Opinión

Multiconsultas

‘Estoy convencido de que a todos los pueblos hispanos les apetecería pronunciarse sobre la posibilidad de constituirse en ‘Estado propio en Europa’ y celebrarían poder hacerlo al mismo tiempo que los catalanes. El análisis exhaustivo y comparativo de esos resultados sería del máximo interés y ahora que va imponiéndose la necesidad de remozar la Constitución, esos datos serían de gran ayuda para legislar de manera prudente. Más adelante, aunque con los lapsos suficientes para permitir el poso de las opiniones, el descanso del personal y no incurrir en despilfarros innecesarios, podrían celebrarse consultas sobre la opción de desgajarse de España o no, de desgajarse de Europa o no, y así sucesivamente, tanto para cuestiones de marco político como de gobernación y administración cotidiana’.

Adolf Tobeña
Viernes, 25 de enero de 2013 | 16:29

Todo el mundo entiende que cuando se reclama el derecho a decidir lo que se persigue, en realidad, es la facultad de imponer un marco político con garantías legales inamovibles. Es decir, sin posibilidad de reclamaciones ulteriores. Esa es la esencia de la rebelión catalana lanzada el once de setiembre de 2012 por una riada de manifestantes secesionistas y que el Gobierno regional asumió, consagrándola como ariete de su programa para verla culminada, sí o sí, en 2014. Es decir, por las buenas o por las malas: con anuencia de partes y conforme a derecho, si es posible, o sin respetar esas formalidades, si no es así.

En este asunto que tiene atenazado el horizonte de la vida política española resulta conveniente partir de datos sólidos. Hay uno, en concreto, que es incontrovertible: un segmento considerable de la población catalana quiere largarse de España cuanto antes y ha vislumbrado una oportunidad favorable. Eso es así y no hay que negarlo u ocultarlo: existe una importante proporción de catalanes que quieren regirse por su cuenta, rompiendo las ataduras que les vinculan al Reino de España y consideran, además, que la acuciante debilidad del panorama hispánico actual ofrece un resquicio para conseguir ese objetivo. Es posible que ese segmento secesionista ronde o incluso alcance a superar la mitad del censo de los ciudadanos del Principado. Todos los datos de los sondeos efectuados en el último quinquenio así lo atestiguan y las elecciones de noviembre de 2012 vinieron a remacharlo: los votos cosechados por los partidos que planteaban un horizonte de soberanía plena para Cataluña llegaron a la cota de 1.800.000 sufragios, muy cerca de la mitad del total de votos emitidos (3.657.450). Eso constituye, por tanto, una realidad ineludible.

En el contexto europeo donde nos toca vivir, el obstáculo primordial que se interpone ante ese impulso secesionista es la opinión y la voluntad del resto de catalanes. Es decir, de la otra mitad de ciudadanos del Principado que desean mantener los vínculos con España tal y como están. Alrededor de 1.750.000 emitieron ya, el pasado noviembre, un sufragio negativo sobre una Cataluña independiente, al votar a partidos que explicitaron su opción contraria a esa posibilidad en unas elecciones que tuvieron ese tema como foco principal (o único, casi). 85.000 ciudadanos no dieron su voto a nadie al emitir papeletas en blanco o nulas, y una gran bolsa de 1.600.000 ciudadanos son una incógnita al no ejercer su derecho a opinar. De todos modos, a tenor del patrón repetido en los sondeos serios sobre la voluntad secesionista y de los resultados electorales, no sería un despropósito presumir que la fracción de abstencionistas que pudiera acudir a una consulta vinculante sobre la independencia tendiera a fragmentarse, a su vez, en proporciones cercanas a las dos mitades. Sumando pues las cifras de manera tentativa, tenemos algo más de dos millones y medio de catalanes a favor de la secesión y cerca de dos millones y medio en contra, de los cinco millones largos, en total, de ciudadanos que podrían ejercer su voto refrendador.

Hay empate, por consiguiente. Un rutilante y clamoroso empate que debiera llevar, en buena lid y en tiempos de grandes estrecheces, a que se postergaran nuevas justas. Ese empate, sin embargo, no es en modo alguno paralizante, sino todo lo contrario, para el segmento con más empuje que es el secesionista. De ahí las prisas por marcar un calendario: el impulso independentista se puede atenuar, enfriar o incluso diluir, aún sin contar con las reacciones de los adversarios, porque los estados de opinión tienen picos pero también mesetas y valles. Los instrumentos técnicos para plasmar una voluntad decisoria tienen, por otra parte, sus engranajes peculiares a tener en cuenta.

