Cataluña

¿Nos sale a cuenta la independencia?

Datos y cálculos es lo que falta en el debate secesionista abierto por CiU. En este texto analítico se realiza una exposición de los efectos a corto plazo que supondría para Cataluña la independencia del resto de España. Un panorama nada alentador.

Víctor Andrés Maldonado
Jueves, 15 de noviembre de 2012 | 09:50

El presidente en funciones de la Generalidad y candidato de CiU a la reelección, Artur Mas, saluda a los asistentes al acto de inicio de campaña electoral (foto: CiU).

Recientemente, han aparecido en la prensa cotidiana algunos artículos tratando de evaluar las consecuencias económicas de la independencia de Cataluña. Tener claridad sobre esta cuestión es muy importante para nosotros, los ciudadanos de a pie, dado que al fin y al cabo seremos nosotros los que nos beneficiaremos o pagaremos las consecuencias de una decisión de tal trascendencia.

Según nuestro presidente autonómico, la independencia de Cataluña comportaría que todos los impuestos pagados por los contribuyentes catalanes serían recaudados por una Agencia Tributaria catalana y serían enteramente utilizados para financiar los costes de funcionamiento de las diferentes administraciones del nuevo Estado (incluidos los ayuntamientos) así como las diferentes políticas establecidas por el mismo (incluyendo la sanidad, educación, justicia, policía, transporte, etc.). Según los cálculos de la Generalidad, durante 2009, la diferencia entre lo que Cataluña aportó al Estado español, vía impuestos, y lo que recibió del mismo, en términos monetarios (lo que técnicamente se llaman flujos de caja) fue el equivalente a alrededor del 8,5% del PIB (o Producto Interior Bruto, es decir lo que produce anualmente Cataluña en su conjunto). Por lo tanto, en el caso de un Estado catalán independiente, ese dinero se quedaría en Cataluña y serviría para mejorar los servicios prestados e incluso anular o rebajar los recortes ya introducidos por la Generalidad en sanidad, educación, etc, durante los pasados meses.

Es una lástima que la Generalidad no haya continuado con la publicación de las otras tres formas de cálculo de la aportación de Cataluña al Estado español, como así hiciera el Gobierno tripartito (PSC, ICV-EUiA y ERC), ya que entre los expertos no existe unanimidad a la hora de ponerse de acuerdo en cuanto a cuál sería el mejor método de los cuatro posibles. En cualquier caso, y como es conocido, la Generalidad del presidente autonómico Artur Mas escogió el método cuyo resultado arrojaba una mayor aportación neta de Cataluña al Estado. Creo que sería conveniente que los resultados de los otros tres métodos se hicieran públicos asimismo para poder permitir a los ciudadanos hacer las comparaciones oportunas. Pero parece ser que, como ya ha sido publicado en algunos medios de comunicación, el resultado de uno de ellos ya fue negativo para Cataluña en el pasado (es decir, Cataluña sería receptora neta de recursos), por lo que, de verificarse para el año 2009, toda la estrategia política actual del presidente autonómico quedaría en entredicho.

Pero, volviendo a los recursos que, según el (único) método de cálculo aplicado por la Generalidad, Cataluña aporta al Estado, ¿hacia dónde se canalizan los mismos? Fundamentalmente, hacia dos cuestiones. Primero, a pagar los servicios que el Estado presta a Cataluña (como servicios de las embajadas en el exterior, control de fronteras, financiar instituciones comunes de todo el Estado como el Banco de España, financiar el Ejército, etc.); y, segundo, a transferir recursos a aquellas Comunidades Autónomas con un nivel de renta más baja para que éstas puedan financiar la prestación de servicios (educación, sanidad, etc.) a los residentes en las mismas, es decir, transferencias de solidaridad hacia otra personas con menos recursos.

Según los cálculos de la Generalidad, el valor de los servicios prestados por el Estado ascenderían a alrededor del 2,7% del PIB, con lo que las transferencias netas al resto de CCAA en concepto de solidaridad sería de alrededor del 5,8% del PIB. Respecto a este último monto, la Generalidad aduce que éste es superior a lo que ocurre en situaciones similares en otros países de corte federal (como por ejemplo, Alemania). Sin embargo, sería importante recordar que la independencia de Cataluña comportaría con toda seguridad un aumento del coste de los servicios que actualmente presta el Estado español (lo que técnicamente se llama desaprovechar economías de escala). Por ejemplo, el establecer un supervisor del sistema financiero catalán supondría un coste comparativamente mayor que el actual bajo el Estado dado que dicho coste se referiría a un número de bancos e intermediarios financieros (catalanes) menor (todos los españoles, incluidos los catalanes). Por ello, el cálculo de los costes de los servicios actualmente prestados por el Estado español podría ser significativamente superior (1).

