Cataluña

El Instituto Cervantes apuesta por ampliar la promoción de la lengua y la cultura catalanas en el exterior

En el curso 2011-2012, realizó 147 actividades de difusión de la lengua y la cultura catalanas por todo el mundo, y ofreció 44 cursos de catalán en su red de centros en el extranjero.

Redacción
Miércoles, 17 de abril de 2013 | 20:33
El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha (foto: www.cervantes.es).

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha (foto: www.cervantes.es).

El Instituto Cervantes ofreció 44 cursos de lengua catalana en sus centros de todo el mundo durante el curso 2011-2012, que tuvieron una demanda de 202 matrículas, además de otros siete cursos de catalán impartidos en el Espacio de las Lenguas Ibéricas de Madrid, que registraron 174 matrículas.

Por otra parte, durante el pasado curso académico, esta institución realizó un total de 147 actividades de promoción de la lengua y la cultura catalanas, a las que hay que sumar otras 26 llevadas a cabo durante el último trimestre del año, que forman parte del actual curso académico.

Estos son algunos de los datos avanzados esta semana por el secretario general del Instituto Cervantes, Rafael Rodríguez Ponga, durante una reunión mantenida con la delegada del Gobierno en Cataluña, María de los Llanos de Luna, en la que ha subrayado el papel de la entidad en la difusión de la lengua española y de todas las lenguas autonómicas, destacando el papel que ocupa la cultura catalana en las programaciones de la red de centros del Cervantes.

Promoción de la cultura catalana a nivel mundial

Principalmente, estas actividades han sido encuentros con escritores y artistas, como el celebrado en el centro de Nueva York con el director de cine Agustí Villaronga, con Eduardo Mendoza en Estambul, o con Núria Amat en Praga, pero también ha habido conferencias, como la de Mercedes Abad en Utrech, y traducciones del catalán a otros idiomas, como la del poeta Joan Margarit al griego.

También se han programado actos sobre tradiciones catalanas, como el Día de San Jordi presentado por Josep Barahona en Tokio; representaciones escénicas, como El Llac de les mosques, de Sol Picó, en Praga; exposiciones de artistas como las de Riera i Aragó, Jordi Socías o Muntadas y múltiples proyecciones de cine en catalán.

En los últimos meses, el Instituto Cervantes ha colaborado con 21 instituciones para la promoción de la cultura catalana a nivel mundial, entre las que se encuentran la Generalidad, el Instituto Ramon Llull, el Ayuntamiento de Barcelona, TV3, la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y La Caixa.

Nuevas formas de colaboración con las instituciones autonómicas

En septiembre de 2004, el Cervantes firmó un acuerdo de colaboración con el Instituto Ramon Llull para la promoción de la lengua y la cultura catalanas en el exterior. De hecho, el catálogo de la Red Internacional de Bibliotecas del Instituto Cervantes cuenta con 16.911 obras en lengua catalana y con numerosas obras de autores en catalán traducidas a las lenguas de los países de acogida, desde Joanot Martorell hasta Quim Monzó.

En los últimos años, la institución realizó la primera exposición individual de Antoni Tàpies en Polonia, Certeses sentides, en el Museo Nacional de Cracovia; el XIV Col·loqui Internacional de Llengua i Literatura Catalanes, celebrado en Budapest, y los recitales de la Escolanía de Montserrat en esta capital.

En este sentido, Rodríguez Ponga ha mostrado su predisposición a identificar nuevas formas de colaboración con las instituciones autonómicas de Cataluña para llevar a cabo más actividades de este tipo, a pesar de la reducción presupuestaria.

El Instituto Cervantes cuenta con catorce centros acreditados para la enseñanza del español en Cataluña, y, durante el último año, ha realizado tres cursos de formación de profesores de español para extranjeros en colaboración con la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), la Escuela Oficial de Idiomas de Barcelona y la UPF.

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19 Comments en “El Instituto Cervantes apuesta por ampliar la promoción de la lengua y la cultura catalanas en el exterior”

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  1. anto33 - Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 21:09

    ¿Pero no quería España acabar con el catalán?¡QUÉ LOCURA!

