Opinión

Solo buenas intenciones

‘Estamos viviendo un bloqueo institucional que afecta y mucho el quehacer cotidiano. El Gobierno autonómico está nítidamente superado por la situación de asfixia y crisis económica, el paro -más allá de algunos datos coyunturales- va en aumento, los recortes en políticas sociales son el rayo que no cesa, la situación sociosanitaria se deteriora por momentos, la pobreza infantil crece, de la corrupción mejor no hablar y entre la ciudadanía, además del hartazgo, se está empezando a instalar la sensación de fracaso, y eso es lo peor que nos puede pasar. De ahí a la ruptura de la cohesión social y a poner en riesgo la convivencia sólo hay un paso’.

Bernardo Fernández
Viernes, 14 de junio de 2013 | 09:14

Opina el profesor Oriol Bartomeus que hay dos maneras de explicar la crisis política que estamos viviendo hoy. Una es la teoría más conservadora, según la cual todo es culpa de la crisis económica y postula que cuando ésta se acabe (?) todo volverá a la normalidad, y la hipótesis alternativa, que sugiere que nos encontramos inmersos en un final de régimen y que la caída de las fuerzas del establishment dará paso a la regeneración democrática.

A tenor del barómetro que hacía público días atrás El Periódico de Catalunya (ERC, 39/40 escaños; CiU, 34/35; PSC, 16/17; ICV-EUiA, 15/16; PPC, 13/14; C’s, 12/13; CUP, 3), se pone de manifiesto de manera inequívoca que, la hipótesis alternativa apuntada por Bartomeus es la que se está imponiendo.

Como recientemente señalaba Javier Pérez Royo en un brillante artículo, publicado en El País:

‘El nacionalismo catalán representado por CiU ha sido un factor de equilibrio en el sistema político español prácticamente desde el comienzo de la Transición, pero, sobre todo, desde la entrada en vigor de la Constitución, la aprobación del Estatuto de Autonomía y las primeras elecciones catalanas de 1980. Tanto cuando el Gobierno de España estuvo dirigido por UCD, como cuando lo estuvo por el PSOE o por el PP. En los momentos difíciles para la gobernabilidad del país el sistema político español ha podido contar con la razonabilidad de CiU para alejarnos del precipicio. Ha tenido más sentido de Estado en ocasiones que el que han tenido los partidos nacionales que ocupaban el Gobierno de la nación. Valga como último ejemplo el voto favorable de CiU a la convalidación de los decretos leyes dictados por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en mayo de 2010 para evitar la intervención del país’.

Eso ha sido así hasta que Artur Mas, tras la resaca de la manifestación de la Diada de septiembre de 2012, se dejó arrastrar por cantos de sirena y convocó elecciones al Parlamento autonómico para el 25 de noviembre. Aquel fue un día infausto para los dos grandes partidos, CiU y PSC, que durante más de tres décadas garantizaron la gobernabilidad de Cataluña y por extensión la de España. Pero, sobre todo, fue una noche negra para Mas y su equipo. Cuando todos esperaban que las urnas refrendaran con una mayoría excepcional (eufemismo de mayoría absoluta) su huida hacia no se sabía bien bien donde se toparon con la dura realidad de un sorpasso que les hizo menguar el grupo parlamentario en doce diputados.

En esas circunstancias, cualquier político con un mínimo instinto de supervivencia hubiera optado por convertir aquella sangría de votos en una oportunidad para reafirmarse frente al tambaleo constante que le iba a llevar a depender de ERC. Mas pudo decir que el electorado catalán refrendaba su confianza en CiU pero que el panorama resultante de la votación reclamaba una reflexión serena sobre la evolución social de Cataluña -es decir, los trasvases de votos- y que el sentimiento favorable al independentismo se fortalecería en el sosiego más que en la precipitación frenética. Aquella noche pudo tener cintura política y finezza. No la tuvo. Impuso un alto voltaje, dejando a la coalición CiU en un desconcierto que cada vez es menos soterrado.

