Artur Mas, líder de CiU, el 16 de noviembre de 2008 entrevistado para el suplemento Domingo de El País:
Pregunta: […] Es difícil responder a una sentencia avalada por el Constitucional.
Artur Mas: La sentencia se puede acatar pero no hace falta aceptarla políticamente. Legalmente, el Tribunal Constitucional puede dictar una sentencia, pero políticamente, no. También lo dicen catedráticos en Derecho Constitucional que no son catalanes: ¿lo que el pueblo ha refrendado lo puede deslegitimar un tribunal? Si hay sentencia y ésta recorta el Estatuto, legalmente no se podrá discutir, pero esto no puede ser una condena a muerte del autogobierno de Cataluña.
P.: […] Pero, en la época de Pujol, Convergència era comedida con su vocabulario. Hablaba de nacionalismo y no de soberanismo. ¿Han perdido el miedo?
AM: Un militante de CDC, o tiene talante soberanista o no está en su partido. Si por soberanía entendemos el derecho a decidir. Militar en Convergència implica que uno debe estar de acuerdo en tener más soberanía, llegar a la plena soberanía o, como mínimo, que ésta es la dirección a seguir. Si no, mejor irse al PSC o al PSOE.
P.: ¿Qué se ha hecho mal para que haya crecido el sentimiento anticatalán?
AM: ¿Qué hemos hecho mal los catalanes? Pues, existir. Seguro que hemos cometido equivocaciones, pero nuestro error es existir. El sentimiento anticatalán ha estado siempre ahí, pero en los primeros años de la democracia quedó un poco apagado porque el autonomismo iba vinculado a la democracia. Después, algunos se han quedado sólo con la democracia.
P.: […] Su socio, el señor Duran Lleida pugna por acercar CiU al PSC mientras usted lo intenta con ERC.
AM: Es legítimo que cada uno se pronuncie sobre sus preferencias. Todo es respetable, pero no hay que hablar de pactos ahora, sino después de las elecciones catalanas.
P.: […] En el intento de pactar la ley con ustedes, el PSC acepta que las escuelas que separan niños y niñas, algunas de ellas del Opus Dei, puedan seguir recibiendo dinero público. ¿Tan importantes son para ustedes estos 3.000 niños frente a más de un millón de escolares que hay en Cataluña?
AM: Es una cuestión de respeto a la libertad de elección del centro, un derecho constitucional. Yo soy de los pocos de mi generación que desde los seis años compartí clase con niñas. Pero esto no me permite juzgar a los que defienden la separación de niñas y niños como método educativo. Y esto no es segregación. Hay una apuesta pedagógica que se tiene que respetar.