  2. juan - Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 22:32

    esto es una tontería, el catalán no sirve para nada. ¿donde quieren ir estos cuatro gatos?

    dentro de unos años, tendrán que dar clase de árabe eso también sera legal
    o no se dan cuenta que para esas fechas serán mayoría, en esta zona de españa .

  3. LARRA - Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 22:54

    PRINCIPIO DE RECIPROCIDAD ME PARECE BIEN AYUDAR AL CATALAN PERO SU GOBIERNO CIERRA EMISORAS DE RADIO EN CASTELLANO SERA POR INTERECONOMIA

  4. queprúsculo - Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 23:03

    ….y es que la cultura catalana es cultura española…guste o no

  5. C.L. - Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 23:17

    la mitad del presupuesto que ha destinado el Cervantes en promocionar el catalan lo deberia haber empleado en promocionar el español en Cataluña. Tiene chiste que con nuestros impuestos se promocione una de las lenguas de España y la lengua española por antonomasia este preterida en Cataluña hasta el punto de no poder realizar la enseñanza obligatoria en lña lengua castellana/española oficial en todo el Estado español y en veintitantos paises.

  6. Pablito - Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 23:21

    Pues el Ómnium Cultural en contra partida, su pudiera borrar del Planeta el Español y exterminarnos a todos los catalanes que habitualmente lo utilizamos, lo haría.

  7. R. S. - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 08:09

    El instituto Cervantes promociona las lenguas de España, incluso el catalán cuyo territorio lingüistico representa el cuarto del Estado. Los que se oponen a esto, se oponen a que el catalán sea considerado lengua de España, por lo que defienden – sin darse cuenta – que los territorios de lengua catalana estén fuera de España. Es decir, la independencia de éstos.

  8. Coque - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 09:21

    Como lengua de España que es el catalán, me parece correcto, logico y elogiable que lo defienda y lo promocione en el mundo como otro rasgo de España.

    De igual modo, por ejemplo que la Escuela Oficial de idiomas de Sevilla, tiene catalagodo al catalán como lengua preferente y de especial interés en su enseñanza

    Y es que estos españoles, siempre acosando al catalán…..

  9. Perico - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 10:44

    No me parece bien ,porque hay que invertir en lenguas de futuro como el árabe y el chino y no en lenguas de pasado pues con la cuantiosisima inversión que se ha realizado en los últimos treinta años en la promoción del catalán esta deberia ser casi la
    lengua mas importante del mundo y sin embargo solo es una lengua local con el mismo poco futuro como las demás lenguas locales.

    Será mejor invertir en mas Estado de bienestar y dejar de invertir en tumbas también llamadas piramides, como hacian los faraones que serán muy bonitas pero poco practicas

  10. sergar - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 11:20

    El IC da clases de catalán a extranjeros mientras que la Generalitat catalana vulnera los derechos lingüísticos de sus propios ciudadanos castellanohablantes.

    Fenomenal. Es que más tonto y acomplejado, uno no puede ser.

  11. FRAN-BCN - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 12:04

    juan – Miércoles, 17 de abril de 2013 a las 22:32

    esto es una tontería, el catalán no sirve para nada. ¿donde quieren ir estos cuatro gatos?

    ………………………………………………………………………..

    Hijo te desacreditas tu solito…..anda tómate algo y relájate. Con comentarios como éste desacreditas y ofendes a la mitad de los ciudadanos de CAT (o más)

  12. Lehman Sisters - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 16:59

    Estaría bien si nos permitieran a los españoles escolarizar a nuestros hijos en español , conocen en Praga este ridículo y extraño hecho ?

  13. JM - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 17:08

    Menudo éxito. En París hay más profesores de catalán que alumnos 2x!……

  14. Luis - Jueves, 18 de abril de 2013 a las 23:32

    ESTE SE HA CAÍDO DE UN GUINDO?

  15. Valencia España - Viernes, 19 de abril de 2013 a las 15:01

    Como siempre el imperialismo catalan usando a autores del siglo de oro valenciano q decian escribir en lengua valenciana.