Sea como fuere, la verdad es que hoy Cataluña está en una situación delicada. Y así vamos a seguir hasta que se despeje la incógnita de la independencia. En estas circunstancias, lo primero que hay que saber es si se va a celebrar o no la consulta sobre el derecho a decidir. Ciertamente, hay una mayoría considerable en el Parlamento autonómico a favor de la misma, pero, a su vez, hay un importante número de diputados que solo entienden el proceso dentro de la legalidad. Obviar esa situación es ignorar la realidad.

Estamos viviendo un bloqueo institucional que afecta y mucho el quehacer cotidiano. El Gobierno autonómico está nítidamente superado por la situación de asfixia y crisis económica, el paro -más allá de algunos datos coyunturales- va en aumento, los recortes en políticas sociales son el rayo que no cesa, la situación sociosanitaria se deteriora por momentos, la pobreza infantil crece, de la corrupción mejor no hablar y entre la ciudadanía, además del hartazgo, se está empezando a instalar la sensación de fracaso, y eso es lo peor que nos puede pasar. De ahí a la ruptura de la cohesión social y a poner en riesgo la convivencia sólo hay un paso.

Casualidad o no, lo cierto es que el presidente de la Generalidad, a los pocos días de la publicación del aviso para navegantes de El Periódico, compareció en rueda de prensa para explicar el plan del gobierno para 2013-2016. De hecho, no deja de ser un documento de buenas intenciones. Poco más que papel mojado, puesto que carece de sostén presupuestario.

En un país con el 52,7% de jóvenes entre 16 y 24 años en paro, donde hay un 24,6% de pobreza infantil y 113.000 hogares sin ningún ingreso hace falta algo más que documentos llenos de buenas intenciones. En un país en el que su gobierno debe 1.000 millones de euros a los ayuntamientos y en el que se anuncia el cierre de 73 líneas escolares de P-3 y siete escuelas y, sin embargo, se destinan 24 millones de euros a escuelas privadas sin conexión con la enseñanza pública, es evidente que hay muchas cosas que no funcionan y hace falta mucho más que buenas intenciones. Entre ellas, una determinación que ni se adivina ni se intuye.

De todos modos, los catalanes ya sabemos que cuando seamos independientes nos bañaremos en aguas de colores, de las fuentes públicas brotará leche y miel, las calles de nuestros pueblos estarán perfumadas y cuando salgamos al extranjero, puesto que seremos un pueblo admirado por el mundo, lo tendremos todo pagado. Pero mientras eso no suceda, los que estamos con los pies en el suelo, queremos vivir dignamente en una sociedad justa y cohesionada, con políticas sociales y redistributivas justa y eficaces, donde no se abandone a nadie a su suerte. Estamos hartos de visionarios, mesías y salva patrias. Aunque lamentablemente, no parece que eso esté en las prioridades del Gobierno de la Generalidad.

Bernardo Fernández Martínez es ex diputado autonómico del PSC y consejero nacional de la Federación de Barcelona del PSC

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4 Comments en “Solo buenas intenciones”

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  1. Una opinión más - Viernes, 14 de junio de 2013 a las 10:53

    “…al PSC se le plantea un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo Presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo Estatuto. El Estatuto de las personas.
    Esa persona, sin duda, es José Montilla, que ha sido propuesto por la Comisión Ejecutiva del partido y ahora tendrá que ser ratificado conforme indican los estatutos y reglamentos que al respecto tiene la organización para estos casos. Ahora, cuando se ha acabado con los temas identitarios y con las cuestiones de reconocimiento nacional, es el momento de hacer políticas para la gente, políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida”. (BERNARDO FERNÁNDEZ Diputado por el PSC en el Parlament de Catalunya http://www.abc.es/hemeroteca/histor....59718.html).

