“Si hace falta enfrentarse a los políticos, se tendrá que hacer”

Hace unos días entrevistábamos en la revista de Deba-t al ex ministro y ex presidente del PPC, Josep Piqué. Este, en base a su experiencia, constataba algo que cada vez es más evidente. “Uno de los problemas que hay en España, y especialmente en Cataluña, es que hay una especie de conformismo derivado de una delegación de responsabilidades que antes estaban en la sociedad, hacia los políticos. A partir de ahí el dominio de la política es, en ocasiones, agobiante. La sociedad civil adolece de una falta de coraje a la hora de recordar a los políticos lo que pueden o no hacer, aunque sea a costa de incomodarse. Históricamente, Cataluña había tenido una sociedad civil articulada muy activa y era substitutiva de un poder político que no tenía, pero la aparición de un poder político fuerte ha hecho que, por ejemplo, los temas culturales, estén cada vez más delegados en el poder y no en la propia sociedad. Si hace falta enfrentarse a los políticos se tendrá que hacer”, decía. ¿Cuándo?

Liberalismo vs Socialdemocracia

La editorial Episteme me invitó hace unos meses a escribir el prólogo de un libro, Liberalismo vs Socialdemocracia, en el que se pueden leer conferencias de gente como el diputado del PSC-CpC, Toni Comín; la Doctora Montserrat Nebrera; el Doctor y Decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra, Jordi Guiu; el secretario general de FAES, Jaime García Legaz; el ex presidente de Telefónica, Luis Solana; y la Doctora y miembro del think tank madrileño Instituto Juan de Mariana, la gran, María Blanco.

Y estos días nos estamos paseando por las capitales de provincia de Cataluña (la próxima será el martes en Tarragona) para presentar el libro en cuestión con algunos de sus autores. El viernes, Daniel G. Sastre, que consideró mi intervención “inane” (inútil) resumió muy bien en El Mundo la esencia de esta lucha ideológica citando lo que dijo el propio Comín en el CCCB: “El liberalismo y el socialismo son hijos de la misma madre. Marx decía que el socialismo sería el reino de la libertad, no de la igualdad”. A Nebrera, que siempre insiste en público en que en realidad soy liberal, por fin le pude decir que a lo mejor es ella la neokeynesiana.

Rosa Díez y los fascistas

Estarán contentos los antifascistas de plastilina de la Universidad Autónoma de Barcelona después de la campaña de publicidad que le han regalado a Rosa Díez. La líder de UPyD, a la que nunca votaría (entre otras cosas porque no se puede hablar de regeneración política, después de haber estado toda la vida viviendo de ella; o criticar al nacionalismo y haber participado en un Gobierno autonómico con el PNV de Arzalluz), se marcó un tanto.

Una y otra dinámica, las de la crispación, se citaron en la Facultad de Ciencias Políticas que coordina mi admirado Salvador Cardús. ¡Ay, Cardús! Ya ves lo que les pasa a los que intentan ser moderados; reciben de uno y otro lado. María Teresa Giménez Barbat criticándote por no haber sido más inflexible y los alumnos pidiéndote explicaciones de por qué has permitido la celebración de esa conferencia (el derecho de reunión es, precisamente, un derecho) mientras te tiran pintura encima.

Como decía Lluís Recoder en su Facebook: que mis impuestos financien la educación de gente que demuestra reiteradamente que no la tiene, por lo menos, me inquieta.

Nacho Corredor es presidente de Deba-t y también se le puede leer en su blog personal.

¿Las corridas son sanas?

El título roza lo escatológico, pero nada comparable con el del último artículo que escribía Daniel Sirera, en otro periódico digital, Me gustan las corridas. En fin, ambos hemos llamado la atención del lector de una forma fácil y a los dos nos debe hacer cierta gracia jugar con la doble acepción de la palabra. Total, ¿qué opino respecto a la tramitación parlamentaria de la ILP que propone la prohibición de las corridas de toros en Cataluña?

No es una cuestión identitaria

Los toros son una tradición tan catalana como los castillos humanos. No hay duda. Las plazas de toros más importantes han estado durante mucho tiempo en Barcelona y en el sur de Cataluña hay una cierta tradición con algunas variantes respecto a lo que hacen en Sevilla. Tanto Josep Rull (CiU) como David Pérez (PSC) decían durante la tramitación de la ILP que no había que plantear el debate en términos identitarios. Y no les falta razón. Probablemente haya alguien con una cultura limitada que identifique rápidamente a los toros con España, sobre todo fuera de nuestro país, pero la tradición (¿Las tradiciones son buenas? ¡Qué tradición tan graciosa la de lanzar una cabra desde un campanario!) tiene componentes dudosos desde la perspectiva ética. En Canarias hace muchos años que las corridas, las que presupongo como poco sanas, están prohibidas y no son sospechosos de ser militantes de ERC.