  16. Jose Orgulloso - Viernes, 19 de abril de 2013 a las 21:45

    ¿Alguien sigue creyendo que los radicales son unos individuos que están encerraditos en su aldea en el nordeste peninsular y que no manejan unos hilos laguísimos?

  17. Mel - Sábado, 20 de abril de 2013 a las 14:30

    Els separadors i els nacionalistes espanyols en general sou els més anti-espanyols de tots, perque en la vostra Espanya Una Grande Y Libre només cap una llengua, una cultura i una nació:la vostra. Adéu Espanya.
    ||*||

  18. MG - Domingo, 21 de abril de 2013 a las 10:57

    El nacionalismo todavía no se ha enterado que la lacra son ellos y que los demás aceptamos como somos, mientras solo ven ilusiones mezquina por la falta de buena fe por su parte. Mientras con buena fe se fomente el catalán, gallego, eusquera, vosotros sólo veis mal. jajajajaja

  19. anky - Martes, 23 de abril de 2013 a las 18:49

    mientras el catalán se promociona , el español es erradicado en cataluña,
    nos estamos volviendo locos.
    CATALUÑA NUNCA FUE ESTADO INDEPENDIENTE.

    El estatuto de Cataluña contiene una afirmación que ha sido enarbolada durante décadas por los partidos nacionalistas, la de que Cataluña es una nación. La inclusión vino refrendada por José Luis Rodríguez Zapatero y por el PSOE, en un comportamiento sin precedentes. Semejante pronunciamiento (que colisiona frontalmente con el articulado de la Constitución) se sustenta no sobre la realidad de la Historia, sino sobre una mentira histórica de notables dimensiones. Y es que Cataluña jamás se consideró una nación, sino una parte más de una nación llamada España.

    En fecha tan tardía como 1893, Francesc Cambó inició la tarea de predicar el catalanismo por las tierras de Cataluña. Sería él mismo quien, en sus Memorias, describiría el ambiente con que se encontró.

    En su conjunto, el catalanismo era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893, inicié en el mi actuación (…) Organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés, donde había algún catalanista aislado (…) no creo que hiciéramos grandes conquistas: los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio (…) Aquél era un tiempo en el que el catalanismo tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conocían entre sí.

    Las palabras de Cambó serían confirmadas por Josep Pla, que añadiría:

    Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista: era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado.

    Desde luego, no dejaba de ser una situación peculiar la descrita por los dos ilustres catalanes si se tiene en cuenta que, de acuerdo con los postulados del nacionalismo, Cataluña es una nación oprimida por España. Por el contrario, lo que escribían sobre la situación de hace más de un siglo Cambó y Pla resulta lógico si se tiene en cuenta que, en términos reales y no míticos, fidedignos y no mentirosos, la historia de Cataluña y de los catalanes siempre ha sido la historia de España.

    Desde luego, los romanos –que crearon el término Hispania– siempre incluyeron en sus límites los territorios de la que, ya muy avanzada la Edad Media, sería Cataluña. No en vano Tarraco, la actual Tarragona, fue capital de una de esas Hispanias. Lo mismo sucedió cuando, deshecho el Imperio Romano, se estableció en la Península un dominio visigodo que cristalizaría en un reino de España.

    Significativo resulta, por ejemplo, que la primera capital de ese reino, con Ataúlfo, estuviera en Barcelona. Sabido es que muy pronto la capital, con lógica irrefutable, se trasladó al centro de la Península, y más concretamente a Toledo, pero a esas alturas los escritores visigóticos, con Isidoro de Sevilla a la cabeza, hablan de una nación llamada España cuyas raíces son romanas y cristianas y a la que han llegado recientemente los godos. Semejante visión no quebró –todo lo contrario– cuando la invasión islámica de 711 pulverizó el reino visigótico. El reino, no España, que se aprestó inmediatamente a la resistencia frente al invasor musulmán.

    En un intento de protegerse de un ataque islámico, los reyes francos se apoderaron de unos territorios situados al sur de los Pirineos, a los que denominaron Marca Hispánica (nombre, ciertamente revelador,) y a los que convirtieron en zona de salvaguarda. Sin embargo, de manera bien significativa, los monarcas francos fueron conscientes de que aquel territorio que siglos después sería Cataluña era ya entonces España.