    El pasado nos recuerda y nos advierte de lo que somos porque fuimos antes de ser ahora y, es evidente, el tal Montilla ha sido el político que ha puesto en marcha el Estatuto que, sin duda, aplaudió don Bernardo. Por eso, cuando el artículo hace la crítica y habla del número de votos perdidos por CIU (el que tuvo que recibir la herencia de los de don Bernardo y su admirado Montilla) y no de la debacle del PSC, se olvida de sí mismo, interesadamente sin duda. Ciertamente, el pueblo olvida enseguida, en una semana apenas, las hemerotecas no.

    Sobre el contenido del artículo, puro sentido común, pero a la gente hay que juzgarla por lo que hace y no por lo que dice, sobre todo si es de izquierdas y vende motos averiadas, tenemos los trasteros llenas de motos compradas durante treinta y cinco años que no funcionan y los mecánicos de izquierdas para arreglarlas son incapaces pero los hay a centenares de miles cobrando del taller español.

  2. Lehman Sisters - Viernes, 14 de junio de 2013 a las 10:56

    Pobreza infantil y paro ? que Mas da !
    Hay que mantener las TV autonómicas que nadie ve , solo representan una deuda astronómica que crece día tras día , Pere Navarro lo dejó bien claro ; ni un palo de los socialistas catalanes al despilfarro separatista , lo que sea …

  3. Alberto - Viernes, 14 de junio de 2013 a las 11:24

    Otro excelente artículo de señor Fenández. Resulta muy sugerente su observación de que CiU está derrochando con su deriva independentista no sólo su capital en votos a favor de ERC sino también su capital simbólico de moderación en Madrid, siempre facilitando la gobernabilidad del estado y eludiendo cualquier aventura rupturista. Pero mientras tanto, a hacer nación en Cataluña, lo que acaba siendo una bomba de relojería y dinamitando la propia integridad del estado que dice respetar. Es la lógica paradójica de estos nacionalismos divisivos. Moderación y buenas maneras en Madrid, nacionalización sistemática en casa en pos de la independencia. Al final, el choque acaba siendo inevitable, y basta la chispa de la actual crisis económica. Pero el país va tan mal, hay tal distancia entre el mesianismo de Mas y la realidad catalana, que CiU está contra las cuerdas, generando una dinámica política que la destroza a nivel electoral y a nivel simbólico, como partido garante de la moderación.

  4. Manuel I. Cabezas - Martes, 18 de junio de 2013 a las 18:48

    Don Bernardo,

    • Ud., como miembro confeso y recalcitrante de la CASTA POLÍTICA, sigue luciendo esas medallas de hojalata y sin valor ético de “ex diputado autonómico del PSC y consejero nacional de la Federación de Barcelona del PSC”. ¡Que rostro (por no decir jeta) tiene Ud.!

    • Para los ciudadanos de bien, los miembros de la secta de la casta política, de la que Ud. forma parte, son los responsables de todo lo que estamos sufriendo y de lo que nos queda, por desgracia, por sufrir. Ustedes, los de la casta han hecho y deshecho a su entojo y han considerado a los ciudadanos como simples votantes tontos y “paganos”.

    • Y Ud. se permite escribir, sin despeinarse y sin sonrojarse, al final de su nueva psicoverborrea-colitis: “LOS QUE ESTAMOS CON LOS PIES EN EL SUELO, QUEREMOS VIVIR DIGNAMENTE EN UNA SOCIEDAD JUSTA Y COHESIONADA, CON POLÍTICAS SOCIALES Y REDISTRIBUTIVAS JUSTA Y EFICACES, DONDE NO SE ABANDONE A NADIE A SU SUERTE”.

    • Lo dicho, tiene Ud. Un rostro (por no decir jeta) que se lo pisa.

    Manuel I. Cabezas
    Seguidor y practicante de la doctrina de la Honestidad Radical
    http://www.honrad.blogspot.com

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