La estrategia secesionista de la coalición gubernamental autonómica catalana y la de sus socios es clara y tiene etapas bien definidas. La primera, inocular la convicción en la ciudadanía de que organizar una consulta sobre la autodeterminación es un derecho indiscutible e inalienable que asiste a los catalanes, a ellos en particular y en primerísima instancia (el derecho a decidir, según el mantra que acostumbran a repetir en todas partes). Eso ya se consiguió con creces. Si ese derecho lo ejercieron en su día en Quebec y los escoceses van a poder hacerlo en 2014, los catalanes no pueden ser menos que las gentes de esos lugares remotos, digan lo que digan las leyes vigentes. De ahí el empecinamiento: cualquier barrera será presentada como un atentado a las reglas más elementales de la democracia y usada para denunciar el atropello ante el mundo. Con ese planteamiento siempre se gana: si hubiera acuerdo con las instancias constitucionales españolas para efectuar la consulta, se vendería como una victoria apabullante y primer paso hacia la segregación, y si no lo hubiera, la parálisis se vendería como el aborto de las ansias de libertad de un pueblo laborioso, creativo y emprendedor que se considera capaz de caminar por su cuenta. Es decir, como ariete para ampliar fidelidades, consensos y ámbitos de poder.

La segunda etapa pretende consignar, mediante referendo y en términos cuantitativos inapelables, una derrota charnega en algún tipo de consulta (legal o paralegal) donde se ventile la disyuntiva de constituirse o no en ‘Estado propio en Europa’ (según la formulación ya avanzada por el presidente de la Generalidad). Se persigue una concurrencia favorable que se mueva entre el 55 y el 60%. Eso ya sería suficiente para cantar victoria, sin que importara en demasía el grado de participación. Es decir, la ventaja pírrica a partir de una enunciación vaga en un proceso paralegal y no necesariamente vinculante, ya vale. Porque con ese planteamiento siempre se gana, también. Es improbable, por un lado, que los andaluces, los canarios, los gallegos, los lombardos, los corsos, los tiroleses o los flamencos (por poner tan sólo algunos ejemplos), se pronunciaran en contra de una opción genérica de ese cariz, si les fuera planteada. Y cuando se cuenta, como así es, con los resortes persuasivos de una potente administración regional y sus pregoneros mediáticos (la brunete montserratina), el resultado está cantado. En cualquier caso, si no se llegaran a alcanzar aquellas cotas siempre podría acusarse al asfixiante torpedeo central que no permitió una pregunta clara y un procedimiento legitimado. Por consiguiente hay que montar la consulta trampa de todas, todas. Mejor ganando, aunque sea por los pelos, porque así se certifica la derrota charnega (es decir, española), pero si se empata (el escenario más plausible, vistos los números anteriores), no se ha perdido nada y se ha culminado otro mojón, al sentar precedente. Debo precisar que en el sector charnego incluyo a todos los adversarios del secesionismo tengan o no pedigrí como tales: desde las bolsas urbanas y suburbanas de emigración hispana de tercera o cuarta generación que constituyen todavía el grueso resistencial español, las nuevas bolsas migratorias sudamericanas, magrebíes u orientales, o los indígenas que aborrecen las aventuras soberanistas de sus compatriotas.

Los constitucionalistas sensatos tienen un delicado trabajo por delante para intentar evitar que esa estrategia, a todas luces ventajista, vaya culminando etapas y consiguiendo objetivos. Seguramente los acomodos ante tesituras parecidas que se han instrumentado en Gran Bretaña o en Canadá servirán de poco, porque allí los nexos, las reglas y la tradición son muy otros. Una de las sendas a explorar sería superar a los secesionistas por el flanco izquierdo: es decir, responder a las exigencias democráticas de consulta, con más democracia si cabe. Por ejemplo, con un rosario de consultas bien perfiladas y pautadas. He deslizado ya una sugerencia antes: estoy convencido de que a todos los pueblos hispanos les apetecería pronunciarse sobre la posibilidad de constituirse en ‘Estado propio en Europa’ y celebrarían poder hacerlo al mismo tiempo que los catalanes. El análisis exhaustivo y comparativo de esos resultados sería del máximo interés y ahora que va imponiéndose la necesidad de remozar la Constitución, esos datos serían de gran ayuda para legislar de manera prudente. Más adelante, aunque con los lapsos suficientes para permitir el poso de las opiniones, el descanso del personal y no incurrir en despilfarros innecesarios, podrían celebrarse consultas sobre la opción de desgajarse de España o no, de desgajarse de Europa o no, y así sucesivamente, tanto para cuestiones de marco político como de gobernación y administración cotidiana. Para los asuntos más trascendentes, segunda vuelta al cabo de quince días y exigiendo mayorías no inferiores al 80%, por ejemplo, aunque esos detalles son los que deben perfilarse con esmero. Considero que es urgente becar a varios grupos de politólogos empíricos (los hay de primer nivel en las universidades y en el CSIC), para que efectúen simulaciones sobre esos supuestos en modelos de juego social complejo, así como estimaciones mediante sondeos reiterados en muestras de estudiantes y de gente corriente.

