecer Dorado sería ya segunda fuerza política.

    Pero es igual, mientras nos tienen entretenidos con “banderitas”….

    Salut!

  3. Pablito - Lunes, 27 de mayo de 2013 a las 11:44

    Aprecio Sr. Maldonado que comparte mi opinión de que, Radicalidad Democrática no existe, en cuanto la palabra radical está en contradicción con democracia. Si, tienen un recorrido paralelo distinto; Radical es un antidemocrático y democrático es un anti radical.
    Que unas determinadas agrupaciones compuestas por políticos de vía estrecha la utilicen, solamente demuestra, que clase de eruditos hay detrás de estos partidos. Los nacionalismos mal que nos pese, piensan y piensan en mal. Buscan su propio lucimiento con argumentos ficticios que de forma cacofónica van mensajeando al pueblo y éste, bien por ingenuidad o por miedo, les sigue y ellos en su prepotencia no valoran que a la hora de una determinación, esos aplausos de compromiso les pueden fallar. De hecho ya les están fallando.
    Pone Ud. un sinfín de razonamientos, que en cierta forma se contradice, ya que intentar razonar lo irrazonable, desde mi punto de vista es rizar el rizo. Intentar entender a los nacionalismos es como luchar contra el viento. Ellos tienen incrustada una idea y no les saques de ella. Piensan que lo tienen todo atado y avanzan, pero quizá, y permítame la comparación, igual lo pensaban los tecnócratas con Franco, en dos años se desmontó todo y algunos –no citemos nombres- vergonzosamente se cambiaron de chaqueta.

  4. A.Medina - Lunes, 27 de mayo de 2013 a las 21:33

    Que pasa, ¿querer cambiar un régimen por procedimientos democráticos no es democrático?
    Patochadas.
    Democracia no es lo que pone la constitución (bueno en el preámbulo si)
    Democracia es el poder del pueblo

  5. Romualdo - Martes, 28 de mayo de 2013 a las 08:44

    Muy bueno el artículo. Querer cambiar las reglas de juego en democracia preguntando “al pueblo” lo que yo quiero, cuando yo quiero y como yo quiero sin someterse a las leyes es cualquier cosa menos democracia.

    A. Medina:

    Y a ver cómo se resuelven las patochadas de los territorios que en la consulta voten diferente al resto. ¿Se admitirá que quedarán en España o ahí no vale la voz del pueblo? ¿Cómo se interpreta ésta?

    Hay mucha patochada suelta disfrazada de democracia. La democracia no sólo es el método ni deja de serlo porque la llamemos “régimen”.

  6. A.Medina - Martes, 28 de mayo de 2013 a las 14:52

    Romualdo, en esa votación no valdría puesto que la pregunta será con Cataluña como sujeto político, no por territorios, pero si no aceptan el resultado después tendrían que organizar ellos un referéndum para decidir ellos si irse o quedarse o formar una comarca-estado, una comuna autosuficiente o lo que les venga en gana.

  7. Romualdo - Martes, 28 de mayo de 2013 a las 19:14

    A. Medina:

    No olvides que por intereses a corto de una sociedad o de sus dirigentes no se pueden modificar las leyes ni normas de juego de modo extrademocrático y mucho menos en nombre de “la voz del pueblo”.

    Porque cuando en nombre de esa VOZ que hay que dar al PUEBLO se están planteando cuestiones que crean más problemas que los que solucionan e incluso suponen una vuelta al pasado respecto a libertades de los individuos, privilegios medievales e incluso “nuevas naciones” donde una parte de la sociedad se arroga el derecho a decidir por toda ella lo que se está haciendo es retroceder en la democracia.

    Y eso en nombre de la democracia misma, de la libertad, del Pueblo y de lo que sea. Este es un debate que la Humanidad ha resuelto hace mucho. No pueden venir los nuevos demócratas, “lo más de lo más de la democracia” a reabrirlo de nuevo.