    En abril de 815, poco después de la creación del condado de Barcelona como separación entre el reino de los francos y los musulmanes, Ludovico Pío, rey de Aquitania y soberano de Septimania, promulgó un precepto destinado a la protección de los habitantes del condado de Barcelona y otros condados subalternos. En el texto se habla, literalmente, de los “españoles” Juan, Chintila y un largo etcétera, y, sobre todo, se dice algo enormemente interesante sobre los habitantes de lo que ahora denominamos Cataluña:

    Muchos españoles, no pudiendo soportar el yugo de los infieles y las crueldades que éstos ejercen sobre los cristianos, han abandonado todos sus bienes en aquel país y han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en aquella parte de España que nos obedece.

    En el documento –como era de esperar– no aparece la palabra “Cataluña” ni la palabra “catalanes” porque eran ideas aún inexistentes, pero sí se hace referencia a cómo esa zona territorial formaba parte de España y a que sus habitantes eran españoles.

    Hasta el año 1096 la familia de los condes de Barcelona –que seguían siendo vasallos del reino franco– fue de origen extranjero, y, con la excepción de Berenguer III, que se casó con María, hija del Cid Campeador, los matrimonios siempre se contrajeron con mujeres procedentes de algún lugar situado al norte de los Pirineos.

    En el año 1137 un conde de Barcelona llamado Ramón Berenguer IV rompió con esa tradición, seguida durante siglos por sus antecesores, y contrajo matrimonio con la princesa Petronila de Aragón. De esta manera, el condado de Barcelona –que ni era Cataluña, ni era una nación catalana, ni tenía pretensión de serlo– volvía a reintegrarse en el proceso de reconstrucción, de reconquista, de una España que había estado a punto de desintegrarse por completo a causa de la invasión islámica. Y lo hacía como parte no de una confederación catalano-aragonesa, como dicen los nacionalistas, a pesar de que jamás aparece tal nombre en las fuentes históricas, sino como parte de la Corona de Aragón.

    Esa conciencia de que Cataluña era tan sólo una parte de España y no una nación independiente la encontramos también en los reyes que ejercieron sobre ella su soberanía. Citemos algunos ejemplos. Cuando, en 1271, Jaime I salió del Concilio de Lyon, tras haber ofrecido la cooperación de sus hombres y de su flota para emprender una cruzada, exclamó: “Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España”. De la misma manera, cuando socorrió a Alfonso X de Castilla en la lucha contra los moros de Murcia, Jaime I sostuvo que lo hacía “para salvar a España”. De manera semejante, el rey Pedro III afirmó que había salvado el honor de España al acudir a Burdeos para batirse con Carlos de Anjou, manteniendo su palabra.

    Y si esto pensaban los monarcas que reinaban –entre otros territorios– sobre Cataluña, no otra cosa pensaban sus historiadores. En el siglo XIV, el catalán Ribera de Perpejá escribió la Crónica de Espanya, en la que señalaba precisamente cómo Cataluña era una parte de esa España despedazada por la invasión musulmana pero ansiosa de reunificación. Y el gran historiador catalán Ramón Muntaner reclamó una política conjunta de los cuatro reyes de España, que son, escribió, “d’una carn e d’una sang”.

    Nada de esto puede extrañar, si se tiene en cuenta que guerreros tan catalanes como los almogávares se lanzaban al combate gritando no Cataluña, sino “¡Aragón! ¡Aragón!”. ¿Hubieran podido gritar otra cosa, cuando Cataluña no era sino una parte de la Corona de Aragón y no una nación independiente?

    Por su parte, Bernat Desclot, un autor cuya lectura sería más que sobrada para desmontar la mayoría de las mentiras históricas del nacionalismo catalán, nos ha dejado referencias bien significativas. Por ejemplo, al mencionar la batalla de las Navas de Tolosa (1212) señaló, en su Crónica, que en dicho combate habían intervenido “los tres reyes de España, de los cuales uno fue el rey de Aragón”.

