Derechos del niño, ‘castells’ y nacionalismo

04.05.2012 | 10:39
 

Los derechos del niño son un conjunto de normas de derecho internacional que protegen a las personas hasta determinada edad. Todos y cada uno de los derechos de la infancia son inalienables e irrenunciables, por lo que ninguna persona puede vulnerarlos o desconocerlos bajo ninguna circunstancia. Varios documentos consagran los derechos de la infancia en el ámbito internacional, entre ellos la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos del Niño.

El principio 7 de la Declaración de los Derechos del Niño se señala lo siguiente: ‘El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho” (fuente: Wikipedia).

En España, la Constitución española y su legislación derivada, principalmente, Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, de modificación parcial del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil, desarrollan estos principios internacionales siempre en beneficio del menor, otorgándoles unos derechos y atribuyendo la responsabilidad de su defensa, en principio, a los padres y las autoridades, obligándolas a intervenir cuando se den situaciones de desamparo.

Un castell es la torre humana de varios pisos de altura que se viene construyendo tradicionalmente en algunos pueblos de la comarca valenciana de la Ribera Alta, como Algemesí y La Alcudia, donde se denominan muixeranga y negrets respectivamente, en el Campo de Tarragona, desde hace más de doscientos años (se encuentran referencias desde el siglo XVIII), y que después se fue extendiendo hacia el Penedés y, durante el siglo XX, por toda Cataluña, Rosellón (Francia) y las Islas Baleares, especialmente a partir de los años ochenta, lo que hace que esté estrechamente vinculado a las fiestas populares.

Un casteller es una persona que forma parte de una colla castellera para organizar castells (del catalán; castillos). El 16 de noviembre de 2010, els castells fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco (fuente: Wikipedia), señalando que: ‘Els castells són reconeguts pels catalans com una part integral de la seva identitat cultural, transmesa de generació en generació proporcionant als membres de la comunitat un sentiment de continuïtat, cohesió social i solidaritat‘.

Evidentemente en el contenido de la declaración subyace, claramente, la ideología nacionalista, tan dada a la glorificación de las bondades de lo que estiman como propio, como a la denuncia y erradicación de lo que les es sentimentalmente ajeno, muy especialmente, si consideran su origen como español (y es que si ‘catalanismo es amar a Cataluña, nacionalismo es odiar a España’, como muy bien ha resumido Francesc de Carreras en un artículo de La Vanguardia aparecido ayer).

La Generalidad de Cataluña se encarga de la promoción de la actividad castellera como cualquier otra actividad de ocio, propicia su difusión a través de los medios de comunicación que controla y la subvenciona generosamente. A pesar de los estudios estructurales, frecuentemente, los castells, fan llenya, esto es, se derrumban. El instante del derrumbe de un castell es fácilmente previsible: primero tiemblan, luego tiemblan más y, a partir de ahí, ya están todos preparando la caída durante unos interminables segundos. Porque la caída, finalmente, se produce. ¡Y qué caídas! Sin embargo, los medios de comunicación públicos catalanes que retransmiten, asiduamente, las jornadas castelleras jamás sirven los planos medios en los que podrían percibirse las expresiones de dolor, de miedo y de tensión angustiosa, que se producen justo cuando todos los cuerpos han tocado tierra o han caído sobre alguien.

Deben demostrar que los castells son una actividad inocua, festiva, lúdica y sin apenas riesgo y así se encargan de publicitarlo, precisamente en relación a los más pequeños: la enxaneta, es decir, el casteller que corona los castells y que, por norma general, es un niño o niña, de entre 5 y 10 años (fuente: Viquipèdia). Sin embargo, sólo se conocen cuatro accidentes mortales: el primero en La Masó en el siglo XIX, el segundo en Torredembarra en 1983, el tercero en Mataró en el 2006, hecho que impulsó el uso del casco entre la canalla (chiquillos), y el cuarto en Montblanc en 2011.

Más allá de cualquier consideración, el hecho es que no existe una normativa que regule la actividad castellera y las autoridades lo justifican de maneras un tanto peregrinas; así, a raíz del accidente mortal de 2006 que costó la vida a una niña de 12 años, el entonces director del Centro de Promoción de la Cultura Popular de la Generalidad, Ferran Bello, declaró, según la agencia Efe, que la muerte de la castellera era un “simple accidente” que no cuestionaba la seguridad de las torres humanas. Según Bello, el mundo casteller había asumido autorregularse, de manera que los caps de colla (jefes) “tienen claro que no deben forzar las situaciones”, pese a lo cual “están muy preocupados porque este hecho tenga una repercusión negativa para un sector que actualmente se ha convertido en el más emblemático de las manifestaciones de cultura popular catalana”.

¿Deben los niños participar en estas tradiciones? Y si lo hacen, ¿no deberían llevar, al menos, un casco protector para evitar tragedias como ésta? Lo normal es que las malas caídas de los más pequeños acaben con chichones, algún diente roto o en el peor de los casos, una lesión en el tabique nasal. Pero cada año, una media de dos casos graves de traumatismo craneoencefálico llega a la UCI del hospital infantil San Juan de Dios de Barcelona. El doctor Josep Caritg era adjunto en la dirección del centro y trató a la fallecida. A él también se le hizo la pregunta que nadie osaba formular en voz alta: “Es imposible contestarla. Como hospital creo que debemos alertar a la sociedad para que se vele por la salud de los niños y evitar estas situaciones, que no son tan excepcionales. Y todos asumimos que se supone que un traumatismo tan grave como el de Mariona sería menos grave con casco”.

