Las tres zonas para ver el piromusical de la Merced

26.09.2012 | 16:45
 

Clase social es una forma de estratificación social en la cual un grupo de individuos comparten una característica común que los vincula socioeconómicamente, sea por su función productiva o social, poder adquisitivo o económico o por la posición dentro de la burocracia en una organización destinada a tales fines.

La sociedad de clases constituye una división jerárquica basada principalmente en las diferencias de ingresos, riquezas y acceso a los recursos materiales. Aunque las clases no son grupos cerrados y un individuo puede moverse de una clase a otra. [Este sistema está muy relacionado con el sistema productivo y es el típico sistema de estratificación de las sociedades de Europa en los siglos XVII y XIX, así como de otras sociedades no igualitarias en que no existe igualdad de acceso a los recursos (fuente: Wikipedia)].

Una de las características de las clases sociales beneficiadas es la de la constitución y mantenimiento de ciertos privilegios. En la mayoría de casos y en nuestra sociedad actual, de forma impermeable y sutil; donde no existe información, no hay que ofrecer explicaciones que podrían conducirnos a la creación de un problema por no poder justificar lo injustificable. En otros casos, el establecimiento del privilegio, contra viento y marea, se impone; sin más.

Los últimos advenedizos en esta carrera de codazos y exclusiones la constituyen la ya conocida como casta política, a la que no es ajena la municipal; tampoco la del Ayuntamiento de Barcelona.

Hace unos años, invitado por una amiga, fuimos a ver el piromusical que suele cerrar la fiesta mayor de Barcelona, la Merced. Cuál fue mi asombro al poder comprobar que existían tres zonas públicas para observar el mismo: la zona general, en la que se inserta el 95% de los ciudadanos barceloneses que desean ver el acto y a los que se sitúa a lo largo de la Avenida de la Reina María Cristina (allí todo son apreturas, malos olores y agobios que suelen traducirse en un deseo último e íntimo de que el espectáculo no se alargue más de lo necesario –lo sé, porque también lo he sufrido-); la zona restringida –situada en un descampado cercano sin visión directa desde la referida avenida-, en la que se incluyen, aproximadamente, a un 4% de los ciudadanos que, de una u otra forma, conocen a mandos intermedios de la casta política municipal y a la que se puede acceder sólo con invitación (allí, como pude comprobar con mi amiga, no existen estrecheces y, además, podías beber, a costa del erario público, refrescos); y, en fin, la zona vip, para el alcalde, los concejales, gerentes y sus familiares y amigos directos –situada en una de las terrazas de la Feria de Barcelona en el edificio que corta la Avenida Rius i Taulet-, con un acceso barrado por la Guardia Urbana y seguridad privada, en la que un servicio de catering ofrecía canapés y bebidas a los allí reunidos con la colaboración de guapísimas azafatas, todo ello, también, por cortesía de los barceloneses.

Prometí que nunca volvería a ver este bonito espectáculo mientras no se tratase a los ciudadanos barceloneses en condición de igualdad y que haría pública esta situación. Como supongo que este año, con el alcalde Trias (CiU) la cosa no habrá cambiado, cumplo mi promesa para conocimiento de todos.

PD: Invito al servicio de comunicación del señor alcalde a que responda a este post en el correo que tienen disponible todos los ciudadanos que se sientan aludidos o quieran matizar cualquier información (fedllosmar@gmail.com).

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