La zoofilia en España no es delito

No entiendo a quienes disfrutan con el espectáculo de la muerte. Como también me cuesta entender a quien mantiene relaciones sexuales con animales. Total, el animal no ha sido preguntado y está tipificado como delito en algunos países, como en EEUU. Abusar sexualmente de un caballo en Australia es una actividad delictiva y, sin embargo, en España, matar a un toro, con aplausos incluidos es, con la excusa de la tradición, socialmente aceptable (¡ojo! porque la zoofilia tampoco está prohibida en nuestro país). Por lo menos, ¡póngalo en duda!

Una tercera vía

La iniciativa, que no ha sido propuesta por un grupúsculo nacionalista, sino que es el resultado de la suma de miles de firmas de ciudadanos tan catalanes como Joan Puigcercós o Rafael Luna, propone la erradicación de las corridas de toros en los términos actuales. Probablemente, y después de que el PSC haya decidido que en próximas votaciones relativas al tema no haya libertad de voto entre sus diputados (¡viva el parlamentarismo donde las actas son del diputado y no del partido!), la ILP no prosperará.

No obstante, todo este debate podría servir para replantearnos si es necesario mantener una tradición con sangre incluida, y si las corridas de toros –para aquellos que tanto disfrutan con lo que denominan arte (sí, José Tomás probablemente es un artista)-, podrían no llevar incluido el espectáculo de la muerte. En otros países así lo hacen. Las tradiciones, pese a tener componentes conservadores, pueden adaptarse a los nuevos tiempos. ¿O no?

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Cataluña, segunda transición

Jamás tendré el espacio suficiente para agradecer a mis padres lo que hicieron hace 30 años en aras de reconstruir un país mancillado por la sangre del franquismo. Ahora bien, jamás tendré tampoco la suficiente capacidad para poder criticar las muchas carencias que la todavía inmadura democracia española lleva pegada a su estructura. Hacen falta ideas que impulsen una segunda transición y Montserrat Nebrera, amiga, profesora y, de momento, ex parlamentaria, tiene unas cuantas.

Hacen falta propuestas que lleven a nuestro país hacia una España federal donde convivan en harmonía todos los pueblos; con un sistema presidencialista donde los diputados no se limiten a votar según la doctrina del partido, y donde cada uno tenga que trabajarse la confianza de las gentes de su circunscripción (¿a cuántos de los diputados del partido al que vota conoce?). Un sistema donde no sea normal que un partido con un millón de votos, como es IU, tenga menos representantes que otro que tiene la mitad. Un sistema donde el Senado sea una auténtica cámara territorial y donde convivan todas las lenguas con normalidad. Un sistema en el que el corrupto la pague.

Un sistema en el que sea más transparente la financiación de los partidos y menos cuantiosas las subvenciones públicas a estos. Un sistema en el que no sea lo mismo sacar un 5 que un 10, donde el famoso Progresa Adecuadamente no exista y donde el poder judicial sea independiente. Un sistema donde a los magistrados del Tribunal Constitucional se les elija mediante un mecanismo más transparente, como en EEUU a los magistrados del Supremo. Un sistema donde la separación de poderes sea una realidad, y no quede escrito sobre el papel. Un sistema basado en la libertad (con el único límite de la responsabilidad), la solidaridad y en la confianza en la que nos gobiernan. Un sistema donde el funcionamiento interno de los partidos sea auténticamente democrático. Un sistema que recupere la legitimidad que se merecen quienes van a votar por convicción y los que se quedan en casa por desilusión. Un sistema capaz de generar intelectos, que exalte los valores de la meritocracia y donde haya igualdad de oportunidades, pero no de resultados.

No quiero poner en boca de Nebrera cosas que no haya dicho, pero cuando el martes hablaba ante 600 personas en el Hotel Majestic y pedía que todos uniéramos nuestros esfuerzos con el objetivo de hacer evolucionar el sistema hacia algo mejor, se refería a algunas de las cosas que he citado arriba.

Al margen del entusiasmo que el personaje concreto me pueda generar, tras sus palabras se desprenden unas ganas de trabajar por un futuro mejor que no podemos dejar pasar. No se trata de crear un partido, o al menos no uno cualquiera, sino de generar un movimiento transversal, en el que todos tomemos conciencia de que las cosas son como son porque nosotros queremos, por acción u omisión, y que ahora, en un momento tan crítico para el sistema, tenemos una oportunidad que no podemos desaprovechar. ¿Y tú? ¿Quieres impulsar la segunda transición?

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Los políticos no son corruptos

Un respetado parlamentario autonómico me manifestaba hace unas semanas su preocupación tras ver a una chica que leía un reportaje a doble página en el que se decía: ‘¿Son corruptos los políticos?’. “¡Sólo faltaba que no hubiera tenido interrogantes!”, exclamaba.

Los casos de corrupción destapados en los últimos meses son una constatación de que el hombre puede ser corrupto. Y ese hombre, bien puede ser político, periodista (si un periodista es pervertido, no nos preguntamos: ¿a los periodistas les gustan los corpiños?), abogado, empresario o profesor universitario.

Los medios de comunicación son también responsables

Que se demonice o no a la clase política es también responsabilidad de los medios de comunicación, teniendo en cuenta el poder fáctico que estos poseen. No es un ejemplo de responsabilidad, por ejemplo, el titular entre interrogantes al que me refería líneas atrás. En un momento crítico como este es necesario reflexionar sobre qué elementos pueden generar descontento entre la población (sistema electoral, ley de financiación de partidos, problemas que genera el parlamentarismo), pero no se puede juzgar de esa manera a un colectivo tan o tan poco sensato y honesto como cualquier otro.