Todo para ayudar a los políticos y legisladores sagaces, de manera que del proceso de reforma constitucional con su correspondiente Ley Orgánica de Consultas se deriven ganancias diseminadas. Porque lo que hay que tratar de evitar es que un match único mal planteado, mal arbitrado y resuelto en tablas o con victoria pírrica de la fracción secesionista (importante, pero fracción al fin y al cabo), se convierta en la antesala del epitafio español en Cataluña que es lo que se pretende. Es decir, por más que insistan en ello, no está en juego el derecho a decidir (que a muy pocos interesa, en realidad), sino la voluntad de imponerse unos, con menoscabo de otros, porque eso sí que siempre motiva a los que se ven con posibilidades de sacar tajada y a los ilusos o intoxicados que les siguen la corriente.

Adolf Tobeña es catedrático de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona

Este artículo ha sido publicado previamente en la web de Tercera Cultura; se publica con su autorización, después de que fuera rechazado por El País.

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21 Comments en “Multiconsultas”

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  1. juanjo - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 17:19

    El sr. Tobeña tiene razón, que tal otra consulta para la misma fecha de si los catalanoespañoles deseamos una comunidad autónoma de España dentro de una Cataluña independiente y cual será el territorio el cual se nos adjudica?

  2. Romualdo - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 18:01

    Ha terminado ocurriendo lo que tenía que ocurrir. Que lo que se está ventilando no es sólo un tema de política, moral o derecho sino de PSIQUIATRÍA.

    Gracias señor Tobeña por sus aportaciones. Aunque no analiza la situación desde su campo profesional el hecho de que Vd. intervenga en el debate me tranquiliza. Porque me están volviendo loco.

  3. Oriol Pijoan - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 18:05

    Tanta inteligència em té esmaperdut i favagirat.
    En algun lloc del món on s’ha fet un referendum d’ independècia d’ n territori hi ha votat tot l’ estat a on pertanyia aquest territori ?
    Definitivamentb els espanyols sou diferents, sou la llum de l’ humanitat. Deu voldrà ser espanyol !!!

    Ara en Cameron diu que els britanics faran un referendum perque el Regne Unit decideixi si vol separar-se de l’ Unió Europea. Hòstia Adolf !!! Hi hauríem de votar tots els europeus, no creus?

    Això, favagirat i esmaperdut, … i fins els collons de tant psiquiatre en llista d’espera !

  4. Kuzmanovic - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 18:12

    Yo ya avancé hace días, incluso hace meses, que España está en proceso de BALCANIZACIÓN, y con ello por cierto, desaparecerá una de las más extraordinarias aventuras históricas del último milenio.

    PD: Al final el País Vasco no se va a separar y liderará la nueva España, una España más pequeña, una España más limitada, pero una España más noble.

    ¡GORA ESPAÑA!

  5. Bernat de Rocafort - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 18:18

    Juanjo , treu-t’ho del cap. Un cop independents, els colonitzadors de la Meseta haureu d’acceptar la voluntat del poble català i si no t’agrada sempre tindràs la porta oberta per retornar a la teva Espanya, lloc d’on no hauries d’haver sortit mai

  6. Daniel Perales - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 18:33

    Fantástico artículo. Y que no lo publique El País, de vergüenza, otra más, y van…

  7. juanjo - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 18:57

    Que pasa rocafort? lo que vale para los independentistas no vale para los demás, ya veo que sois gente de frente estrecha. Por cierto España no es solo una meseta, ni Cataluña vuestro terruño.