Ventaja y déficit

Llegados a este punto podría plantearse la posibilidad de que algunos de los servicios actualmente prestados por el Estado no fueran en absoluto necesarios, por ejemplo que una Cataluña independiente no tuviera Ejército. A primera vista, este hecho, evidentemente, supondría un plus de ahorro para Cataluña que podría ser utilizado para mejorar la prestación de servicios sociales, sanidad, educación, etc. (2). Sin embargo, tampoco hay que olvidar que, en situaciones similares (como por ejemplo en Suiza, donde no existe un Ejército profesional, sino una especie de milicia en la que participa una gran parte de la población, o en Costa Rica, donde el Ejército fue abolido en 1948), se produce un gasto adicional no despreciable en términos de costes de substitución del Ejército por soluciones alternativas (por ejemplo, el equipamiento de la milicia popular en Suiza, el mejor equipamiento de la policía en Costa Rica con el fin que pueda llevar a cabo algunas tareas propias de un Ejército tales como el control marítimo y fronterizo). En cualquier caso, podríamos estar de acuerdo en que sería del todo necesario reforzar las capacidades de los Mossos d’Escuadra y que ello supondría un importante gasto adicional. Ademas, conviene recordar que tal opción supondría que Cataluña no podría pertenecer a la OTAN.

Para hacer los cálculos fáciles, supongamos que el ahorro derivado de no tener Ejército compensaría el sobrecoste derivado de prestar los mismos servicios que ahora presta el Estado pero para un territorio y población más pequeños. En resumen, en teoría, una Cataluña independiente y sin Ejército podría ahorrarse alrededor de 5,8% del PIB actualmente transferido al Estado español.

Por otro lado, según diferentes estudios económicos, el hecho de establecer un nuevo Estado supone un efecto negativo económico muy importante (3). Ello es debido, por ejemplo, a la reducción de los flujos comerciales derivados de la introducción de las nuevas fronteras, reducción de inversiones por parte de extranjeros que podrían encauzarse hacia el mayor mercado español, repatriación de inversiones por parte de inversores españoles y extranjeros, traslado de sedes sociales de empresas, establecimiento de nuevos costes para las empresas derivados de tener que tratar con dos administraciones diferentes, etc.

Asumiendo que los mencionados estudios son correctos, una reducción del PIB de Cataluña del orden del 7% al 9% del PIB como consecuencia de la independencia de Cataluña supondría un impacto económico muy negativo similar (sino mayor aún) a la actual crisis económica. Sólo a modo de comparación, desde el comienzo de la crisis (de 2009 a 2012), la economía española se ha contraído en menos de esas cifras. Por lo tanto, la independencia de Cataluña conllevaría una prolongación de la actual crisis por probablemente otros cinco años y al menos de similares dimensiones (sino peores).

En este sentido, es necesario subrayar que una contracción del PIB catalán de dicha envergadura acarrearía una reducción de los ingresos (al haber una actividad económica menor, la recaudación de impuestos sería menor) y un aumento de los gastos (por ejemplo, al haber un número mayor de desempleados, los desembolsos por el seguro de desempleo serían mayores) del Estado catalán. Este doble efecto de la reducción de la actividad económica tendría como consecuencia la reducción, sino la completa desaparición, de los recursos adicionales del 5,8% del PIB mencionados anteriormente derivados del ahorro de las transferencias netas al Estado español. Esta constatación es fácil de realizar al comprobar que la reducción de la recaudación de impuestos y el aumento de gastos en España derivados de la actual crisis económica es bien superior al mencionado 5,8% del PIB español a pesar del hecho de que la contracción económica no ha supuesto todavía ni el 7% del PIB.

En resumen, lo más probable es que las consecuencias económicas de la independencia de Cataluña llevaría a anular completamente el ahorro derivado de la cancelación de las transferencias netas al Estado español. Pero aún hay más.