Pese a todo, el uso del casco, dada la autorregulación -es decir, la falta de normativa reguladora- aunque se ha generalizado, en definitiva, sigue siendo voluntario. No existe un reglamento que regule la actividad castellera, recoja infracciones y las posibles sanciones a las mismas. Los castellers se organizan en collas o grupos que rivalizan entre sí para ver cuál es capaz de hacer el castillo más alto o más difícil. Cada dos años, y desde 1980, se organizan concursos de castells en Tarragona en los que las collas pueden demostrar su destreza y habilidad, y en donde se cobra entrada como en cualquier otro espectáculo. Incluso alguno de sus integrantes ha llegado a ganar tal popularidad que fue propuesto a catalán del año.

Hay mucho en juego, cada vez más, y eso hace que suba el riesgo, los accidentes y la cuantía de las pólizas de seguro. Hubo un tiempo en que la actividad castellera estuvo equiparada a la laboral y estaba prohibido, en consecuencia, la intervención de castellers menores de 16 años. Quizás, ahora, es el momento de abrir un debate sobre las bondades y las miserias de una actividad que debe subrayar sobre otros su carácter lúdico y festivo, si pretende continuar contando con la participación de niños. Para ello debe empezar por reconocer sus riesgos y, sobre todo, no puede pasar más tiempo sin una regulación completa y obligatoria.

8 Comments en “Derechos del niño, ‘castells’ y nacionalismo”

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  1. Paco - Viernes, 4 de mayo de 2012 a las 18:35

    Moren més nens ofegats en les piscines o en accidents de transit; però no ho prohibiríeu pas.

    Els anticatalans sou així.
    Preferirieu una Catalunya sense castells, sense tradicions i sense català; una especie de terra cremada i assimilada on hi dominés l’espanyol, com Astúries o Aragó.

  2. Angeles Azrad - Sábado, 5 de mayo de 2012 a las 10:13

    Estimados amigos;
    No he visto en mi vida una institución más cruel y mala que servicios sociales DGAI y EAIA, niños desamparados no hay, hay eso si niños que sus madres han ido a pedir ayuda a servicios sociales, y les han quitado a sus hijos con policías armados hasta los dientes.
    En mi caso mi nieta con 15 años fue a un centro, por estar en internet, una niña enferma, donde por culpa de DGAIA ha repetido curso, ha estado peor.
    Se llevan a las adolescentes y un mes o dos antes de los 18 años las devuelven a casa, para no pagarles la subvenciones, aún siendo menores, las dejan en alta mar de la vida.
    A mi me prohibieron ayudar a mi hija, una de las asistentas sociales llamo a todos mis médicos de Can Ruti para que le firmasen que yo estaba mal de la cabeza, porque actúan así, de hecho yo vivo en Haifa Israel en donde ningún médico me va a decir que mi enfermedad es sionismo como me dijeron en Sant Joan de Deu, y tuve la suerte que me visitó un forense a post teriori que su novia era judía, y dijo que mi coeficiente intelectual era de 160 pero en el psiquiátrico casi me matan por que estás señoras, no ponen de enfermos, de trabajos que jamás hemos realizado, porque Generalitat cobra de 3000 a 10.000 euros por niño tutelado y apartado de su familia.
    En el centro que metieron a mi nieta, que ella ya está en casa por orden judicial, porque la juez dijo que era ilegal, y es asi sin juicio es secuestro, antes de entrar mi nieta, según le contaron las compañeras, vino un guardia jurado, que les traía cocaína y las hacía desnudar.
    En otros son maltratados, que dejen en paz a las familias, que cojan niños que están en la calle con las madres pidiendo y que dejen de destrozar y maltratar a los niños

  3. pepote - Sábado, 5 de mayo de 2012 a las 10:26

    La respuesta es sencilla, si los castells fueran una tradicción que se realizara en Madrid las voces para prohibirlos como una actividad de vándalos recorrerían toda Cataluña.
    Es lo que hay.

  4. Angeles Azrad - Sábado, 5 de mayo de 2012 a las 14:10

    Creo que no es cuestión de decir ” Mueren más niños ahogados” Es cuestión de evitar males, y que Generalitat por menos quita hijos a sus madres

  5. Jorgito - Sábado, 5 de mayo de 2012 a las 15:04

    Yo no veo que el artículo proponga su prohibición, habla de regulación.

  6. polac - Domingo, 6 de mayo de 2012 a las 11:03

    Els nacionalistes espanyols patiu una greu malatia que s’anomena catalanitis aguda.

  7. Segundos - Lunes, 7 de mayo de 2012 a las 20:28

    Está claro, es evidente, inhumano, moralmente despreciable el maltrato a los toros.

    Y algún gran cerebro nacionalista lo llamará catalanitis aguda.

    Los sacrificios de los niños para calmar a los Dioses, es manía persecutoria española.

  8. Susi - Miércoles, 10 de octubre de 2012 a las 01:17

    El fallecido en 2011 era un señor de 75 años.

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