Cataluña
Sánchez-Camacho propone a Mas ajustes económicos y que elimine las “multas” lingüísticas
La dirigente ‘popular’ propone a CiU reducir la presión fiscal a los ciudadanos, una nueva ley de educación y acabar el cuarto cinturón.

Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del PP de Cataluña, en su estreno en el atril del Parlamento de Cataluña (foto: LVdB).
Felicitación a la primera presidenta del Parlamento autonómico de la historia, Núria de Gispert (CiU), y al candidato de CiU a presidir la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, y a partir de ahí Alicia Sánchez-Camacho (PP) se ha mostrado, en un duro discurso, defensora del programa electoral de los populares.
La senadora y presidenta del PP de Cataluña ha cargado de la misma manera contra el discurso del candidato Mas y del presidente parlamentario del primer grupo de la oposición, Joaquim Nadal (PSC), a los que ha definido como ambiguos cuando no desaparecidos en cuanto a propuestas concretas.
Prioridad máxima: crear empleo
Sánchez-Camacho ha posicionado la opción del PP, en su intervención, en una prioridad irrenunciable para que los populares apoyen al candidato nacionalista: “La recuperación económica y volver a crear puestos de trabajo”. En este sentido, la popular le ha pedido a Mas que presente los presupuestos de la Generalidad para 2011 “inmediatamente”, una vez sea elegido presidente autonómico, si finalmente sale investido.
Por otro lado, la líder conservadora ha apostado por “reducir la administración pública en un 30%”, eliminar el impuesto de sucesiones, pactar un acuerdo fiscal para la Generalidad que reduzca los impuestos autonómicos, reformar el Servicio de Ocupación de Cataluña (SOC) -el antiguo INEM-, sumprimir la prohibición del límite de los 80 kilómetros por hora en las autopistas de acceso a Barcelona, acabar el cuarto cinturón, potenciar el corredor del Mediterráneo, aprobar una nueva ley de educación “que proteja al profesor” y, entre otras cosas, una nueva ley de inmigración que incluya una ley de barrios con ayudas económicas.
“Multas” lingüísticas y Ley de Consultas
Finalmente, la presidenta del PP le ha preguntado a Mas si mantendrá las “multas” y “sanciones lingüísticas” destinadas al uso obligatorio del catalán en los rótulos e información de los comercios. Para Sánchez-Camacho, que ha utilizado el español en una parte final de su discurso, “la libertad no solo se ofrece sino también se ejercita”.
En este sentido, le ha exigido al candidato de CiU que se comprometa a desarrollar el nuevo Estatuto de Autonomía, ajustado a la legalidad por el Tribunal Constitucional, y dé soluciones a los problemas reales de los ciudadanos. Como ejemplo, para la popular cambiar la Ley de Consultas, tal y como ha apuntado Mas, no es una prioridad para los ciudadanos.
1 comentario en “Sánchez-Camacho propone a Mas ajustes económicos y que elimine las “multas” lingüísticas”
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-Hablar poquito y mear clarito-
En vano, me he obligado a darme un buen tute intentando cobrarle ley a esta pulsión que muestran muchos representantes políticos de Catalunya en imponer su “llengua patria” incluso en los rótulos de nuestros comercios. Después de darme semejante panzada, todavía me ha sido preciso recurrir a la cruz y los ciriales para hallar sólo un punto digno de elogio. A diferencia de otros apartados de las leyes lingüísticas, en este concreto asunto y más aún en lo referente a las sanciones recaudatorias, sí aplican con celo el código legal vigente y no emplean, raro en ellos, la ley del embudo. En descargo de estos amantes de la imposición taxativa queda que la normativa legal no fue escrita en agua y aquellos que ahora descubren que no mancha linaje alguno el recurrir al Tribunal Constitucional en cualquier país democrático, entonces (1998) renunciaron a hacerlo. En casos contados, el encabezamiento de un negocio privado debería ser objeto de tanta atención por parte de nuestras autoridades y con más razón todavía en los tiempos que corren. Al hilo de lo anterior, como es de ley en cualquier democracia que se precie, sólo nos resta, a quienes no estamos de acuerdo con este orden de barbaridades legislativas, derogarlas en sede parlamentaria tan pronto como la oportunidad y los desequilibrios parlamentarios lo permitan. Dialogar con unos interlocutores que a calzoncillo quitado han sentenciado que en lo concerniente a esta materia no hay nada que hablar (tema sagrado), se me antoja misión harto difícil para el más pintado en este terruño. A buen seguro, inclusive cercado de adversarios con la declarada intención de hablar menos que mudos roncos, procede llevarse el gato al agua en buena lid. Para empezar, en las formas ya tropezamos con descuidos argumentales que no dicen mucho a favor de ellos por la colosal contradicción que adquiere relieve cuando profundizamos en cuál es el propósito de todo código lingüístico: la comunicación. Vaya, que allá se las compongan si no encuentran que entre las radicales posturas, no decir ni mu o hablar más que un ropero en día de fiesta, habita el término medio del que nos advertía el heleno filósofo. A más de la “exclusión” que desprende el concepto de la consabida Ley de Política Lingüística en lo tocante a la preferencia de sólo una de las más significativas lenguas propias que tenemos los catalanes, es de sentido común que imprime mejor en el ánimo colectivo el premio que el correctivo. No me hallarán hablando a tontas y a locas pero tampoco al paladar; por lo tanto, me resulta inexcusable no referirme al fondo de la polémica suscitada por la imposición, en rótulos de comercios, de la “llengua patria” de quienes menudean en torno al ultracatalanismo. En qué beneficia a nuestros tenderos coartarlos en la elección de las lenguas que mejor les convengan para hacer sus negocios más rentables y competitivos. Por descontado, las sanciones a las que, llegado el caso, han de hacer frente ni favorecen a los vendedores ni al conjunto de la población como potencial cliente, al menos en cuestiones pragmáticas. Además, en coyuntura de globalización de la economía, a qué inversor extranjero seduce traba accesoria o el obstáculo de no poder utilizar, cuando lo estime oportuno, sólo la lengua que le venga en gana, siquiera para este menester, con todo el poder selectivo que ello representa en subjetivas y legítimas políticas de imagen. Para rematar, sé que para algunos en Catalunya poner ahora sobre el tapete discrepancia alguna sobre el constreñido espacio de libertad en asuntos lingüísticos tiene la gracia como las abejas, en el culo. Qué voy a hacerle, en mi particular idioma el acento no recae en la formalidad sino en su uso mondo y lirondo… boca de verdades, cien enemistades.