Pero…

En el caso de su independencia, Cataluña recibiría, de un lado, una serie de activos actualmente en manos del Estado español (tales como todas las infraestructuras situadas en Cataluña, parte del fondo de las pensiones en manos de la Seguridad Social, etc.), pero, del otro, debería asumir parte de las deudas del Estado español (además de las actuales deudas contraídas tanto por la Generalidad como por las otras administraciones en Cataluña). Como es bien sabido, la deuda interna de Cataluña es del orden del 22% del PIB (la mayor de todas las CCAA). La deuda del Estado español podría alcanzar alrededor del 90% del PIB español en 2014 (según las previsones de la Unión Europea). En el caso de su independencia, una hipótesis plausible sería que Cataluña asumiera la parte de la deuda del Estado equivalente a su importancia económica (situada hoy en día en un poco menos del 19% en números redondos), como así ha ocurrido en casos análogos. Para facilitar los cálculos, supongamos que al final Cataluña tuviera una deuda de alrededor del 100% del PIB en el año 2014 (entre deuda interna y deuda asumida proveniente del Estado español). El coste de dicha deuda podría rondar el 5% (probablemente más aún, si nos atenemos al coste financiero de los bonos patrióticos emitidos por la Generalidad los últimos años). Es decir, una Cataluña independiente podría verse en una situación en el que no sólo no obtiene financiación adicional del 5,8% del PIB (derivado del ahorro de transferencias al Estado español, como nos dice el presidente autonómico), sino que tendría un déficit de financiación de al menos del 5% del PIB.

Es evidente que ante tal situación, y dado que actualmente no tiene acceso a la financiación de los mercados, Cataluña se vería abocada a aumentar los recortes y los impuestos para cubrir su déficit, a un rescate por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) con la debida condicionalidad, dado que estaría fuera de la UE, e incluso a una suspensión de pagos tanto de los intereses como del principal de la deuda. En fin, un panorama nada alentador.

La situación descrita anteriormente se refiere a los efectos a corto plazo de la independencia de Cataluña. Para otro día dejamos el análisis de su viabilidad a largo plazo, pero como dijo Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos (al menos, yo seguro que sí).

Víctor Andrés Maldonado es economista

(1) Según el artículo publicado por Ángel de la Fuente y Sevi Rodríguez Mora en el diario El País, del 24 de septiembre de 2012, dicho coste subiría al 4,3% del PIB. En dicho caso, el monto de transferencias netas en concepto de solidaridad hacia otras CCAA sería del 4,2% del PIB, comparable al que se produce entre territorios de un mismo Estado federal.

(2) Según el artículo publicado por Jesús Cuadrado en el diario El País, del 19 de octubre de 2012, el coste de un Ejército moderno en países comparables como Dinamarca tiene un coste del 1,4% del PIB.

(3) Según el artículo publicado por Anselmo Rubiralta y Pankaj Ghemawat en el diario Financial Times, del 17 de junio de 2011 (con datos de 2007, es decir antes de la crisis actual), se produciría una contracción del PIB catalán de alrededor del 7%. Según De la Fuente y rodríguez Mora, (con datos de 2009, es decir durante la crisis actual), la contracción sería del 9% del PIB.

Temas: , , ,

54 Comments en “¿Nos sale a cuenta la independencia?”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.
  1. Asier - Sábado, 17 de noviembre de 2012 a las 20:38

    Pues eso, Pilar García-Jaúregui, Romualdo y yo mismo, ya lo hemos dicho: hay cosas que no tienen precio y de ellas no se habla.

  2. una leonesa - Lunes, 19 de noviembre de 2012 a las 16:47

    soy una leonesa a la cual si tiene que votar por que se independice la region de cataluña y vascongadas ..diria……SI …no os queremos dando la matraca toda la vida,podemos muy bien desarrollarnos sin vosotros y lo que os dan que es una burrada nos lo darian a los demas y viviriamos divinamente….ala…independizaros de una pt vez que nos teneis hasta…..los sombreros

  3. ja hi som - Miércoles, 21 de noviembre de 2012 a las 15:34

    “lo que os dan que es una burrada nos lo darian a los demas y viviriamos divinamente”

    Una mostra de com un poble està convençut que viuen segons el que “li donen”.

    Als catalans no ens donen res. Ens ho guanyem.
    I aviat deixareu els espanyols de ficar cullerada. Us haureu d’espavilar a veure com expliqueu per qué ja no podeu “donar” més a aquesta colla….

  4. ja hi som - Miércoles, 21 de noviembre de 2012 a las 15:36

    “, la ruptura afectiva y sentimental que para muchos catalanes supondría la separación de España no se puede valorar ni cuantificar con números, no tiene precio”

    Mai us ha importat un rave la quantificació ni el preu de sotmetre al poble català.
    Qué us fa pensar que la vostra “ruptura afectiva i sentimental” és més important que la nostra?
    Qui us creieu que sou?

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.