En los altares

Tampoco son responsables aquellos columnistas (a sueldo) que intentan confundir. Leer a según quien defendiendo que Macià Alavedra por encima de todo es un patriota y que la operación organizada por Garzón es un ataque en toda regla al catalanismo, es un ejercicio de cinismo, hipocresía y de maldad incomparable, y que cualquier persona con un mínimo de ética condenaría sin remordimientos.

Claro que, en el caso que nos ocupa, el problema ha sido que el nacionalismo ha santificado a alguien antes de saber exactamente quién era ese “alguien”. La Iglesia, me contaba el parlamentario preocupado, es inteligente cuando espera unos años después de la muerte de un beato para ver si sacan algo malo. Luego, si a caso, le hacen santo. Por contra, el nacionalismo, se anticipa y santifica en vida, y luego, se generan frustraciones.

¿Soluciones?

Ahora bien, el descaro con el que los medios de comunicación tratan a la clase política (a algún director de periódico le gustaría ser él quién moviera los hilos) no es argumentación suficiente como para olvidar el tema. El legislador debería darse prisa en generar todos aquellos mecanismos de control que sean necesarios para perseguir y castigar a quien delinque.

No es nada desmesurado pedir que muchos políticos tengan un trabajo mejor retribuido. La Ciencia Política ha estudiado en numerosas ocasiones las ventajas que esto tiene y, a la larga, es beneficioso: una persona que debe su vida a los demás (un diputado, un presidente de Gobierno, un alcalde de una gran ciudad) debería tener un sueldo que compensara el desgaste que supone dedicar toda una vida, o una etapa de ella, a la comunidad, y evitar así tentaciones.

Nacho Corredor es presidente de Deba-t y también se le puede leer en su blog personal.

La dedocracia de la partitocracia

La mayoría de lectores ya estarán al tanto de la batalla abierta entre Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy por hacerse con el control de Caja Madrid. A raíz de esto, este lunes, el número 2 de Gallardón ilustraba muy bien a través de una entrevista lo que piensa de Aguirre (pura anécdota) y cuál es, según su parecer, la base de nuestro sistema.

Manda el partido

El periodista le dice a Manuel Cobo que Esperanza Aguirre considera que la dirección nacional del PP no puede decidir quién preside Caja Madrid (es decir, que lo que diga Rajoy, poco le importa). ¿Qué contesta Cobo?: “Quieren negar a mi partido, a la dirección nacional y a Rajoy cualquier opinión y criterio en este asunto. Pero la dirección nacional decide, repito, decide, entre otras muchas cosas, quién es la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, y decide, repito, entre otras muchas cosas, toda la lista a la Asamblea de Madrid. Como lo hace también con la lista al Ayuntamiento”.

¡Pocas veces lo habían dicho tan claro! Es la dirección nacional, no los afiliados del PP de Madrid, la que elige a la candidata a la presidencia de la Comunidad Autónoma; y por tanto, esta, se debe al partido. ¿Quién debe elegir al presidente de Caja Madrid? ¿El parlamento, donde están representados los ciudadanos, o la dirección nacional del Partido Popular? Y otra pregunta, ¿quién elegirá realmente al presidente de Caja Madrid, los parlamentarios, siguiendo criterios técnicos, o el aparato del PP de Madrid, el PSM e IU-CM?

Se ha descuajeringado la democracia…

Mientras tanto, en Cataluña, Montserrat Nebrera ha formalizado su salida del Partido Popular. “La dedocracia de la partitocracia ha descujeringado la democracia”, decía. Y así lo demuestra, una vez más, el affaire Caja Madrid. La dedocracia (la dirección nacional que elige quién es o no candidato a presidir una Comunidad Autónoma), de la partitocracia (las estructuras de los cuales elegirán al nuevo presidente de Caja Madrid), se ha cargado la esencia de la democracia.

Nebrera, Aguirre y Rajoy nos han ayudado a entender cuál es la base del sistema. La primera, enfrentándose a la estructura de su partido (en el que hay intereses, muchos de ellos económicos, incontrolables por una persona ajena a ello) y siendo apartada por haberlo intentado. La segunda, Aguirre, al señalar (¡con razón!) que no le corresponde a Rajoy (que no es diputado de la Asamblea de Madrid) decidir quién preside o no Caja Madrid. Y el tercero, por intentar controlar, del mismo modo que lo hará Aguirre, a unos parlamentarios que, en teoría, no han sido elegidos por él (aunque haya hecho la lista), sino que han sido votados por los ciudadanos.

Reformar el sistema electoral, con el objetivo de que la última palabra la tengan los votantes, o democratizar las estructuras de los partidos políticos, era uno de los objetivos de Montserrat Nebrera. No gustó. La apartaron, y, por coherencia, se fue… Pero ahora, ¿quién lo intentará?

Nacho Corredor es presidente de Deba-t y también se le puede leer en su blog personal.