“Todos los días doy gracias a Dios”, ha dicho el presidente Obama en el famoso desayuno en Washington. Ya sabemos que en USA todos los políticos son muy religiosos. Es para ponerle los pelos de punta a cualquiera.
Veo en las pantallas y en los diarios a toda esa gente que tiene los medios para empeorar, mejorar o hasta para destruir el mundo dando gracias, pidiendo a un ente cuya creación (al menos en lo que respecta al planeta Tierra) está hecha un asco, que los guíe.
La cosa tiene muy mala pinta.
Obama, un tipo inteligente y preparado, reza a Dios todos los días. Con muy poco éxito, basta mirar a nuestro alrededor para comprobarlo. Pero sigue rezando, imperturbable. ¿Por qué una persona inteligente rodeada de gente inteligente se obstina en una chorrada como esa?
Pasemos por alto que debemos a las religiones la mayoría de los horrores, guerras y toda suerte de miserias espirituales que ha sufrido la humanidad. Pasemos por alto su considerable contribución al ejercicio de la pederastia, el embuste, el fanatismo, la misoginia el oscurantismo y la ignorancia.
Ya sé que es difícil pasar algo así por alto. Pero hagámoslo.
Pues bien, aún después de pasar por alto todo lo anterior, que los líderes del mundo se pongan a rezarle a un Dios que nadie ha visto, que no existe y que si existe maneja el mundo mucho peor de lo que la verdulera de la esquina lleva su verdulería, me parece algo demencial.
Escapa a mi comprensión.
Fue una sorpresa ver por a Zapatero en el famoso desayuno de Washington. Bueno, es una manera de hablar. Zapatero va a cualquier parte donde pueda juntarse con alguien a cuya sombra lo confundan con un presidente. Yo me divierto horrores viendo a Zapatero en las televisiones. La forma en que pronuncia sus tonterías, la manera en que mueve las manitas. ¿Se han fijado ustedes en que todos sus ministros enuncian y mueven las manitas en las televisiones igual que su presidente? Son como una banda de clones. Esto también me divierte muchísimo.
Con Zapatero al frente del Gobierno es un verdadero milagro (hablando de Dios) que no haya cinco o seis millones de parados en España.
¿Qué hacía Zapatero en el desayuno con Dios, Zapatero, un progre laico izquierdoso y rojo declarado?
¿Ante cuántas banderas norteamericanas habrá dejado de ponerse en pie, pobrecillo?
Zapatero. Contra todas sus convicciones, si es que realmente tiene alguna que no sea aferrarse a la poltrona, allí, en casa del odiado enemigo yanqui fingiendo, soltando babas, leyendo pasajes de la Biblia ante Obama y aquella panda de criminales capitalistas cuando en su alma lo que quería en verdad era leerles el Manifiesto Comunista. Y alzar el puñito cerrado. Y cantar la Internacional, también conocida como la Canción de los Gulags.
El famoso desayuno, ahora que me acuerdo, lo auspicia The Family, un grupo bastante homófobo. Ya sabemos que uno de los deportes favoritos de Dios es perseguir a los homosexuales.
Es imposible a estas alturas que Zapatero despierte en alguien como yo el más mínimo respeto. El otro día, ya acostado y leyendo, me pregunté si habría algo que podría hacer Zapatero para merecer mi respeto.
Medité largamente. Al final, llegué a la conclusión de que si me mandara una foto de la Pajín en bolas…
Sí señor. Me gusta la Pajín, qué le voy a hacer; aunque hay que reconocer que, últimamente, la buena vida la ha deformado bastante.
También, debo admitirlo, si Zapatero se hubiera negado a acudir al famoso desayuno en Washington, me hubiera visto obligado a respetarlo.
Al menos un poco.
Juan Abreu es escritor y autor del blog Emanaciones.



