  8. robertg - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 19:07

    España pertenece al grupo de países donde nunca ha triunfado una revolución.
    Todo siempre ha vendido desde arriba. Incluso este tipo de democracia “que noj hemoj dado”.
    El español está acostumbrado a hacer y a decir lo que le manden. Y al díscolo se le persigue con saña o se le desacredita despiadadamente hasta convertirlo en un harapo de sí mismo.
    La contrapartida es el “engrasado” constante que hace que el tinglado funcione. Y al potencialmente conflictivo todavía se le “engrasa” más para saciarlo y a la vez desactivarlo.
    Hay que reconocer que los Borbones para este esquema de funcionamiento son unos genios.

    El pueblo catalán está a punto de romper este círculo vicioso. El gran peligro es que tenga éxito y sea un precedente para los demás. Y la pantomima borbónica “que noj hemoj dado” se venga abajo.

  9. Kasparov - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 20:09

    Es cierto que ahora mismo los secesionistas parten con ventaja, esto es fácil de entender:

    1.- La administración está volcada en este proceso, poniendo todos los medios habidos y por haber, actuando de espaldas al menos a la mitad de la población de Catalunya, que paga sus impuestos tan religiosamente como cualquier secesionista.

    2.- Desde un punto de vista psicológico, llevan la iniciativa y eso da ventaja, el resto de formaciones contrarias están a verlas venir, además de gestionar y regular como se hará la consulta, que tipo de pregunta se hará, etc..

    3.- Hay muchísimas variables y aristas incontroladas, la reacción del séctor privado, las multinacionales, del estado, de la UE, etc..

    3.- Lo más complicado de todo, ¿cómo parar esta maquinaría?
    – El articulista propone otros referendo paralelos.-
    – Rajoy lo tiene muy sencillo, aplicar la ley, sin embargo esto insufla victimismo a los secesionistas que se han apropiado de la palabra “democracia”.
    – El PSC -¿e ICV?- proponen realizar la consulta por la vía legal y vinculante, pero esto choca con el punto 1 y 2 citados

    Hace falta imaginación y da la casualidad que el gobierno central tiene problemas mucho más serios -el paro, la corrupción, la financiación en los mercados, etc..-. No, no hay nada casual, los nacionalistas siempre han buscado la debilidad del estado para sus pretensiones, de hecho estos movimientos surgieron en España en una de las crisis más fuertes de nuestra historia, la crisis del 98, de la que emergió una generación extraordinaria. Esperemos que la historia se repita en esa dirección.

  10. Felipe - Viernes, 25 de enero de 2013 a las 21:12

    Un més que notable article d’un psiquiatra que sempre ha anat a contrapèl del discurs oficialista. I és que, tot plegat, aquest tema fatigant, polsós i repugnant, és més un assumpte de psiquiatria que de política. Si no, només cal escoltar les barbaritats que diu Oriol Junqueras. Vid, el que avui ha manifestat al seu amic Xavier Grasset a l’esperpèntic programa de nom Oracle -programa, per cert pagat per tots vostès però que és una apologia aclaparadora i barroera. I el més preocupant és que s’hi hagi sumat a la festa l’ex ambaixador d’espanya al Regne Unit, Carles Casajuana -que no ha dit res de res, obviament-. Quina pena!!!!

    La primera mesura que hauria d’abordar un govern no nacionalista a Catalunya és la desinfecció de tota la trama ultranacionalista que porta 25 anys fent de Catalunya Ràdio un organisme de propaganda malaltissa. La primera vegada que vaig trepitjar aquest organisme públic em vaig quedar astorat en veure banderes independentistes penjades en algunes redaccions. Allò era la llavor del que ara estem patint.

  11. Mariacruz - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 02:11

    El Dr.A.Tobeña.
    Sabe bien que hay educadores.padres.entre otros que pueden. generat un caráctet neuròtico obsesivo en los niños y jóvenes que han qurido educar formar y han acabado deformando el. carácter de esas personas que luego arrastran toda la vida.

    Algo asi supongo que les ha ocurrido a muchos que han sido educados bajo las direcctrices de. ….

  12. Mariacruz - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 02:21

    Han querido formar patriotas. catalanes y sólo catalanes…les han anulado a parte de ellos sus raìces y su personalidad y han conseguido crearles una necesidad.la independencia de España como si esta fuese la droga de su felicidad.

  13. Romualdo - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 13:10

    Oriol Pijoan:

    Da la casualidad de que la UE, hoy por hoy, sí permite a los Estados que se salgan de la misma. Lo permitía incluso en el fallido Tratado de Constitución. Si se hiciera una Europa Federal está claro que no se permitiría.

