De xenófobos e independentistas

13.08.2011 | 20:42
 

Como escribe Albert de Paco, lo realmente extravagante en el caso de la concejala del partido xenófobo Plataforma per Catalunya que ha sido expulsada por las buenas de la formación no es que esté a punto de casarse con un negro del Camerún, no; lo realmente chocante es que un negro salga con una concejala racista y se vaya a casar con ella. Claro, ahora ella se ha caído del caballo y ve nazis donde antes debía de ver rosas y amables compañeros de partido defendiendo el derecho a la ciudadanía de todos los que viven en Cataluña. Pero, ¿y él? ¿Se habrá caído del caballo? Así está de podrida la sociedad. En El Periódico, imagino, ayer pensaron que quedaría tope-guay-molongui-progre que en una entrevista a un médico, que se dedica a organizar mundialitos de fútbol para doctores, se le fotografiase con una bandera independentista. “Póngase ahí, con la copa”, le diría el fotógrafo. Con la copa y la bandera independentista -pensaría el doctor rompepiernas-, que como todo el mundo sabe y puede entender tiene mucho que ver con la medicina y el fútbol. Al menos, en Cataluña. Simplemente es una bandera que crea división, menosprecia a una parte (algunos dicen que la mitad) de catalanes y, en su nombre, se ha agredido a políticos del PP y de Ciudadanos. Y a intelectuales, no sea que les dé por pensar a los que portan la estelada. Es la banalización del odio, ya sea contra los de una religión o raza distinta a la pura blanca (que no existe ni ha existido jamás) que encarnan personajes tan catalanes/españoles como Josep Anglada o ya sea contra el resto de compatriotas, vivan en Cataluña o en el resto de España, a los que consideran ladrones (con el invento del expolio fiscal) o colonos, según donde residan. Alguien dirá, puede ser peor: un Anglada abrazado a la estelada. Pues sí, de eso también tenemos.