    La democracia puede y debe impedir que se presente a elecciones quien no la respeta. Nos habríamos evitado mucho en Alemania y en el mundo hace 80 años. Hoy no se pueden presentar a elecciones en Alemania los que profesan esa ideología. ¿Se está impidiendo la voz del pueblo? No porque por encima de la voz del pueblo está la Ley. Y además ¿Quién decide quién o quiénes componen un Pueblo? ¿Cómo se define a tal cuando ya forma parte de un Estado e incluso desde hace siglos sin haber sido jamás una colonia? ¿Los sentimientos? ¿Y si una gran parte de la población comparte sentimientos de nación y región o patria chica? ¿se les eliminamos por votación? Los van a seguir teniendo. ¿Y entonces que hacemos? ¿Volver a votar a ver si ganan regresando Cataluña a España? ¿Y el resto del Pueblo? ¿Los demás españoles viéndonos decir si les queremos o no?

    Lo has llamado por su nombre: Patochadas. Ganas de volverse y volver a los demás locos. Sabes que hay mil modos de impedir después a los territorios que no acepten el resultado del referéndum poder hacer uso de su “derecho a decidir”. Y con los mismos argumentos que ahora expongo yo.

  8. A.Medina - Miércoles, 29 de mayo de 2013 a las 18:23

    “suponen una vuelta al pasado respecto a libertades de los individuos, privilegios medievales …”

    No sé de que me estás hablando.
    Tú te lees?
    Hasta la derecha y la iglesia católica es más progresista aquí que en España. Todo huele a rancio, recosido, contrarreforma, jerarquía, imperio hacia Dios, una pátina que no logra sacarse de encima el Estado y parte de la sociedad.

  9. Romualdo - Miércoles, 29 de mayo de 2013 a las 20:18

    A. Medina:

    El que te tienes que leer eres tú. No argumentas y entresacas frases de contexto. Un truco muy extendido entre el nacionalismo por cierto. ¿No te llamarás Vito o Ja hi som?

    De ilusión también se vive. Y de creer que hasta la Iglesia y la derecha son más progresistas que en “España” radica toda la morralla que metes a continuación sobre imperios hacia Dios, contrarreformas y mamarrachadas varias que fueron respaldadas en su día por muchísimos catalanes cuyos hijos o ellos mismos ahora se desmarcan.

    Sigue creyéndote el más guapo, el más listo y el más bueno, porque todo el mundo sabe que en Cataluña se ata a los perros con longanizas y en una Cataluña independiente con longanizas de pata negra.

    Propónselo a la voz de Dios, quiero decir del Pueblo que viene a ser lo mismo, pero del Pueblo Elegido, ese donde la derecha y la Iglesia son progresistas para que pueda votar lo que le dé la gana. Eso sí tapando la boca al resto de los españoles que tendrán que tragar con Cataluña tanto si decide irse como si decide quedarse.

    Para eso son unos retrógrados. Coño.

    ¡Y que haya que rebatir esto!

  10. A.Medina - Jueves, 30 de mayo de 2013 a las 13:11

    ¿Pues no he leido que las cuestiones que plantean los nacionalistas son una vuelta al pasado respecto a libertades individuales?
    Estaría soñando. Y sigo soñando porque lo leo más arriba.

  11. Romualdo - Jueves, 30 de mayo de 2013 a las 18:10

    ¿Pues no acabo de leer que democracia es el poder del Pueblo? Claro con ese reduccionismo sin duda el que sueña soy yo. Porque ningún Pueblo es considerado tal al margen de sus instituciones y sus leyes.

    ¿Y no he leído que cambiarlas, mejor dicho saltárselas, preguntando a una parte de ese pueblo es un procedimiento democrático? Lo he leído más arriba.

    Sin duda debo estar soñando. Y al que se lo he leído le sobran todos los argumentos. Con buen estilo nacionalista se expresa: citaciones sacadas de contexto y consignas cortas y contundentes.

    Ya le puedes argumentar. Ante la fe del carbonero es imposible.

  12. A.Medina - Jueves, 30 de mayo de 2013 a las 23:51

    Jajaja te contradicen un poco y ya saltas con improperios y escarnio.
    A ver, contéstate, ¿qué es antes, el pueblo o la ley que lo define?
    Dicho de otro modo ¿no existe un pueblo sino hay una ley que lo defina y acote?
    Entonces, tiene que haber una autoridad que le otorgue o ceda los poderes. Esa era el planteamiento de la monarquia constitucional española tradicional, ya superado (creo).
    Lo digo para que te aclares un poco.