    Así pues lo de Cameron es un asunto interno del Reino Unido que, a diferencia de la UE sí que es un Estado.

    ¿Que los ingleses no han votado y han delegado el asunto en Cameron? Muy bien. Pero podrían haber reclamado votar a ver si quieren ellos seguir con los escoceses. Es su derecho. ¿O no?

  14. Jose Orgulloso - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 14:13

    Don Adolfo ha escrito un artículo muy razonado y razonable pero falla la mayor. O las mayores, para ser exactos.

    La primera mayor es que los sondeos a los que apela han sido todos cocinados desde las mismísimas filas de los radicales. Por tanto, no tienen ninguna credibilidad. Como tampoco la tiene confundir unas elecciones a un parlamento autonómico con las presuntas intenciones independentistas de los votantes.

    La segunda mayor es considerar que todos estos radicales pretenden independizarse de algún sitio. No, Don Adolfo, no, sólo pretenden más poder y más dinero del Gobierno de la Nación. Si Don Mariano les ofrece un pactito fiscalito, ya verá qué contentos se ponen y qué pronto se olvidan de independencias, referendos y zarandajas.

    Gran artículo, Don Adolfo, pero mal diagnóstico.

  15. Volem la independència i rodes noves pel tractor - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 15:04

    Señor Tobeña, me ha encantado el arranque de su artículo:

    Todo el mundo entiende que cuando se reclama el derecho a decidir lo que se persigue, en realidad, es la facultad de imponer un marco político con garantías legales inamovibles. Es decir, sin posibilidad de reclamaciones ulteriores“.

    No puedo estar, sin embargo, de totalmente de acuerdo con lo que le sigue:

    Esa es la esencia de la rebelión catalana lanzada el once de setiembre de 2012 por una riada de manifestantes secesionistas y que el Gobierno regional asumió, consagrándola como ariete de su programa para verla culminada, sí o sí, en 2014“.

    Yo creo que la charada del 11-S no tuvo nada de espontánea, ni Artur Mas ahora está tratando de corresponder o satisfacer las demandas surgidas de aquel supuesto “clamor popular”.

    El desfile de la Diada fue eso, un desfile perfectamente organizado, preparado, instigado, promovido, publicitado, alentado y hasta financiado por la propia Generalidad (en el que picaron y participaron muchos pardales o “tontos útiles”) para atemorizar a Rajoy y sacarle el concierto económico días después. Aquellos figurantes, entre 300.000 y 600.000, fueron el arma viviente empleada, el pretexto para todo lo que ha venido después.

    Gracias y un saludo.

  16. Mariacruz - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 18:25

    Yo no permitiria una votación Trampa.

    Es como si una persona quiere comprar un coche y desde hace 37 años le estan haciendo buena propaganda del. Auto X y negativa propaganda del Auto Y.

    Que se puede esperar que elija esa persona a la hora de. comprar.su Auto.??

    Esto es semejante a nuestro caso si se permiten elecciones.

  17. Josep - Sábado, 26 de enero de 2013 a las 20:38

    Yo tuve al Dr. Tobeña como profesor en la facultad y puedo decir que es realmente un profesional particularmente brillante. Y nada sospechoso de nacionalismo español, pues daba todas las clases en catalán con acento de Lleida por ser, imagino, su lengua materna.
    Es que a los nacionalismos no hay por donde cogerlos….

  18. Augusto - Domingo, 27 de enero de 2013 a las 03:47

    SE OLVIDA LO ESENCIAL

    Siento mucho discrepar del fondo y de los elementos de base del articulo. Es tarde y seré breve: el referéndum o la consulta es secundario, en un momento dado incluso innecesario. En cualquier caso es autoreferencial. Es un medio político, sujeto al criterio estrategico, y puede cambiarse si el desarrollo del proceso permite actuar ‘Per Saltum’.

    No voy a entrar en al análisis de esta introspección de masas denominada consulta o referéndum, si el posicionamiento de la población discurre por una vertiente u otra. Eso es mutable y susceptible de alterarse en el tiempo. Ese mismo referéndum no podría tener cabida hace 25 años, por ejemplo.

    El presupuesto que falta en el articulo es la violencia como fuente originaria de todo nuevo poder. La independencia, siempre lo he pensado, no será un acto constitutivo otorgado sino impuesto. Impuesto por la violencia política, en aquella forma precisa, pero suficiente, para engendrar una nueva realidad política por la fuerza. Más aun: será una imposición desde arriba hacia abajo, donde la población no constituye más que una excusa y su justificación.

