Quim Torra, escritor y columnista de El Singular Digital, el 27 de noviembre de 2008:
[...] Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que sin embargo destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con verdín, contra todo lo que representa la lengua.
Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay alguna cosa freudiana en estas bestias. O un pequeño trauma en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier acontecimiento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano.
Tienen nombre y apellidos, las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan, las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Una de ellas protagonizó el otro día un incidente que no ha llegado a Cataluña y merece ser explicado, como un ejemplo extraordinario de la bestialidad de estos seres. Pobres bestias, no pueden hacer más.
[...] Pues bien, hace un par de semanas viajaba en un vuelo de Swiss una de estas bestias. Al llegar al destino, se anunció en catalán las típicas observaciones previas al aterrizaje. La bestia, automáticamente, segregó su rabioso espumarajo. Un olor a cloaca salía de su asiento. Se removía, inquieta, desesperada, horrorizada por haber oído cuatro palabras en catalán. No tenía escapatoria. Un sudor mucoso, como de sapo resfriado, manaba de las axilas. Hay que imaginársela, a la bestia, ¡después de tanto tiempo!, ellas que pueden vivir en su mundo español sin ningún problema, escuchando cuatro palabras en una lengua que odia. Indignada, decidió escribir una carta en un diario alemán de Zúrich, quejándose del trato recibido ya que ’se violaban sus derechos’ al ser el castellano la ‘primera’ lengua oficial de España. Y, a toda página, la queja de la bestia salió publicada.