  13. Romualdo - Viernes, 31 de mayo de 2013 a las 09:10

    ¿Improperios y escarnio? ¿Y eso me lo dice el que dice que en Cataluña la derecha y la Iglesia son más “progresistas” que en el resto de España? ¿Qué les estás llamando’ ¿Qué estás llamando a mis paisanos? Lee por favor y observa que no hay ningún improperio ni escarnio que no esté a la altura de tus comentarios. Por cierto, en alguno se habla de no entenderme y de no tener nada que ver con la realidad ya que te parece estar soñando. Eso sí nunca argumentas más allá de media docena de líneas.

    A las preguntas que me haces te diré que desde que el hombre es hombre lo primero que le ha definido como tal, al margen de andar erguido, dominar el fuego, adquirir el lenguaje y controlar el entorno…es precisamente la SOCIEDAD. Sin sociedad no hay hombre. El hombre es un ser social y como tal se construye. Es la sociedad la que le hace hombre. Y no existe sociedad si no hay normas de convivencia.

    Por consiguiente no puedes preguntar ¿Qué es antes el pueblo o la ley que lo define? Porque sin ésta no existe aquel. Te lo haya contado quien te lo haya contado. Son las leyes las que hacen los Estados, dejemos aparte pueblos ni fantasmadas ideológicas. Porque sabes que hablamos no del pueblo catalán sino del Estado que se pretende dar al mismo. Y ese nacerá, si llegara, con las leyes que se dé a sí mismo.

    Pues el pueblo español lo mismo. Y en democracia para cambiarlas hay que contar con él, con TODO él. Porque si no podríamos hablar del pueblo aranés, tarraconense, ilerdense, pirenaico oriental, ampurdanés…lo que nos dé la gana. Como es anterior a las leyes no tiene por qué respetar aquellas con las que se rige.

    He dicho más veces que el nacionalismo lleva en sí mismo el germen de su autodestrucción pues quiere el “derecho a decidir” para ejercerlo con quiénes le dé la gana y a quiénes el defina como pueblo pero no puede. Y no puede porque los demás le van a reclamar ese mismo derecho. El liberalismo cuando puso límites al Estado -la Constitución- y derribó la monarquía absoluta llamaba pueblo a los propietarios y a esos únicamente consultaba en un referéndum censitario donde sólo votaban los que tenían cierto nivel de renta. Pero no era posible mantener la igualdad ante la ley, decir que todos nacemos libres e iguales y excluir a otro de votar.

    Pues lo mismo ocurre ahora. No sé si volverás a decirme que no me entiendes, que cuando te hablo de vuelta al medievo sueño, pero analiza, y sobre todo argumenta porque cuatro frases sueltas las podemos hacer todos.

    Las normas las hacemos entre todos y entre todos las cambiamos. Si hay españoles que delegan el voto sobre esta cuestión en sus representantes y desde el Parlamento español se autoriza la consulta, siempre que las leyes lo permitan que creo que no lo permiten, se podrá actuar como lo ha hecho Cameron en Inglaterra donde por cierto no hay Constitución escrita. De lo contrario para hacer la consulta habrá que cambiar la Constitución ENTRE TODOS. Y puede ser cambiada en sentido opuesto al que quiere el nacionalismo, por ejemplo con menos autogobierno para las Comunidades Autónomas.

    Eso lo sabe el nacionalismo y trata de engañar al pueblo, ese que según tú es antes que las leyes, diciéndole que es soberano a través de su Parlamento para hacer lo que le dé la real gana. Por ejemplo: convocar una consulta ilegal, es decir un referéndum camuflado.

    Pero para esto hay que saber que la Democracia no consiste como has dicho tú en el poder del pueblo. Esa es una de sus características pero no la única. La Constitución y el cumplimiento de las leyes, entre otras, también lo son.

    Pero todo esto ya lo sabes tú y mejor que tú los líderes nacionalistas. Pero su misión no es educar políticamente al pueblo sino confundirlo en beneficio de los fines políticos que han abrazado: Concretamente la secesión.

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