    De la misma manera, al narrar un viaje del conde de Barcelona a Alemania para entrevistarse con el emperador, Desclot relató que aquél se había presentado ante su majestad imperial diciendo: “Señor, yo soy un caballero de España”. Acto seguido, ese mismo conde de Barcelona había dicho a la emperatriz alemana: “Yo soy un conde de España al que llaman el conde de Barcelona”. No resulta extraño que el emperador, según nos cuenta el mismo Bernat Desclot, dijera a su séquito: “(…) han venido dos caballeros de España, de la tierra de Cataluña”.

    No cabe duda de que los catalanes medievales –mal que les pese a los nacionalistas– tenían las ideas muy claras, y éstas no eran formar parte de una nación independiente.

    Con esos antecedentes repetidos vez tras vez no puede sorprender que, durante los siglos siguientes, Cataluña y los catalanes se sintieran hondamente españoles. Como el resto de los españoles, participaron en la guerra civil de inicios del siglo XVIII, que algunos pretenden presentar falsamente como un conflicto independentista catalán, cuando fue un enfrentamiento dinástico. Defendían –con personajes como Casanova, convertido en icono nacionalista– no la independencia de la nación catalana, sino al pretendiente austriaco frente al borbónico.

    Como el resto de los españoles, los catalanes también resistieron al invasor francés en el Bruch y en el asedio de Gerona, y no deja de ser significativo que una de las heroínas españolas más famosas de la guerra de la independencia fuera la catalana Agustina de Aragón.

    Como el resto de los españoles, también los catalanes combatieron en Marruecos en 1859, a las órdenes de un general catalán llamado Prim, y desfilaron por las calles al sonido de Los voluntarios, una marcha militar que se interpretó entonces por primera vez.

    Como el resto de los españoles, los catalanes sufrieron también el desastre de 1898. Cuatro de los 33 últimos soldados de Filipinas fueron catalanes.

    Como el resto de los españoles, en suma, sufrieron las alegrías y tristezas de la historia de España, sin excluir la guerra civil de 1936, en cuyos dos bandos participaron. Nadie puede olvidar, por ejemplo, al Tercio de Montserrat, que, encuadrado en el ejército nacional, dejó su sangre, por ejemplo, en la batalla del Ebro.

    No puede extrañar que, como señalaba Cambó, no hubiera apenas catalanistas antes de él, o que, como dejó escrito Pla, los pocos que existían tuvieran fama de chalados. ¿Cómo iba nadie a creer en el nacionalismo con ese pasado histórico? A día de hoy, una mentira histórica tan monstruosa como la del nacionalismo pretende cerrar los ojos de los catalanes a la verdad. Para ello ha seguido la consigna de Prat de la Riba:

    Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes… Esta obra no la hizo el amor… sino el odio.

    Tristes son las palabras de Prat de la Riba, pero no pueden ser tachadas de falsas. Durante décadas, los nacionalistas han inoculado en sucesivas generaciones de Cataluña ese odio a España, una España a la que se ha pintado no como la madre común, sino como una opresora; no como el tronco que sustenta las diferentes ramas nacionales, sino como un árbol odioso y extraño.

    Además, los que han sembrado el odio se han empeñado en usurpar el nombre de Cataluña, como si fuera de su propiedad exclusiva, y se han permitido tachar de catalanófobos a los que no comparten los delirios del nacionalismo y tan sólo aspiran a que Cataluña sea una tierra en la que ni se asalte ni se agreda a los que no son nacionalistas; en la que la lengua catalana no sea barrera de separación sino instrumento de unión; en la que los padres puedan educar a sus hijos en su lengua madre, en la que no se vea al resto de España como enemigos sino como hermanos y en la que la ley sea la misma para todos, independientemente de que sean o no nacionalistas.

    Para impedir tan nobles metas, para implantar el nacionalismo en centenares de miles de corazones, el nacionalismo catalán ha tenido que recurrir al uso sistemático e ininterrumpido de la mentira, una mentira que, entre otras cosas, afirma que Cataluña es una nación.

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