    En ese sentido se ha creado, o si lo prefieren, se ha fabricado durante los últimos 30 años un producto social: un pueblo, unas aspiraciones, una cultura, una “realidad” diferenciada (¿en qué elemento esencial?), todo muy artificial, desde arriba, donde surge el dinero del presupuesto … como en la película “Más dura será la caída”: se fabrica por la mafia a un boxeador campeón del mundo para dejarlo caer en el último combate apostando contra él.

    Por eso este es el momento, no otro anterior ni posterior. Ahora el producto social (el nacionalismo) ha alcanzado su máxima capacidad operativa y no hay tiempo alguno que perder antes de que la revolución digital y biológica transtorne, altere o distorsione las realidades idéntitarias en la elipse fatal de la trans-modernidad que ya esta ciernes.

    Falta la fuerza y la violencia sin la cual resulta imposible un acontecimiento como el de la usurpación de poder que desde la casta política catalana se esta gestando desde hace poco, muy poco tiempo. Los grandes números carecen de importancia. La población asistirá este o a cualquier otro espectáculo similar desde la indiferencia … Y todos apelaran a la poblacion, como a Dios, a través de sus distintos nombres.

    El ser vivo puede quedar reducido a energía e información, no sustraiga el comentarista la energía, la fuerza, la potencia, la vitalidad en el análisis de la acción política.

  19. Augusto - Domingo, 27 de enero de 2013 a las 04:01

    Añado una nota final: resulta como mínimo sorprendente que en el articulo no se cite una sola vez (s.e.u.o.) la palabra nacionalismo o ultranacionalistasmo, como causante directo y ultimo de la perorata independentista. No, los catalanes no son nacionalistas o comunistas o católicos; lo correcto es decir que algunos catalanes son nacionalistas, o comunistas o católicos. No debe confundirse la parte con el todo.

  20. AFOR - Domingo, 27 de enero de 2013 a las 11:58

    Me parece uno de los mejores artículos que he leído es este ya gran referente de la libertad, la igualdad y el pluralismo que es LVdB. Enhorabuena a su autor que da plenamente en el clavo.

  21. Ramón Ibero - Domingo, 27 de enero de 2013 a las 13:58

    AQUELLO DE LO QUE NO SE PUEDE HABLAR… (Wittgenstein)

    Seis consideraciones nada intempestivas:

    1) Que yo sepa, en Cataluña hay hoy en día dos comunidades sociolingüísticas principales: una comunidad de lengua española con más de cuatro millones de hablantes (entre el sesenta y el sesenta y cinco por ciento de la población) y una comunidad de lengua catalana con unos tres millones de hablantes (entre el el treinta y cinco y el cuarenta por ciento de la población).

    2) A pesar de ello, la comunidad de lengua española, nunca reconocida oficialmente, tiene una representación mínima, ni proporcional ni democrática, en las instituciones de esta Autonomía, instituciones que han sido copadas y en muchos casos monopolizadas, desde un principio, por los representantes de la comunidad de lengua catalana mediante una operación que ha tenido siempre mucho de conjura o poco o nada de democracia.

    3) Si lo dicho anteriormente es cierto y demostrable, también lo es que en Cataluña tenemos hoy una dictadura con una clase dominante –la burguesía– y una ideología dominante –el catalanismo separatista– que ocultan sus actividades y sus fines bajo una capa pretendidamente democrática.

    4) Tal vez el señor Tobeña pueda contestar a esta pregunta: si en Cataluña bastante más de la mitad de la población es de lengua y sentimiento españoles, ¿puede triunfar por vía democrática un movimiento secesionista y por lo tanto opresor para ella?

    Me permito comunicarle que yo, Ramón Ibero, llevo aquí más de treinta años en situación de muerte civil.

    5) A diferencia de lo que dice Wittgenstein (“aquello de lo que no se puede hablar, lo mejor es silenciarlo”), entiendo que cuando se está ante algo de lo que no se puede hablar, lo mejor es hacerlo saltar por los aires con la palabra, en este caso la palabra de aquellos a los que una burguesía desleal y corrupta ha usurpado su voto y su representación democrática.

    6) Como usted, señor Tobeña, sabe muy bien, se puede mentir diciendo la verdad. A mi entender, eso es lo que usted hace, por mor de una vena esquizoide, en su notable texto.

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